lunes, 23 de abril de 2012

MI LIBRO DE SANT JORDI


Este año para Sant Jordi mi mujer Silvia me ha regalado el libro que ha escrito un amigo. Un amigo que hace menos de un mes solo lo era en la blogosfera y que casualmente vive en mi pueblo. Ahora ya nos conocemos, nos hemos dado la mano primero y nos hemos abrazado después ( de varias "cañas" y varias horas de charla ). Y ya es un amigo. Por eso cuando hoy le he visto en la plaza sentado firmando su libro he sabido qué libro sería este año Mi Libro de Sant Jordi. No he podido leermelo aún, claro, pero por el tiempo que hace que le leo en su  blog El Rincón de la Palabras se que me va a gustar, se que os va a gustar.
Enhorabuena Raúl y gracias por tu dedicatoria.
Os dejo la reseña:


Anatomía de un espejo roto.
Levántese quien pueda y otras locuras.
Autor: Raúl Velasco Sánchez
Ed. Grupo GP Ediciones
ISBN: 84-615-7690-X
Barcelona, 2011. 164 páginas

Reseña en la revista Norte de salud mental, 2011, vol. IX, nº 40: 109-116.
Conocimos a Raúl Velasco escribiendo. Escribiendo sobre lo divino y lo humano, sobre la cordura y la locura, sobre aquellas cosas que tu psiquiatra nunca te dijo. Sobre la materia de la que estamos hechos.

Los relatos que se materializaban a través de él, para nuestro regocijo, tenían la virtud de expresar todos aquellos conflictos, paradojas, dilemas y miserias, que rodean al profesional de la salud mental que no se conforma con aceptar los dogmas e imposiciones del sistema en el que se encuentra instalado. Su uso del humor hace de este libro un rato de lectura ameno. Su inteligencia lo hace un rato de lectura provechoso. Y la profunda humanidad que impregna el libro, lo hace imprescindible para todo aquel que como nosotros, está disconforme con los actores, las explicaciones y los métodos de un sistema que en ocasiones se revela como absolutamente perverso.
Raúl habla del amor, de la amistad, de grandezas y miserias, habla de sí mismo, de sus conflictos, sus cuitas, sus entradas y sus salidas y de los otros, de los que conoce bien y de los que intuye mejor.
También en este libro podrán pasear su pensamiento por el desfiladero del propio pensamiento. Y de cómo este puede asirse a menudo y con elegancia por la más cuerda de las locuras.
En definitiva “Anatomía de un espejo roto. Levántese quien pueda y otras locuras.” es un libro muy recomendable para los amantes de la locura, la psiquiatría, o mejor, un libro para los amantes de la literatura que quieran asistir al nacimiento de un gran escritor.
Javier Carreño. Psiquiatra y psicoanalista
Jesús Castro. Psicólogo clínico



jueves, 12 de abril de 2012

RITALIN GONE WRONG (EL METILFENIDATO NO HA FUNCIONADO)

Fuente:
http://www.nytimes.com/2012/01/29/opinion/sunday/childrens-add-drugs-dont-work-long-term.html?_r=3&pagewanted=all&src=ISMR_AP_LO_MST_FB
http://www.sepypna.com/documentos/2012-01-28-traduccion-new-york-times-alain-soufre-ritalin-gone-wrong.pdf


RITALIN GONE WRONG. (Publicado en The New York Times, 29/01/2012)
LA RITALINA HA IDO MAL (No ha funcionado)

L. Alan Sroufe, Profesor Emérito de Psicología en el Instituto de Desarrollo del Niño de la
Universidad de Minnesota


Tres millones de niños en este país toman fármacos para sus problemas de atención. A finales del pasado año muchos padres se alarmaron profundamente ante la escasez (restricciones)1 de medicamentos2 como Ritalin y Adderall, que consideran absolutamente esenciales para el funcionamiento de sus hijos. Pero ¿están en realidad ayudando estos fármacos a los niños? ¿Realmente, debemos seguir aumentando las prescripciones?
En treinta años se ha multiplicado por veinte el consumo de fármacos para el trastorno de déficit de atención (ADD).
Como psicólogo que ha estado estudiando los trastornos del desarrollo de niños durante más de cuarenta años, creo que debemos preguntarnos porqué dependemos tanto de estos fármacos. Los fármacos para el déficit de atención aumentan a corto plazo la concentración (de la atención), y por esta razón les funciona tan bien a los estudiantes universitarios que preparan sus exámenes rápidamente a última hora. Pero cuando se dan a los niños, durante largos períodos de tiempo, no mejoran su rendimiento escolar ni reducen sus problemas de comportamiento.
Tristemente, pocos médicos y padres parecen tomar conciencia de lo que hemos ido aprendiendo acerca de la falta de efectividad de estos fármacos. Lo que se ha publicado son resultados a corto plazo y estudios acerca de las diferencias en el cerebro de estos niños En realidad se trata de hechos incontrovertibles que, a primera vista, parecen apoyar la opción de los fármacos. En realidad es por basarse en este fundamento parcial, por lo que el enfoque del problema actual del tratamiento de estos niños ha sido tan difícil. En los años 60, yo creía entonces, como muchos psicólogos, que los niños con dificultades de concentración sufrían un problema cerebral innato, genético o de algún otro tipo. Al igual que el diabético tipo I necesita la insulina para corregir los problemas de su bioquímica innata, se creía que estos niños requerían fármacos para el déficit de atención para corregir los suyos. Sin embargo, resulta que hay poca o ninguna evidencia que apoye esta teoría.
En 1973 revisé para el New England Journal of Medicine la literatura sobre el tratamiento farmacológico. Docenas de estudios bien controlados mostraban que estos fármacos mejoran inmediatamente el rendimiento de los niños para tareas repetitivas que requieran concentración y diligencia. Yo mismo dirigí uno de estos estudios. Maestros y padres informaron también de la mejoría del comportamiento en casi todos los estudios a corto plazo. Esto estimuló un incremento del uso de fármacos y llevó a muchos a concluir que la hipótesis de un “déficit cerebral” quedaba confirmada. Pero continúan surgiendo cuestiones, especialmente en lo que concierne al mecanismo de acción de los fármacos y a la duración de sus efectos. Ritalin y Adderall, una combinación de dextroanfetamina y anfetamina, son estimulantes. Entonces ¿por qué parece que calman a los

niños? Algunos expertos argumentaron que era porque los cerebros de niños con problemas de atención son diferentes y los fármacos tenían sobre ellos un misterioso efecto paradójico. Sin embargo, realmente, no había paradoja. Este tipo de fármacos se había administrado, durante la segunda guerra mundial, a los operadores de radar para ayudarles a permanecer despiertos y concentrados en tareas aburridas y repetitivas. Y cuando en 1990 revisamos la literatura sobre fármacos para el déficit de atención encontramos que, tanto si tienen problemas de atención como si no, responden a los fármacos estimulantes del mismo modo. Además, mientras que los fármacos ayudan a los niños a asentarse en clase, en realidad aumentan su actividad en el patio de recreo. Los estimulantes tienen generalmente los mismos efectos en todos los niños y adultos. Mejoran la capacidad de concentración, especialmente en tareas que no son interesante en sí mismas o cuando se está fatigado o aburrido, pero no mejoran las capacidades globales de aprendizaje. Así como les ha ocurrido a muchas personas que usaron y abandonaron fármacos similares para adelgazar, los efectos de los estimulantes en los niños con problemas de atención se desvanecen cuando se prolonga su utilización.
Algunos expertos han argumentado que los niños con ADD (TDA) no desarrollan tal tolerancia porque sus cerebros tienen algo diferente. Pero de hecho, la pérdida de apetito y el insomnio de los niños que inician la toma de fármacos para el ADD se van desvaneciendo progresivamente y, como ahora sabemos, lo mismo ocurre con sus efectos sobre el comportamiento. Parece que es por desarrollar una tolerancia al fármaco como su eficacia desaparece. Muchos padres que quitan los fármacos a sus hijos encuentran que su comportamiento empeora, lo cual, muy probablemente, confirma su creencia en la eficacia del fármaco. Pero su conducta empeora porque el cuerpo del niño se ha habituado al fármaco. Los adultos pueden tener reacciones similares cuando bruscamente recortan el café o dejan de fumar.
Hasta ahora, ningún estudio ha encontrado a largo plazo, un beneficio (de la medicación para el TDA-ADD) sobre el rendimiento académico, las relaciones con sus compañeros o sobre los problemas de conducta, que en realidad son las cosas importantes que hay que mejorar. Hasta hace poco, la mayoría de los estudios sobre estos fármacos no habían sido debidamente randomizados y algunos de ellos tenían otros defectos metodológicos.
Pero en 2009, fueron publicados los hallazgos de un estudio bien controlado, que se ha ido desarrollando durante más de una década, y cuyos resultados eran muy claros. Este estudio asignaba al azar (randomizado) a casi 600 niños con ADD a cuatro tipos de tratamiento. Algunos recibían solo medicación, otros solo terapia cognitivo-conductual, otros medicación y terapia y los restantes recibían cuidados comunitarios grupales sin ningún tipo de tratamiento sistematizado.
Al principio este estudio sugería que la medicación, o la medicación más la terapia, producían los mejores resultados. Sin embargo, después de tres años, los efectos se apagaban y, después de ocho años, no había evidencia de que la medicación produzca ningún beneficio académico o del comportamiento. De hecho, todos los éxitos del tratamiento desaparecen con el tiempo, aunque el estudio continúa. Es evidente que estos niños necesitan un mayor apoyo que el ofrecido en este estudio sobre la medicación, apoyo que debe comenzar antes y durar más tiempo.

Sin embargo, los hallazgos de las neurociencias se están utilizando para apoyar el argumento de utilizar los fármacos para tratar un hipotético “defecto innato”. Estos estudios muestran que los niños que reciben un diagnóstico de TDA-ADD tienen diferentes patrones de neurotransmisores y otras anomalías en su cerebro. La sofisticación tecnológica de estos estudios puede impresionar a los padres y a los no profesionales, pero puede resultar engañosa.
Por supuesto que los cerebros de estos niños con problemas de conducta pueden mostrar anomalías en las exploraciones. No podía ser de otra manera. Conducta y cerebro están entrelazados. La depresión también aumenta y disminuye en muchas personas y, como lo hace, se producen cambios paralelos en el funcionamiento cerebral, independientemente de la medicación.
Muchos de los estudios del cerebro de los niños con ADD-TDA involucran a los participantes en pruebas implican una tarea de atención. Si estos niños no están prestando la atención debido a la falta de motivación o de una capacidad infradesarrollada para regular su comportamiento, los escáneres cerebrales serán ciertamente anómalos. Como quiera que se mida el funcionamiento del cerebro, estos estudios no nos dicen nada acerca de si las anomalías observadas estaban presentes al nacer o si resultan de un trauma, del estrés crónico o de otras experiencias de la primera infancia. Uno de los más profundos hallazgos en la neurociencia de la conducta en los años recientes ha sido la clara evidencia de que el desarrollo del cerebro está moldeado por la experiencia.
Ciertamente, es verdad que un amplio número de niños tienen problemas con la atención, la auto-regulación y la conducta ¿Pero estos problemas son a causa de algunos aspectos presentes ya al nacer? ¿O están causados por experiencias en la primera infancia? Estas preguntas solo pueden ser respondidas estudiando los niños y sus entornos desde antes del nacimiento y a través de la infancia y la adolescencia, como con mis colegas de la Universidad de Minnesota hemos hecho durante décadas. Desde 1975, hemos seguido a 200 niños que nacieron en la pobreza y por lo tanto más vulnerables a problemas de conducta. Se incluyó a sus madres durante el embarazo, y en el transcurso de sus vidas, hemos estudiado sus relaciones con los cuidadores, maestros y compañeros. Hemos seguido su progreso a través de la escuela y sus experiencias en la edad adulta temprana. A intervalos regulares se mide su salud, su comportamiento, el desempeño en pruebas de inteligencia y otras características. Al final de la adolescencia, 50 por ciento de la muestra recibió algún diagnóstico psiquiátrico. Casi la mitad había mostrado problemas de comportamiento en la escuela por lo menos en una ocasión, y hubo un 24 por ciento de abandono escolar hasta el 12 º grado; el 14 por ciento cumplieron con los criterios para el ADD entre 1º y 6º grado. Otros estudios epidemiológicos a gran escala confirman estas mismas tendencias en la población general de niños desfavorecidos. Entre todos los niños, incluidos todos los grupos socioeconómicos, la incidencia del TDA-ADD se estima en un 8 por ciento. Lo que encontramos fue que el ambiente del niño predice el desarrollo de problemas de ADD-TDA. En marcado contraste, la medición de anomalías neurológicas al nacer, del C.I., y del temperamento infantil –incluído nivel de actividad infantil- no predicen un ADD. Un montón de niños de familias pudientes son también diagnosticados de ADD. Los problemas de conducta en niños tienes varios orígenes posibles. Entre ellos situaciones de stress familiar como la violencia doméstica, la falta de apoyo social de amigos o familiares, situaciones vitales caóticas, incluyendo mudanzas frecuentes y, especialmente, patrones familiares de intrusión que involucran al bebé en estimulaciones para las que no está preparado. Por ejemplo, un bebé de seis meses está jugando, y el padre lo coge rápidamente por detrás y lo sumerge en el baño. O un niño de 3 años de edad que se está frustrando intentando resolver un problema, y un padre le ridiculiza o se burla. Tales prácticas son excesivamente estimulantes y también comprometen el desarrollo de la capacidad de autorregulación del niño.

Administrar fármacos no hace nada para cambiar las condiciones que, en primer lugar, desvían su desarrollo. Sin embargo, esas condiciones están recibiendo muy poca atención. Los responsables políticos están tan convencidos de que los niños con ADD tienen una enfermedad orgánica que todos han suspendido la búsqueda de una comprensión integral de su enfermedad (condition)


El Instituto Nacional de la Salud Mental financia investigaciones dirigidas principalmente a los componentes fisiológicos y cerebrales del ADD. Si bien hay algunas investigaciones dirigidas a otros métodos de tratamiento, se estudia muy poco con respecto al papel de la experiencia. Los científicos, conscientes de esta orientación, tienden a presentarse a las subvenciones que sólo se dirigen a dilucidar la bioquímica.
Por lo tanto, sólo se plantea una pregunta: ¿hay aspectos del funcionamiento cerebral asociados con problemas de atención del niño? La respuesta es, siempre, sí. Lo que puede perderse de vista es la muy real posibilidad de que tanto las anomalías del cerebro como el TDA-ADD sean un resultado de la experiencia. Nuestro transcurso actual plantea numerosos riesgos. Primero, nunca habrá una solución única para todos los niños con problemas de conducta y del aprendizaje. Mientras que un número menor podrá beneficiarse de un tratamiento farmacológico a corto plazo, los tratamientos, a gran escala, a largo plazo, para millones de niños no tienen respuesta. Segundo, la medicación a gran escala de niños desemboca en una visión de la sociedad de que todos los problemas de la vida se pueden solucionar con una pastilla y les da a millones de niños la impresión de que hay algo inherentemente defectuoso en ellos.
Finalmente, la ilusión de que los problemas de conducta de los niños pueden curarse con fármacos nos evita que, como sociedad, tratemos de buscar las soluciones más complejas, que serían necesarias. Los fármacos sacan a todos –políticos, científicos, maestros, padres- del apuro. A todos, excepto a los niños. Si los fármacos, que los estudios muestran que actúan de cuatro a ocho semanas, no son la respuesta, ¿cuál es?
Muchos de estos niños tienen ansiedad o depresión; otros muestran el stress familiar. Necesitamos tratarlos como personas individuales.
En cuanto a la restricción (escasez), va a seguir creciendo y decreciendo. Puesto que estos fármacos crear habituación (dependencia), el Congreso decide cuantos deben fabricarse. La cantidad aprobada no debe seguir el ritmo de la ola de prescripciones. Pero al final de este año, habrá con toda probabilidad otra restricción, ya que continuamos confiando en medicamentos que no están haciendo lo que muchos padres, terapeutas y maestros bien intencionados creen que están haciendo.

L. Alan Sroufe, Profesor Emérito de Psicología en el Instituto de Desarrollo del Niño de la
Universidad de Minnesota

Podéis ver su currículo aquí




1 Se refiere a las limitaciones de pago, en cuanto a número de envases y duración del tratamiento, que
recientemente han introducido las autoridades sanitarias estadounidenses…y a las reacciones de protesta
que han suscitado por parte de padres, asociaciones y profesionales.
2 En inglés el término “drugs” denomina, indistintamente, drogas, fármacos y medicamentos. En el
artículo original es el término utilizado permanentemente. En la traducción, hemos usado “fármacos” o
“medicamentos” aunque en algunas frases podría deducirse que el término más pertinente -y,
probablemente, más fiel a la intención del autor- hubiera sido “drogas”.

martes, 10 de abril de 2012

Prueban tratorno por déficit atención e hiperactividad está sobrediagnosticado

Fuente: http://www.panoramadiario.com/


Hace tiempo se sospecha que el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) está sobrediagnosticado en los chicos, pero ahora una investigación encontró pruebas que avalan esta hipótesis.
Los psicólogos Silvia Schneider y Jürgen Margraf de la Ruhr-Universität Bochum (Alemania) y Katrin Bruchmüller de la Universidad de Basel (Suiza) realizaron una investigación que muestra cómo los psicólogos y psiquiatras que realizan los diagnósticos suelen basarse en reglas poco claras en vez de adherirse al criterio médico establecido.
Los especialistas, que publicaron sus conclusiones en la revista Journal of Consulting and Clinical Psychology, afirman que el sobrediagnóstico es más frecuente en los varones que en las nenas.
Schneider y Bruchmüller ponen mucho énfasis en destacar lo que ellos califican como "la escasa investigación destinada a esclarecer la eficacia del diagnóstico" de TDAH. ″A pesar del fuerte interés público, solo unos pocos estudios empíricos se enfocaron en este tema″, aseguran. En su nueva investigación, trabajaron con 473 psicólogos o psiquiatras que, entre otras cosas, se dedicaban a diagnosticar casos posibles de TDAH.
Los especialistas armaron cuatro casos para que los voluntarios diagnosticaran. En un caso se cumplía el criterio diagnóstico para diagnosticar TDHA pero en el resto no, y los participantes estaban al tanto del sexo del paciente. Schneider, Margraf y Bruchmüller notaron que los psicólogos y psiquiatras diagnosticaron muchos casos de esta patología cuando no cumplía el criterio, y este error fue mucho más frecuente con los pacientes varones.
De acuerdo con Schneider, Margraf y Bruchmüller, muchos de los voluntarios basaron su diagnóstico en los síntomas típicos, como la incapacidad de estar quietos demasiado tiempo, la falta de concentración y la impulsividad. Cuando un varón tenía estas características era muy probable que los profesionales dijeran que tenía TDAH, aunque no cumpliera con otros criterios diagnósticos.
Los especialistas afirman que para evitar estos graves errores los psicólogos y psiquiatras deben seguir los criterios establecidos, en lugar de basarse en su intuición.

lunes, 9 de abril de 2012

Hiperactividades y deficit de atención. Nuevo libro

Recomiendo ver esta entrada en psiquiatria ibiza

Recensión del libro “HIPERACTIVIDADES Y DÉFICIT DE ATENCIÓN” realizada por  el Dr. Juan Manzano

Este libro llena un vacío en España y en los países de lengua castellana y responde a una necesidad evidente.
El tema es tratado en todos sus aspectos por diferentes colaboraciones profesionales experimentales de une forma clara y precisa; cada aportación enriquece así el conjunto. Resulta une verdadera guía para la comprensión y el abordaje practico sin simplificaciones abusivas, representando el estado actual de nuestros conocimientos.
En efecto, la presencia en los niños de una realidad clínica consistente en la asociación de síntomas de hiperactividad y de déficit de la atención y de la concentración, más o menos intensa, es conocida y descrita desde hace casi un siglo, denominada en la literatura francófona “inestabilidad psicomotora”. El interés –y la sobreestimación– de esta asociación de síntomas reposa esencialmente sobre dos razones:
  1. La existencia, desde hace unos 40 años, de un tratamiento sintomático (metilfenidato y equivalentes)
  2. La tendencia natural y comprensible de los padres a localizar lo más posible los problemas de los hijos y esperar del tratamiento farmacológico sintomático la curación total no sólo de los síntomas concretos de hiperactividad y déficit de la atención, sino de todos los demás que, generalmente, acompañan al síndrome, considerando a éstos como secundarios y consecuencia de aquellos. Los padres son confortados en esta convicción por algunas publicaciones y consejos profesionales. Esta generalización va aún más lejos y se extienden incluso a trastornos que no presentan el síndrome de TDAH. Esta esperanza de los padres se renueva periódicamente con cada generación.
Estas circunstancias anteriores dan como resultado una confusión diagnóstica y terapéutica de consecuencias negativas que hacen imprescindible una mayor clarificación y precisión. En la base de la confusión diagnóstica se encuentra el hecho de que existen esquemáticamente, como es sabido, dos modelos generales de comprensión de la realidad clínica de los trastornos mentales: el modelo fisiopatológico, característico de la medicina en general, que explica exclusivamente los trastornos a partir del conocimiento del funcionamiento normal del organismo (la fisiología del sistema nervioso) Es esta concepción la que subyace en las clasificaciones DSM-4 y CIM-10. El modelo psicopatológico considera que la neurofisiología por sí sola no permite describir el funcionamiento normal, lo que hizo necesario el desarrollo de la psicología; los trastornos son aquí entendidos como las alteraciones del psiquismo normal. Este modelo psicopatológico no excluye el punto de vista fisiológico sino que lo integra y es compatible con los conocimientos actuales en neurociencias, al considerar el funcionamiento psíquico y neurofisiológico como un todo organizado- una estructura, una persona- que no es una simple adición de las partes que la componen. En consecuencia, las alteraciones, cualquiera que sea su causa (orgánicas o conflictos psíquicos) no pueden ser vistas como una simple relación aislada de causa-efecto sino como un reajuste general para mantener lo máximo posible los objetivos de garantizar la unidad y la cohesión del organismo y permitir la adaptación. La clasificación de los trastornos es aquí la de las organizaciones, de las estructuras disfuncionales patológicas de la personalidad.

En este contexto, la asociación sintomática hiperactividad y déficit de la atención es considerada por el modelo fisiopatológico como un síndrome aislado (TDAH) resultante de una causa orgánica (en este caso aún no demostrada). Los síntomas y signos patológicos que le acompañan en la mayoría de los casos serán considerados como “comorbilidad”, es decir, otros trastornos o enfermedades independientes, sin relación con el TDAH; por ejemplo: trastornos del aprendizaje, de la conducta, personalidades límite (“borderlines”), relacionales, afectivos, impulsividad, etc.
Por el contrario, en el modelo psicopatológico se tratará de diagnosticar primero la estructura general de la personalidad de la cual estos síntomas serían una de las manifestaciones. Es evidente que, según el modelo que se aplique, resultará una lectura de la realidad pronostica y evolutiva diferente y una intervención terapéutica igualmente distinta.
Esta obra constituye una excelente síntesis de los puntos de acuerdo que existen y facilita la decisión terapéutica en cada caso individual y personalizado. Personalmente le recomiendo a todos los profesionales.
Juan Manzano
Presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente (SEPYPNA)
Presentación
El TDAH (Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad) es uno de los síndromes más controvertidos en psicopatología infantil en nuestra época. Y las clasificaciones diagnósticas en salud mental al uso no aciertan a describirlo, según nuestro parecer, en toda su estructuración psíquica.
Muchos niños son diagnosticados de TDAH y tratados casi exclusivamente con fármacos, con el riesgo que ello supone de conducir a una medicalización y cronificación del problema. El tratamiento farmacológico sin un abordaje psicológico puede producir mejoría sintomática, pero no aporta la maduración y el progreso que deseamos.
Este libro pretende reflexionar acerca de las causas, el diagnóstico y el tratamiento de este síndrome, teniendo en cuenta la complejidad del funcionamiento mental precoz, la estructuración del pensamiento, en especial de la atención, y la interacción entre las vulnerabilidades del niño y la influencia del entorno.
Se exponen los aspectos contextuales que están en la base de la proliferación del diagnóstico de dicho trastorno y se presenta una guía clínica para atender esta sintomatología, así como diversos casos clínicos que muestran su aplicación y que ejemplifican la complejidad psíquica y biográfica que puede subyacer en este síndrome. Finalmente, se incluyen unas conclusiones para estimular la reflexión ante esta problemática tan extendida.
Esperamos que esta obra sea de utilidad a todas aquellas personas vinculadas de un modo u otro con niños y adolescentes que presentan la sintomatología descrita y especialmente a los profesionales de la salud mental dedicados a este tema.
El grupo de autores está formado, por un lado, por profesionales del trabajo social, la psicología y la psiquiatría, con muchos años de experiencia clínica y docente en salud mental infantil y juvenil, que trabajan en la Fundación Eulàlia Torras de Beà, y, por otro, por profesionales de la salud mental que han dedicado parte de su experiencia y de su trabajo al estudio de este síndrome.
ÍndiceIntroducción Adrià López
1. Aspectos sociales relacionados con la sintomatología del TDAH Sunsi Segú
2. Guía de práctica clínica sobre el Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDAH) Mireia Escardíbul, Mercè Mabres, Beatriz Martínez, Albert Montaner y Sunsi Segú
3. Caso clínico del Centro de Desarrollo Infantil y Atención Precoz (CDIAP)Mireia Escardíbul
4. El supuesto TDAH, un motivo de consulta frecuente en el Centro de Salud Mental Infantil y Juvenil (CSMIJ) Albert Montaner
5. Pablo: «El movimiento me sostiene» Beatriz Martínez
6. Discusión a partir de la Guía de práctica clínica sobre el TDAH y de los casos clínicos presentados Alberto Lasa y Josep Moya
7. A modo de conclusión Mª Teresa Miró

jueves, 5 de abril de 2012

Expertos alertan de la explosión de enfermedades ambientales en los niños

Un grupo de expertos ha alertado hoy sobre la "explosión" registrada en los últimos años de las "enfermedades ambientales" en niños, entre las que citan el autismo, intolerancias alimentarias, afecciones respiratorias, hiperactividad, diabetes, depresión o sensibilidad química.

El asma, las alergias y las enfermedades respiratorias, por ejemplo, han duplicado sus cifras en los últimos 15 años y, según la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica, el 30% de las dolencias infantiles están asociadas al medio ambiente.

Por ahora, son pocas las cifras que concretan un problema "alarmante" como es el aumento de dolencias infantiles por causas ambientales, pero a la consulta de la Fundación Alborada, especializada en medicina ambiental, llegan cada vez más menores con estos problemas.

"Me estoy encontrando con niños de seis o siete años que padecen intolerancias y desórdenes alimentarios, alergias, sensibilidad química múltiple, problemas de piel, asma, hiperactividad, problemas de peso, insomnio, irritabilidad o autismo", ha declarado la pediatra Pilar Muñoz-Calero, presidenta de la Fundación.
La doctora ha informado de que desde 1965 se han creado cuatro millones de compuestos químicos diferentes, de los que unos 100.000 se producen y comercializan actualmente.
Un buen número de ellos son tóxicos y solubles en grasa, por lo que tienden a acumularse en el tejido graso de las personas, ha apuntado.

Así, en su opinión, contaminantes como los óxidos de nitrógeno, el dióxido de azufre, el monóxido de carbono y el ozono favorecen la aparición de síntomas y exacerbaciones en niños con asma.
Aproximadamente, el 5% de niños menores de tres años son alérgicos a uno o más alimentos. Las intolerancias más comunes son a leche, huevos, soja, trigo, pescado, cacahuetes y bayas, pero casi cualquier proteína alimentaria puede causar una reacción alérgica.

Para los médicos de la Fundación Alborada, una de las razones que pueden explicar la epidemia de intolerancias alimentarias, hiperactividad o asma infantil es la exposición a sustancias tóxicas desde el embarazo, en los primeros meses de vida e, incluso, durante el nacimiento.
La oxitocina rutinaria -una hormona sintética utilizada masivamente para provocar el parto- podría estar relacionada, por ejemplo, con alteraciones de personalidad en el niño.
Cada vez son más los indicios de relación entre la "epidemia" de oxitocina y la de autismo, según el doctor Emilio Santos Leal, médico psiquiatra y ginecólogo.

Según Bernard Rimland, director de Instituto para la Investigación del Autismo, la "epidemia de autismo" es un hecho y la causa podría ser la "excesiva vacunación de la infancia".
La Fundación Alborada, creada para desarrollar la medicina ambiental enEspaña, cree que se deben aplicar controles mucho más estrictos a la liberación de sustancias químicas y evitar la dispersión al ambiente de miles de ellas que, además, son "innecesarias".

Fuente: http://noticias.lainformacion.com/salud/pediatria/expertos-alertan-de-la-explosion-de-enfermedades-ambientales-en-los-ninos_dW89O3qKgsFfuTOC3VKMe1/

domingo, 1 de abril de 2012

Debates sobre la infancia actual

Fuente: http://www.blogelp.com/index.php/debates-sobre-la-infancia-actual
Hago copia y pega aquí, está en primera persona porque la ha rdactado otra persona no porque yo asistiera, aunque me hubiese gustado hacerlo.

El pasado viernes 9 de marzo tuvo lugar en la Biblioteca del Campo Freudiano de Barcelona un encuentro, bajo el título, Debates sobre la infancia actual. Dicha actividad fue organizada en colaboración con el Centro de Estudio e Investigación del Niño en el Discurso Psicoanalítico (CEREDA), laSección Clínica de Barcelona y la Biblioteca del Campo Freudiano de Barcelona; forma parte de las actividades preparatorias del Forum 3 que se realizará próximamente en Sevilla.
Nos reunimos medio centenar de personas, aproximadamente, para compartir la proyección del documental“La infancia bajo control” (“L’enfance sous contrôle”), de Marie- Pierre Jauny, una película realizada porArte (Francia) en el año 2010.
Seguidamente, participamos del interesante debate que estuvo presidido por la mesa formada con los siguientes profesionales: Enric Font -maestro y director del CEE Vil·la Joana-, Anna Fornós -neuropediatra y directora asistencial de ASPACE-, Carmen Grifoll -psicoanalista miembro de la ELP y coordinadora del Grupo de Investigación “Clínica amb nens”, Red Cereda- y Mario Izcovich -psicoanalista miembro de la ELP y director de la BCFB-. Trataré de referir algunos de los puntos de la película que más llamaron nuestra atención y sobre algunas de las inquietudes que animaron la conversación posterior.
El documental nos enseñó experiencias, entrevistas y proyectos que se están llevando a cabo en diferentes centros asistenciales de Europa, EEUU y Canadá provocando gran preocupación e indignación en todos nosotros. Enric Font subrayaba, especialmente, el factor miedo que produce esta extensión tan amplia del fenómeno, de muchos lugares del mundo. Christopher Lane señalaba en el reportaje (profesor de Historia de la psiquiatría en la Universidad de North Western de Chicago) como el concepto de normalidad se está reduciendo considerablemente. Lo que antes era considerado con el término de “problema” (diferentes tipos de robo, de agresividad, de mentiras…), que formaba parte del desarrollo normal de un niño y de un adolescente, ahora son “trastornos” que los profesionales en nombre de la ciencia previenen y medicalizan. Carmen Grifoll remarcaba cómo se confunden al equiparar violencia e instinto, olvidándose del lenguaje, lo más propio del ser humano.
Roland Gori (profesor de Psicopatología en la Universidad de Aix- Marseille I) destacaba en el film, que todas estas actuaciones profesionales se están llevando a cabo bajo la preocupante bandera de la “racionalización médica, sin tener en cuenta el contexto social”. La historia del niño o del adolescente no es tenida en cuenta. El sentido que estos síntomas pueden tomar para un sujeto en el seno de su entorno social y familiar, es borrado totalmente. La palabra del niño no es tenida en cuenta, tampoco su síntoma.
Ciertas voces en el film tratan de justificar dichas intervenciones. Jean-Claude Ameisen (médico inmunólogo, Presidente del Comité Consultivo y de Ética del INSERM) justifica que un niño, cuando tiene una conducta con agresividad o con ensimismamiento, es un niño que sufre y, que por lo tanto, es un niño al que hay que ayudar. Sí, podríamos estar de acuerdo, pero tendríamos que abrir un debate que nos permitiera pensar las diferentes modalidades clínicas de intervención disponibles para ayudar a un niño o un adolescente y no solo tener presentes los tipos de evaluación.
Las formas que presenciamos en la película bordean lo absurdo. Sin embargo, el documental intercala pequeñas viñetas cinematográficas para introducir ciertas interrogaciones: ¿Dónde están los padres de estos niños? Parecería que los padres andan desbordados con sus trabajos, y desde un supuesto acto de paternidad responsable, depositan a sus hijos a los expertos con evidencias científicas de la ciencia moderna. Alianza que deja al niño solo con su sufrimiento, pero bajo el control evaluativo.
Presenciamos, en el film, las actuaciones del Dr. Olivier Revol (psiquiatra infantil en el Hospital Neurológico de Lyon) cómo dirige sus preguntas estandarizadas a Thibaut, un niño de 5 años y 3 meses que está ingresado por agredir a otros niños. Parece que los niños que son señalados como difíciles por la familia o por la escuela en Francia pueden quedar en observación, ingresados durante una semana, sin ver a sus padres. Procedimientos que son una recomendación del INSERM (Instituto Nacional de la Salud y de la Investigación Médica) y que consisten en un examen de salud a partir de los 36 meses de edad. Como comentaba Carmen Grifoll, no vemos ningún interés por la causa, ningún interés por la palabra, por el lenguaje y sus efectos en el ser humano. Por lo tanto, observamos en el reportaje una concepción del niño muy alejada a la concepción psicoanalítica, la que nos proponen Freud y Lacan.
El documental sigue el hilo del DSM. El manual de diagnóstico estadístico de los problemas mentales publicado por la Sociedad Americana de Psiquiatría. El DSM que se impuso como referencia mundial en materia de psiquiatría. El DSM que tiene su primera edición en 1952 y que desde entonces se va actualizando, integrando más y más patologías de forma preocupante. Sigue pretendiendo ser una herramienta de diagnóstico y también servir a las definiciones estándares, con fines de investigación. Hasta 1973 la homosexualidad figuraba como un trastorno mental. Por lo tanto, estamos ante un recorrido de 60 años de progresiva implantación, es decir, estamos ante políticas de cambio lento que ponen a prueba nuestra capacidad de resistencia y que hacen que no dejemos de preguntarnos: ¿Hasta cuándo?
Como bien señala Roland Gori en el reportaje, los criterios que aparentan ser médicos, no lo son porque implican criterios de orden moral, social y político. Por lo tanto, en lugar de instaurar una claridad diagnóstica, instauran etiquetas de progresiva oscuridad uniformizante, homogenizante. Carmen Grifoll destacaba especialmente este punto, de cómo la psiquiatría ha cambiado en nuestra época, de cómo se ha alejado de la clínica y ha favorecido los fines estadísticos y de investigación.
¿Cómo diferenciar un comportamiento normal de un comportamiento patológico? El documental nos enseña cómo los diferentes países buscan sus instrumentos de medida y de evaluación del comportamiento basados en los criterios del DSM. El niño resulta una suma de datos, curvas y perfiles. Por ejemplo, solamente queremos destacar el aberrante programa informático denominado el “Dominique Interactivo” donde se le pregunta al niño: ¿Ya entraste a una casa rompiendo la cerradura o la ventana? ¿Ya robaste atacando a las personas? ¿Tienes a veces ganas de morir?
Una tecnología que pretende eliminar la interpretación del profesional y por ello utiliza el programa informático para que las respuestas del niño ingresen directamente en el ordenador, sin “interferencias” de una posible interpretación del evaluador o del clínico. Mario Izcovich destacaba la imagen de un niño que preguntaba ¿Para qué sirve la escala? Y cómo va cambiando la imagen de la cara del niño a medida que va recibiendo del adulto un discurso indescifrable para él. Dicha secuencia fue rescatada en diferentes momentos del coloquio, desde una pregunta ética que insistía en todos nosotros.
¿Qué se hace con los niños diagnosticados? La respuesta terapéutica que nos enseña el documental pasa por la preocupante medicación sistemática y sin escrúpulos: Ritalina, Risperdal, Seroquel, Prozac… prescribiéndose a niños cada vez más pequeños. No son medicaciones inocuas, Anna Fornós nos detallaba las consecuencias. Ahora, los trastornos de conducta son reducidos a un simple desequilibrio químico, a un cerebro que no funciona bien. Mario Izcovich señalaba como cada época tiene su manera de concebir al niño y destacaba como tres ejes en nuestra civilización contemporánea: que no se tiene en cuenta al sujeto, que el comportamiento del niño es patologizado y medicalizado en exceso.
Anna Fornós reflexionaba en positivo en relación a los avances en la neuroimagen, especialmente destacaba su contribución, en su práctica, en el diagnóstico de lesiones cerebrales. Al mismo tiempo destacaba cómo la mujer se embaraza tarde y cómo tiene poco en cuenta el proceso de crianza, de atención a su hijo, como si le faltase espacio mental para atenderlo. Subrayaba la importancia de la interactuación de los elementos biológicos, genéticos, emocionales, del entorno…, en el sentido que el bebé nace vulnerable y con un cerebro que necesitará de mucho tiempo para que acabe de evolucionar, y que sabemos que dicha evolución se produce en el proceso de interacción en el grupo de crianza. Nos recordaba que gemelos separados, genéticamente iguales, son diferentes.
También, Anna Fornós, intentaba rescatar lo positivo de las neurociencias. Nos explicaba en qué consiste la epigenética. Destacaba como cuando se habla de activar y desactivar genes, en según qué tipo de enfermedades no genera ninguna alarma social, el cáncer de colon, por ejemplo, pero que cuando se desplaza a los trastornos de conducta las cosas cambian. Evidentemente. Seguía valorando los estudios que se llevan a cabo en las neurociencias, en el sentido que nos ayudan a entender el cerebro como una red de circuitos en continuo cambio, destacando la plasticidad neuronal, y que por lo tanto, que la biología se modifica con el entorno.
Enric Font insistía que los niños enfermos mentales necesitan de una respuesta desde la escuela, porque la escuela necesita ser para todos. Apelaba a nuestra responsabilidad social, a que el niño llegue como llegue a la escuela necesita de nuestro buen criterio para ser educado. El film aludía a Rousseau, a que Rousseau se había equivocado y Enric Font lo rebatía. Se preguntaba cómo acercarse al niño que sufre, y subrayaba que el niño tiene que autorizarnos. Sugería que en dicha espera, el adulto, la escuela debe ir tejiendo un vínculo de confianza acompañado de límites también, evidentemente, pero que debe de seguir allí, a la espera.
No se trata de dar una pastilla para que el niño deje de molestar, se trata de otra cosa. Los niños perturban, pero están diciendo algo, tiene un sentido aquello que les perturba, si no hay posibilidad de construcción subjetiva no hay posibilidades de encontrar un lugar en el mundo. Se trata de entender que su recorrido educativo pasa por diferentes modalidades de goce, de obedecer y no obedecer, y que por lo tanto nos encontraremos con un recorrido que estará acompañado inevitablemente de síntomas, no podemos prescindir de ellos. Eugenio Díaz, desde el psicoanálisis, se preguntaba: ¿Cómo explicamos todo eso?
Enric Font refiere como Thibaut no aprenderá a leer, porqué no quiere aprender a leer, no le interesa por el momento. Y cómo seguir estando a su lado para que se atreva a dar el paso. Carmen Grifoll añadía cómo desde el psicoanálisis se entiende que el sujeto no nace sino que se constituye, y que hay una responsabilidad que atañe al niño, al sujeto. Eugenio Díaz insistió decididamente en el tema de la responsabilidad. Insistió, en dialogo con el documental y las neurociencias, como hay un más allá que apunta a una desresponsabilización, como que habría un terreno complicado, oscuro, que nos aparece sólo insinuado, en relación a tomar a la persona como objeto, a tomar a la persona sin que pueda decidir. Cuestiones éticas de gran envergadura son las que quedaron planteadas en el debate.
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YO AMO A ALGUIEN CON...¿TDAH? by Jordi Badia