domingo, 1 de abril de 2012

Debates sobre la infancia actual

Fuente: http://www.blogelp.com/index.php/debates-sobre-la-infancia-actual
Hago copia y pega aquí, está en primera persona porque la ha rdactado otra persona no porque yo asistiera, aunque me hubiese gustado hacerlo.

El pasado viernes 9 de marzo tuvo lugar en la Biblioteca del Campo Freudiano de Barcelona un encuentro, bajo el título, Debates sobre la infancia actual. Dicha actividad fue organizada en colaboración con el Centro de Estudio e Investigación del Niño en el Discurso Psicoanalítico (CEREDA), laSección Clínica de Barcelona y la Biblioteca del Campo Freudiano de Barcelona; forma parte de las actividades preparatorias del Forum 3 que se realizará próximamente en Sevilla.
Nos reunimos medio centenar de personas, aproximadamente, para compartir la proyección del documental“La infancia bajo control” (“L’enfance sous contrôle”), de Marie- Pierre Jauny, una película realizada porArte (Francia) en el año 2010.
Seguidamente, participamos del interesante debate que estuvo presidido por la mesa formada con los siguientes profesionales: Enric Font -maestro y director del CEE Vil·la Joana-, Anna Fornós -neuropediatra y directora asistencial de ASPACE-, Carmen Grifoll -psicoanalista miembro de la ELP y coordinadora del Grupo de Investigación “Clínica amb nens”, Red Cereda- y Mario Izcovich -psicoanalista miembro de la ELP y director de la BCFB-. Trataré de referir algunos de los puntos de la película que más llamaron nuestra atención y sobre algunas de las inquietudes que animaron la conversación posterior.
El documental nos enseñó experiencias, entrevistas y proyectos que se están llevando a cabo en diferentes centros asistenciales de Europa, EEUU y Canadá provocando gran preocupación e indignación en todos nosotros. Enric Font subrayaba, especialmente, el factor miedo que produce esta extensión tan amplia del fenómeno, de muchos lugares del mundo. Christopher Lane señalaba en el reportaje (profesor de Historia de la psiquiatría en la Universidad de North Western de Chicago) como el concepto de normalidad se está reduciendo considerablemente. Lo que antes era considerado con el término de “problema” (diferentes tipos de robo, de agresividad, de mentiras…), que formaba parte del desarrollo normal de un niño y de un adolescente, ahora son “trastornos” que los profesionales en nombre de la ciencia previenen y medicalizan. Carmen Grifoll remarcaba cómo se confunden al equiparar violencia e instinto, olvidándose del lenguaje, lo más propio del ser humano.
Roland Gori (profesor de Psicopatología en la Universidad de Aix- Marseille I) destacaba en el film, que todas estas actuaciones profesionales se están llevando a cabo bajo la preocupante bandera de la “racionalización médica, sin tener en cuenta el contexto social”. La historia del niño o del adolescente no es tenida en cuenta. El sentido que estos síntomas pueden tomar para un sujeto en el seno de su entorno social y familiar, es borrado totalmente. La palabra del niño no es tenida en cuenta, tampoco su síntoma.
Ciertas voces en el film tratan de justificar dichas intervenciones. Jean-Claude Ameisen (médico inmunólogo, Presidente del Comité Consultivo y de Ética del INSERM) justifica que un niño, cuando tiene una conducta con agresividad o con ensimismamiento, es un niño que sufre y, que por lo tanto, es un niño al que hay que ayudar. Sí, podríamos estar de acuerdo, pero tendríamos que abrir un debate que nos permitiera pensar las diferentes modalidades clínicas de intervención disponibles para ayudar a un niño o un adolescente y no solo tener presentes los tipos de evaluación.
Las formas que presenciamos en la película bordean lo absurdo. Sin embargo, el documental intercala pequeñas viñetas cinematográficas para introducir ciertas interrogaciones: ¿Dónde están los padres de estos niños? Parecería que los padres andan desbordados con sus trabajos, y desde un supuesto acto de paternidad responsable, depositan a sus hijos a los expertos con evidencias científicas de la ciencia moderna. Alianza que deja al niño solo con su sufrimiento, pero bajo el control evaluativo.
Presenciamos, en el film, las actuaciones del Dr. Olivier Revol (psiquiatra infantil en el Hospital Neurológico de Lyon) cómo dirige sus preguntas estandarizadas a Thibaut, un niño de 5 años y 3 meses que está ingresado por agredir a otros niños. Parece que los niños que son señalados como difíciles por la familia o por la escuela en Francia pueden quedar en observación, ingresados durante una semana, sin ver a sus padres. Procedimientos que son una recomendación del INSERM (Instituto Nacional de la Salud y de la Investigación Médica) y que consisten en un examen de salud a partir de los 36 meses de edad. Como comentaba Carmen Grifoll, no vemos ningún interés por la causa, ningún interés por la palabra, por el lenguaje y sus efectos en el ser humano. Por lo tanto, observamos en el reportaje una concepción del niño muy alejada a la concepción psicoanalítica, la que nos proponen Freud y Lacan.
El documental sigue el hilo del DSM. El manual de diagnóstico estadístico de los problemas mentales publicado por la Sociedad Americana de Psiquiatría. El DSM que se impuso como referencia mundial en materia de psiquiatría. El DSM que tiene su primera edición en 1952 y que desde entonces se va actualizando, integrando más y más patologías de forma preocupante. Sigue pretendiendo ser una herramienta de diagnóstico y también servir a las definiciones estándares, con fines de investigación. Hasta 1973 la homosexualidad figuraba como un trastorno mental. Por lo tanto, estamos ante un recorrido de 60 años de progresiva implantación, es decir, estamos ante políticas de cambio lento que ponen a prueba nuestra capacidad de resistencia y que hacen que no dejemos de preguntarnos: ¿Hasta cuándo?
Como bien señala Roland Gori en el reportaje, los criterios que aparentan ser médicos, no lo son porque implican criterios de orden moral, social y político. Por lo tanto, en lugar de instaurar una claridad diagnóstica, instauran etiquetas de progresiva oscuridad uniformizante, homogenizante. Carmen Grifoll destacaba especialmente este punto, de cómo la psiquiatría ha cambiado en nuestra época, de cómo se ha alejado de la clínica y ha favorecido los fines estadísticos y de investigación.
¿Cómo diferenciar un comportamiento normal de un comportamiento patológico? El documental nos enseña cómo los diferentes países buscan sus instrumentos de medida y de evaluación del comportamiento basados en los criterios del DSM. El niño resulta una suma de datos, curvas y perfiles. Por ejemplo, solamente queremos destacar el aberrante programa informático denominado el “Dominique Interactivo” donde se le pregunta al niño: ¿Ya entraste a una casa rompiendo la cerradura o la ventana? ¿Ya robaste atacando a las personas? ¿Tienes a veces ganas de morir?
Una tecnología que pretende eliminar la interpretación del profesional y por ello utiliza el programa informático para que las respuestas del niño ingresen directamente en el ordenador, sin “interferencias” de una posible interpretación del evaluador o del clínico. Mario Izcovich destacaba la imagen de un niño que preguntaba ¿Para qué sirve la escala? Y cómo va cambiando la imagen de la cara del niño a medida que va recibiendo del adulto un discurso indescifrable para él. Dicha secuencia fue rescatada en diferentes momentos del coloquio, desde una pregunta ética que insistía en todos nosotros.
¿Qué se hace con los niños diagnosticados? La respuesta terapéutica que nos enseña el documental pasa por la preocupante medicación sistemática y sin escrúpulos: Ritalina, Risperdal, Seroquel, Prozac… prescribiéndose a niños cada vez más pequeños. No son medicaciones inocuas, Anna Fornós nos detallaba las consecuencias. Ahora, los trastornos de conducta son reducidos a un simple desequilibrio químico, a un cerebro que no funciona bien. Mario Izcovich señalaba como cada época tiene su manera de concebir al niño y destacaba como tres ejes en nuestra civilización contemporánea: que no se tiene en cuenta al sujeto, que el comportamiento del niño es patologizado y medicalizado en exceso.
Anna Fornós reflexionaba en positivo en relación a los avances en la neuroimagen, especialmente destacaba su contribución, en su práctica, en el diagnóstico de lesiones cerebrales. Al mismo tiempo destacaba cómo la mujer se embaraza tarde y cómo tiene poco en cuenta el proceso de crianza, de atención a su hijo, como si le faltase espacio mental para atenderlo. Subrayaba la importancia de la interactuación de los elementos biológicos, genéticos, emocionales, del entorno…, en el sentido que el bebé nace vulnerable y con un cerebro que necesitará de mucho tiempo para que acabe de evolucionar, y que sabemos que dicha evolución se produce en el proceso de interacción en el grupo de crianza. Nos recordaba que gemelos separados, genéticamente iguales, son diferentes.
También, Anna Fornós, intentaba rescatar lo positivo de las neurociencias. Nos explicaba en qué consiste la epigenética. Destacaba como cuando se habla de activar y desactivar genes, en según qué tipo de enfermedades no genera ninguna alarma social, el cáncer de colon, por ejemplo, pero que cuando se desplaza a los trastornos de conducta las cosas cambian. Evidentemente. Seguía valorando los estudios que se llevan a cabo en las neurociencias, en el sentido que nos ayudan a entender el cerebro como una red de circuitos en continuo cambio, destacando la plasticidad neuronal, y que por lo tanto, que la biología se modifica con el entorno.
Enric Font insistía que los niños enfermos mentales necesitan de una respuesta desde la escuela, porque la escuela necesita ser para todos. Apelaba a nuestra responsabilidad social, a que el niño llegue como llegue a la escuela necesita de nuestro buen criterio para ser educado. El film aludía a Rousseau, a que Rousseau se había equivocado y Enric Font lo rebatía. Se preguntaba cómo acercarse al niño que sufre, y subrayaba que el niño tiene que autorizarnos. Sugería que en dicha espera, el adulto, la escuela debe ir tejiendo un vínculo de confianza acompañado de límites también, evidentemente, pero que debe de seguir allí, a la espera.
No se trata de dar una pastilla para que el niño deje de molestar, se trata de otra cosa. Los niños perturban, pero están diciendo algo, tiene un sentido aquello que les perturba, si no hay posibilidad de construcción subjetiva no hay posibilidades de encontrar un lugar en el mundo. Se trata de entender que su recorrido educativo pasa por diferentes modalidades de goce, de obedecer y no obedecer, y que por lo tanto nos encontraremos con un recorrido que estará acompañado inevitablemente de síntomas, no podemos prescindir de ellos. Eugenio Díaz, desde el psicoanálisis, se preguntaba: ¿Cómo explicamos todo eso?
Enric Font refiere como Thibaut no aprenderá a leer, porqué no quiere aprender a leer, no le interesa por el momento. Y cómo seguir estando a su lado para que se atreva a dar el paso. Carmen Grifoll añadía cómo desde el psicoanálisis se entiende que el sujeto no nace sino que se constituye, y que hay una responsabilidad que atañe al niño, al sujeto. Eugenio Díaz insistió decididamente en el tema de la responsabilidad. Insistió, en dialogo con el documental y las neurociencias, como hay un más allá que apunta a una desresponsabilización, como que habría un terreno complicado, oscuro, que nos aparece sólo insinuado, en relación a tomar a la persona como objeto, a tomar a la persona sin que pueda decidir. Cuestiones éticas de gran envergadura son las que quedaron planteadas en el debate.

1 comentario:

  1. A mí personalmente se me ponen los pelos de punta con todo ésto. Igual que antes el control de "los de arriba" venía por la religión y el miedo al pecado, ahora es el miedo a perder la salud, a la enfermedad y a la muerte. Nos creemos todas estas enfermedades nuevas y nos cagamos de miedo porque "si nos toca nos toca". Así que vemos a los remedios farmacéuticos como milagros para mantener nuestra salud, por eso decimos que sí a lo que sea.

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