jueves, 29 de septiembre de 2011

Teresa Forcades, Medicalización - Feria de la Alimentación Lleida


La Hermana Teresa Forcades, 27 noviembre 2010, nos trae nueva información sobre salud. En este caso te va a hablar de la medicalización en la vida diaria y como aplicarla coherentemente...


Interesante charla, mención a la medicalización infantil incluida, concretamente comenta como empezó a diagnosticarse la hiperactividad en niños. Que lo disfruteis como yo.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Dos de cada tres niños diagnosticados como hiperactivos no padecen la enfermedad

Bueno, hoy he encontrado este interesantísimo debate sobre TDAH y que para mi sorpresa no es más de lo mismo. Me ha gustado especialmente la opinión y la experiencia del Dr. Pedreira, psiquiatra del Hospital Niño Jesús. Veo que como me decía Miguel de psiquiatria pitiusa afortunadamente los psiquiatras con criterio no son un caso aislado sino que se les oye poco, pero se les oye.
He marcado en negrita algunos puntos que he creído conveniente resaltar.


Fuente: http://www.elconfidencial.com/

No son todos los que están ni están todos los que son. Desde hace años, las asociaciones de padres con hijos que padecen Hiperactividad y Déficit de Atención (TDAH) denuncian el gran desconocimiento social, y a veces médico, que aún existe en España alrededor de una enfermedad que, a menudo, deja graves secuelas académicas y psicológicas en quienes la sufren, mayoritariamente, niños y adolescentes. El Confidencial ha reunido en la misma mesa a cuatro reconocidos expertos en el tema: el doctor José Luis Pedreira, psiquiatra del Hospital madrileño Niño Jesús, el neuropediatra Daniel Martín Fernández- Mayoralas, especialista del Hospital Universitario Quirón, la pedagoga Isabel Orjales y Teresa Mora, enfermera, madre de hiperactivo y presidenta de la Asociación de Niños con Síndrome de Hiperactividad y Déficit de Atención ANSHDA.


La polémica estuvo servida:
José Luis Pedreira.- El síndrome de hiperactividad y déficit de atención es un síndrome de paradoja… ¿Qué quiero decir? Que hay aproximadamente un 30% de niños que padecen este trastorno que no están diagnosticados, aunque los estudios epidemiológicos los detectan y que, entre los diagnosticados, un 62% no cuentan con un diagnóstico correcto. Dos de cada tres menores, en tratamiento psicológico, y a veces, farmacológico, en realidad no tienen la enfermedad.
Teresa Moras.- Cada vez que un escolar tiene problemas de aprendizaje o de conducta, los profesores piensan que tiene hiperactividad o déficit de atención o las dos cosas; pero un niño que se mueve mucho no tiene por qué ser hiperactivo y si está sufriendo la separación de sus padres no tiene por qué padecer déficit de atención.
J.L.P.- Eso es porque en España diagnostica el TDAH hasta el portero de la esquina.
Isabel Orjales.- El problema, a mi juicio, no es el sobrediagnóstico. Creo que se ha avanzado mucho en el conocimiento de la patología. Lo que puede estar sucediendo es que el dictamen se esté haciendo a edades demasiado tempranas y de manera muy superficial.
T.M. -Los padres llevamos años pidiendo que la evaluación la hagan profesionales cualificados, porque la falta de consenso y de unidad de criterios en este campo es fuente constante de incertidumbre entre las familias. Llegan a ANSHDA y nos comentan: el médico nos ha visto cinco minutos y hemos salido de la consulta con una pastilla… Ahí empieza la duda, y el peregrinaje por un montón de especialistas buscando una segunda opinión, porque cómo voy yo a medicar a mi hijo, y entonces se busca un nuevo juicio. Y muchas veces los pareceres no son coincidentes y crean más incertidumbre.
J.L.P.- Mientras no haya un consenso internacional en otro sentido, hoy por hoy el trastorno por hiperactividad y déficit de atención está en el apartado F de la DSM IV de los trastornos, es decir, debe ser evaluado por un psiquiatra. El apartado que clasifica los trastornos neurológicos es el apartado G. 
(Nota de la Redacción: para el diagnóstico del TDAH en niños y adolescentes, se recomienda emplear los criterios diagnósticos del DSM-IV-TR o de la CIE-10. Actualmente, tanto los criterios del DSM-IV-TR como los de la CIE-10 se encuentran en proceso de revisión, pues se están elaborando el DSM-V y la CIE-11).
T.M.- Uno de los grandes problemas que tenemos es precisamente éste, la controversia entre profesionales en el diagnóstico del TDAH. A las familias nos da igual que diagnostique un psiquiatra o un neurólogo, nosotros siempre decimos: el que sepa.
Daniel Martín Fernández-Mayoralas.- Hay muchos psiquiatras que hacen una aproximación clínica muy cercana a la de los neurólogos infantojuveniles, y otros que no…Son escuelas. Y yo creo que lo mejor es evitar las controversias que no van a ninguna parte, y colaborar. Los neurólogos no tratamos el TDAH porque sí, lo tratamos porque se nos ha exigido, y cuando uno lleva una década dedicado a esto, algo sabe, creo yo. Son miles los niños que hemos visto ya.
I.O.- La evaluación debería realizarse con un equipo multidisciplinar partiendo de una valoración médica, psicológica, educativa y social y debe estar al margen de quién tiene o deja de tener cuál o tal competencia.
T.M.-  Eso es lo que llevamos pidiendo las asociaciones desde hace años… Equipos multiprofesionales. La controversia sólo lleva a la confusión, y así los padres llegan a la asociación diciendo: he ido a tal sitio y me han dicho no se qué, pero luego el psicólogo me ha dicho no se cuántos, y el niño se convierte en adolescente y tú, familia, aún no tienes una respuesta clara, y la angustia crece. Y no hay que olvidar que estamos hablando de un trastorno psiquiátrico leve cuyas consecuencias sociales pueden ser muy graves.
J.L.P.- El problema es que muchos especialistas no emplean los llamados criterios de exclusión médica, fundamentales en el diagnóstico de este trastorno. Muchos leen en los manuales los síntomas asociados a hiperactividad y dicen: los cumple, este niño tiene hiperactividad. Sin saber que hay otros muchos problemas psiquiátricos que presentan síntomas concomitantes, y por eso el TDAH está tan mal diagnosticado. A mí me han llegado niños con autismo diagnosticados como TDAH.
T.M.- Es que a veces los padres quieren que sus hijos tengan cualquier cosa menos autismo…
J.L.P.- Por eso lo más importante no es lo que diagnostico, sino lo que quito. Hay actos que parecen patológicos y, sin embargo, están en el límite de la normalidad en determinadas etapas del desarrollo.
D.M.- Pero no hay que olvidar que el TDAH es un trastorno sumamente heterogéneo y que con mucha frecuencia es comórbido con otros trastornos neurológicos y psiquiátricos, como el trastorno bipolar, o fácilmente confundible durante las fases precoces de una esquizofrenia…
J.L.P.- No estoy de acuerdo. Qué es lo que ocurre, que cuando yo diagnostico psicosis a un niño, no es que el niño sea comórbido con hiperactividad, es que el niño psicótico se mueve sin parar, eso es lo que está pasando...
I.O.- Las dificultades para determinar si unos síntomas son secundarios a un trastorno principal o, por el contrario, lo son de un trastorno comórbido son evidentes. Y nos olvidamos de que algunos cuadros no dan la cara hasta tiempo después y que durante los primeros años no encajan en otro diagnóstico reconocible más que el de TDAH. Pero seguimos empeñados en afirmar que trastornos como el bipolar o la hiperactividad son fáciles de diagnosticar, que son excluyentes, que son claros incluso a edades tempranas y en todos los casos.
D.M.- A veces, el mismo paciente puede tener un TDAH y puede tener un trastorno de conducta que también tiene un origen altamente genético.
J.L.P.- El premio Nobel Eric Kandel dice que en los trastornos mentales no existe linealidad genética, léase, un papá con trastorno bipolar no siempre va a tener hijos bipolares y un papá con trastornos de conducta, igual, y un papá que ha tenido TDAH no tiene por qué tener hijos hiperactivos. Lo que se hereda es una predisposición, preestablecida genéticamente, que luego se configura teniendo en cuenta el temperamento y el carácter.
D.M.- Yo insisto, el TDAH tiene un componente genético real. No hay lugar a dudas, es absolutamente conocido y no está en discusión científica. Otra cosa es que Pedreira considere que influye en el 70% de los casos y yo opine que puede ser en el 90%, pero desde luego, está claro que la genética es importante. También lo es el medio ambiente, desde luego, pero la carga genética es muy importante. Otro asunto es que la herencia sea poligenética y no monogenética, como en el autismo o en la esquizofrenia.
T.M.- A nosotros nos da lo mismo que sea genético o no. El problema es que cuando uno tiene 200 de glucosa sabe que es diabético… pero en nuestro caso, al no haber pruebas, cada uno diagnostica como sabe y como puede, unos con mejor criterio y otros con peor, y muchas familias están muy angustiadas.
J.L.P.- Para mí esto es importante: no hay ninguna prueba diagnóstica, nin-gu-na… Y no la puede haber…
D.M.- Tampoco hay pruebas que diagnostiquen el trastorno obsesivo compulsivo y la depresión mayor o el Parkison, y eso no significa que no se puedan diagnosticar…
T.M.- Esta es una minusvalía invisible que la escuela y la sociedad, muchas veces, no entienden. Y no es tanto lo que el niño necesita para funcionar en el aula, como sentarle en primera fila o recordarle que estamos cambiando de tema para atraer su atención... No hay  colegios para hiperactivos: ni los hay ni los queremos. Deseamos inclusión y no exclusión.
D.M.- Yo veo un futuro muy esperanzador en los colegios. Es sumamente económico y factible que los profesores reciban formación, y un montón de niños, los casos más leves, pueden beneficiarse de sencillas adaptaciones curriculares que ahorrarían un gran sufrimiento a las familias…pero no se hace. Ahora bien, a pesar de todas las adaptaciones curriculares que hagas, si el TDAH es moderado o grave no serán suficientes. Va a hacer falta un tratamiento. No sólo medicación, sino también ayuda psicológica.
I.O.- La intervención psicoeducativa debe comenzar desde el mismo momento en que hay síntomas que no responden a las medidas educativas ordinarias. Si el diagnóstico está claro, mejor, pero si sólo hay una sintomatología preocupante no podemos sentarnos a esperar que se agrave para emitir un dictamen.
T.M.- Muchas familias no pueden permitirse económicamente hacer un tratamiento psicopedagógico porque tienen que ir a la privada, y entonces tiran de los fármacos, no les queda más remedio; incluso hay padres que hoy día ni siquiera pueden pagar los medicamentos”.
J.L.P.- La guía NICE (de práctica clínica) señala que entre los 6 y los 7 años sólo se debe proponer tratamiento farmacológico, y digo proponer, en los casos en que hay distorsiones de tipo moderado a grave. Hay que dejar muy claro a las familias cuáles son los efectos secundarios de esta medicación.
D.M.- Si los colegios lo hicieran bien, ya lo he repetido varias veces, nos ahorraríamos muchos millones de euros en factura sanitaria. Pero, aunque nos pueda doler a todos, cuando un TDAH es grave tiene que ser tratado con medicación. Si no, por muchas adaptaciones que hagas, no va a mejorar.
J.L.P.- Vuelvo a la guía NICE: los programas grupales, con profesores y familias, en los cinco primeros años de implementación, cuestan alrededor de 66.000 libras esterlinas en Reino Unido. ¿Saben ustedes cuánto cuesta el tratamiento farmacológico? Más de 7 millones en los cinco primeros años y alrededor de 39 millones de libras en una década. Hay que ser sensatos, estas cifras nos deben orientar por dónde debemos empezar…y eso es por los programas psicopedagógicos…
D.M.- Yo creo que vamos a llegar a una conclusión errónea. Insisto, el colegio es importantísimo, pero hay niños que sin medicación no salen adelante. Es trascendental. No hay que olvidar que si un paciente no puede concentrarse, no puede concentrarse, y por mucha terapia conductual que haga no lo va a conseguir…”
I.O.- No creo que el único criterio para medicar deba ser la gravedad. Los fármacos ayudan a que el lóbulo frontal madure y permiten que el escolar aprenda mejor las habilidades que le faltan. No siempre podemos plantearnos “vamos a esperar a  Secundaria, que son cursos más duros”, porque hay casos en que el niño no tendrá la oportunidad de llegar a esa etapa o llegará con tal esfuerzo de compensación, horas de dedicación, estrés familiar y con una autoestima tan deteriorada que el impacto positivo de la medicación puede ya no ser significativamente aprovechable.
J.L.P.- La guía NICE, la Agencia Europea del Medicamento, y ahora empieza a hacerlo la FDA, recomiendan que antes de los seis años no se medique a los niños, y se está haciendo.
D.M.- Yo tengo niños de cinco años que se te tiran por la ventana, que están tan mal que algo tienes que hacer con ellos… Pero estoy totalmente de acuerdo con el doctor Pedreira, eso es la excepción y no la regla.
J.L.P.- Los niños que se tiran por la ventana seguramente tendrán otro trastorno mental básico más importante que el TDAH… Nosotros, en el Hospital Niño Jesús de Madrid hemos visto niños con 8 y 9 años, medicados, con síntomas compatibles con psicosis infantil, y algunas conductas agresivas. Son casos aislados y muy individualizados, pero los hay. Y eso para nosotros indica que se ha dado el fármaco sin la vigilancia necesaria…Lo que digo es que hay que ser muy cautos.

domingo, 25 de septiembre de 2011

El déficit de atención depende de un sutil equilibrio genético


Una investigación conjunta de la Universidad de las Islas Baleares y la Universidad de Barcelona concluye que el equilibrio entre dos genes podría ser el responsable de la estabilidad entre concentración y distracción. El estudio se presentará en la XI Conferencia Internacional sobre Neurociencia Cognitiva (ICON) que se celebrará en Palma del 25 al 29 de septiembre
El doctor Francisco Barceló, catedrático de Neuropsicología de la UIB. Foto: UIB
El doctor Francisco Barceló, catedrático de Neuropsicología de la UIB. Foto: UIB










La revista Neuroimage ha publicado un estudio sobre las bases genéticas de la flexibilidad mental humana ante situaciones novedosas y en la resolución de problemas complejos, en el cual ha participado el doctor Francisco Barceló, catedrático de Neuropsicología de la Universidad de las Islas Baleares y responsable del grupo de investigación en Neuropsicología Clínica del Instituto Universitario de Investigación en Ciencias de la Salud (IUNICS) de la Universidad de las Islas Baleares, en colaboración con investigadores de la Universidad de Barcelona.
Nuestra capacidad para adaptarnos de forma flexible a los cambios así como a la novedad de nuestro entorno (tecnológico, laboral, cultural) exige mecanismos cerebrales flexibles, capaces de seleccionar lo importante del momento y suprimir lo que ya quedó desfasado. Esta flexibilidad mental, tan necesaria en nuestra sociedad cambiante, depende de un neurotransmisor cerebral llamado dopamina. La expresión diferencial del transmisor dopamina a través de conexiones prefrontostriatales (las que unen el córtex prefrontal con el núcleo subcortical "estriado" en la base del cerebro), puede explicar las variaciones individuales en la flexibilidad mental, es decir, lo que nos permite resolver problemas complejos o afrontar situaciones novedosas.
En este trabajo los autores ponen de relieve que esta forma de flexibilidad mental depende de un sutil equilibrio entre dos genes que regulan la concentración de dopamina en la corteza prefrontal y el núcleo estriado (controlando a las enzimas catecol-O-metiltransferasa -COMT- y ANKK1, respectivamente). Para ello se midió la actividad eléctrica cerebral de una amplia muestra de jóvenes mientras realizaban diversas tareas neuropsicológicas que producen activación en la región prefrontal. El estudio concluye que el equilibrio entre estos dos genes podría a su vez ser responsable del equilibrio entre nuestra capacidad para atender a los aspectos relevantes de un problema o situación (concentración) y a la vez suprimir los aspectos irrelevantes (distracción).
Este trabajo acaba de ser publicado en Neuroimage, una de las revistas más prestigiosas en el ámbito de la neurociencia cognitiva, y ha sido fruto de la colaboración entre la Universidad de las Islas Baleares y la Universidad de Barcelona dentro del proyecto CONSOLIDER-INGENIO 2010 “Bilingualism and Cognitive Neuroscience”. El estudio forma parte de la tesis doctoral del primer autor, el doctor Manuel García-García, quien actualmente realiza una estancia postdoctoral en la Universidad de Nueva York. Además del doctor Francisco Barceló, también son coautores los investigadores Carles Escera e Immaculada Clemente, ambos del Instituto de Investigación en Cerebro, Cognición y Conducta (IR3C) de la Universidad de Barcelona.
El trabajo abre una puerta a la compresión de las bases genéticas de la mente humana, ya que la acción del neurotransmisor dopamina en las regiones prefrontales del cerebro determina la eficacia de importantes funciones mentales, como la atención y la memoria. Así, la presencia de alelos del gen de la catecol-O-metiltransferasa (COMT), que regula la eficiencia de la transmisión sináptica en neuronas dopaminérgicas, determina la capacidad para resolver problemas mentales complejos, o para afrontar situaciones novedosas y conflictivas. Las personas que carecen de alelos COMT por algún defecto genético también presentan déficits en la resolución de problemas mentales, o en la rapidez y eficiencia de sus respuestas ante situaciones nuevas o conflictivas.
Es sabido que alteraciones genéticas anómalas desempeñan un papel clave en muchos trastornos neuropsicológicos asociados al autismo, el síndrome por déficit de atención con hiperactividad, la esquizofrenia o la demencia tipo Alzheimer. Este apasionante campo de la neurogenética conductual combina las nuevas técnicas de análisis genético con modernas técnicas de neuroimagen funcional para llegar a comprender la base genética de la mente humana y sus trastornos.
Referencia bibliográfica:
Garcia-Garcia, M., Barceló, F., Clemente, I. C., & Escera, C. (2011).«COMT and ANKK1 gene–gene interaction modulates contextual updating of mental representations». Neuroimage, 56(3), 1641-1647. doi:10.1016/j.neuroimage.2011.02.053
Fuente : 
http://www.agenciasinc.es/Noticias/El-deficit-de-atencion-depende-de-un-sutil-equilibrio-genetico

viernes, 23 de septiembre de 2011

¿Es verdad que ver Bob Esponja causa déficit de atención y problemas de aprendizaje?

Fuente: http://allpsychologist.blogspot.com/2011/09/es-verdad-que-ver-bob-esponja-causa.html?spref=tw






El estudio en concreto analiza el impacto inmediato que tiene el visionado, por parte de niños de 4 años, de diferentes tipos de tv en el rendimiento de la función ejecutiva. La función ejecutiva (FE) es el constructo cognitivo que se utiliza para describir una serie de acciones dirigidas a conseguir un objetivo. Para que se lleven a cabo estas acciones, se requiere una serie de habilidades como son, entre otras, la planificación, inhibición de interferencias, flexibilidad, memoria de trabajo,...


Publicaciones anteriores han puesto de manifiesto como la atención disminuye después de ver la tv, sobre todo después de ver imágenes que se presentan rapidamente. Cuanto mayor es la rapidez de presentación de las imágenes, más afecta a largo plazo. Hay que decir que las publicaciones que señalan estos resultados están realizados en adultos, con lo cual las conclusiones son difícilmente extrapolables a la edad infantil.


Por otra parte, se ha estudiado poco el impacto que tiene la tv en la atención y la FE en niños. Estudios en la epoca de los 70, realizados con barrio sésamo, concluyen que no influyen en persitencia o impulsividad, si bien estas imagenes eran presentadas más lentamente.




Vamos a ver el estudio.


Muestra homogénea de niños de 4 años, controlándose variables como la edad, el nivel socioeconomico, ...Además se llevaron a cabo varias encuestas a los padres con este objetivo: cuestionario de horas en las que el niño ve tv o dvd, escala de fortalezas o dificultades, personalidad y atención. Esta muestra se dividio al azar en tres grupos: A un grupo se le pasaban 9 minutos de un capítulo de "Bob Esponja", otro se le exponía a imágenes menos rápidas (serie animada Caillou), y el tercer grupo dibujaba. Después de estos 9 minutos se pasaron 3 pruebas: La torre de Hanoi( prueba que mide la memoria de trabajo, y la planificación), el HTKS que es un tipo de juego en el que se le dice al niño "cuando te diga que te toques el pie tocate la mano" (mide la memoria de trabajo, la flexibilidad y la planificación); ejercicios que evaluaban la demora de la gratificación, y por último el subtest memoria de trabajo del test  Woodcock-Johnson de habilidades cognitivas.


Los resultados muestran:


Diferencias significativas en los resultados entre los niños que vieron la tv con imágenes rápidas (bob esponja), en comparación con la tv educativa(Caillou) y grupo de dibujo. No hay diferencias significativas si se comparan estos dos últimos grupos (tv educativa y dibujo). El grupo de tv rapida esperaba menos(demora de gratificación) en comparación con los demás grupos.


La hipótesis que plantean los autores es que los eventos nuevos e inesperados (fantásticos) requieren de un sobreesfuerzo cognitivo al no existir circuitos neuronales para este material. Acontecimientos familiares en el niño serian codificados por circuitos neuronales establecidos. Se piensa por tanto que esta condición es, en parte, la causante del déficit en la FE.


Entonces, ¿debo dejar, o no, a mi hijo ver "Bob Esponja"?


Hay que tener en cuenta que el experimento se centra en medir concretamente la relación entre la visión de BE y el desempeño de un constructo cognitivo especifico, ésto es la función ejecutiva. Los resultados parecen concluir que la visión de una serie animada con imágenes que se presentan rápidamente, en este caso bob esponja, influye negativamente en habilidades como la memoria de trabajo, la planificación, la flexibilidad, habilidades todas ellas necesarias para realizar acciones u objetivos futuros. Pero, ¿que podemos hacer si nuestro hijo es un gran fan y no quiere dejar de ver BE?. Mi recomendación es la siguiente:

  1. Buscar unos dibujos más educativos que le puedan gustar al niño según sus preferencias.
  2. Intentar cambiar el visionado de BE por parte del niño,  por otros dibujos más educativos. Esto debe hacerse de forma progresiva y gradual.
  3. Si falla lo anterior y el niño quiere seguir viendo BE: evitar que este lo haga previo a realizar alguna actividad cognitiva, y que por tanto le pueda dificultar su rendimiento.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Para complementar un poco la información de ayer...


Distintos estudios han demostrado que los ácidos grasos poliinsaturados mejoran los trastornos de comportamiento en aquellos niños que presentan problemas de hiperactividad y déficit de atención.
Un estudio elaborado por el Colegio de Psicología de Adelaida (Australia) concluye que la suplementación dietética con ácidos grasos poliinsaturados, en niños diagnosticados de trastorno de hiperactividad y déficit de atención (TDAH) puede ayudar a mejorar algunos de sus problemas de conducta. Otro estudio, el de Durham, es un precedente de la asociación entre algunos problemas durante el desarrollo neurológico y los ácidos grasos omega 3. Además, abre una nueva vía de investigación y de posibles tratamientos para este tipo de trastornos. El estudio llevado a cabo en la ciudad australiana de Adelaida se realizó con 104 niños y niñas diagnosticados de TDAH. Se probó la eficacia de suplementos dietéticos que contenían ácidos grasos poliinsaturados omega 3, ácido eicosapentanoico (EPA) y ácido docosahexanoico (DHA) y el ácido graso omega 6, ácido gamma-linolénico (GLA). Una vez concluido el ensayo, se comprobó que alteraciones como la hiperactividad, la impulsividad o la falta de atención mejoraban en aquellos niños que habían recibido el complemento dietético con ácidos grasos.
Ácidos grasos
Cada vez hay evidencias más sólidas que confirman que, al igual que trastornos como la dispraxia, la dislexia o el autismo, el TDAH está asociado a una carencia en ácidos grasos omega 3. Los ácidos grasos omega 3 y omega 6 son ácidos grasos poliinsaturados. Entre ellos, hay algunos esenciales, porque nuestro organismo no puede sintetizarlos. Es por este motivo que algunos deben provenir de la dieta. El problema actual es que, en las sociedades occidentales, se tiende a seguir dietas bajas en grasas poliinsaturadas con lo cual es habitual ingerir cantidades insuficientes de este tipo de ácidos grasos. Por otro lado, se sabe que hay personas con dificultades genéticas para metabolizar los ácidos grasos de cadena larga, de modo que sus necesidades nutricionales aumentan. El cerebro, y en general todo el sistema nervioso, es el órgano que mayor concentración de estos ácidos grasos acumula en sus membranas. El más abundante es el ácido docosahexanoico (DHA) que está implicado en la transmisión del impulso nervioso. El ácido eicosapentanoico (EPA) también es importante, porque es precursor del DHA. Es esencial para la regulación de las funciones cerebrales.
Es comprensible, en este sentido, que una deficiencia en alguno de estos dos ácidos grasos comprometa las funciones del sistema nervioso. Ya en 1981 se especuló sobre la relación entre la carencia de ácidos grasos poliinsaturados y la hiperactividad, pero no fue hasta 2005, con el estudio conocido como Oxford-Durham, cuando se constató esta asociación y se corroboró el efecto positivo de la suplementación dietética.

En 2005 se llevó a cabo un estudio con niños y niñas diagnosticados del trastorno de desarrollo de coordinación (TDC), otro problema de desarrollo. Igual que con el TDAH, este trastorno afecta a un 5% de niños en edad escolar. Ocasiona alteraciones en la función motora y está asociado a dificultades en el aprendizaje, en el comportamiento y en la adaptación psicosocial que pueden persistir en la etapa adulta.

La hipótesis de que una deficiencia parcial en determinados ácidos grasos poliinsaturados puede estar relacionada con trastornos de desarrollo, llevó a la realización de un estudio para determinar la eficiencia de suplementos de ácidos grasos como posible tratamiento. El estudio concluyó que esta suplementación podía ofrecer una opción segura y eficaz para los niños con este tipo de trastornos. El ácido graso más abundante en el cerebro es el DHA. No obstante, se ha comprobado que, en lo que refiere a suplementación dietética, la proporción adecuada entre el EPA y el DHA es 4:1 (EPA:DHA). Esta relación es la que asegura una función cerebral equilibrada y un buen mantenimiento del estado anímico.
El hecho de que el EPA pueda transformarse en DHA hace que los niveles de este último estén asegurados. Ambos compiten por ser absorbidos de manera que, si la cantidad de DHA fuera mayor que la de EPA, éste último no se absorbería en las cantidades necesarias.
Suplementación con EPA y DHA
Actualmente, la mayor parte de los enfermos de TDAH se trata con fármacos psicoestimulantes. Entre sus acciones principales destacan la mejora de la atención, el tiempo de reacción ante estímulos externos, la memoria a corto plazo o la impulsividad. No obstante, la cantidad de problemas secundarios que presentan los fármacos es uno de sus principales inconvenientes. Los investigadores del estudio de Adelaida apuestan por un tratamiento combinado entre la suplementación con ácidos grasos poliinsaturados y la terapia psicológica. Abogan por esta opción que podría suponer una alternativa segura y sana, sobre todo para aquéllos que no toleran bien los tratamientos convencionales.
Fuente:    http://www.vitae.es/?q=content/nutricion-psicologia/articulos/los-acidos-grasos




miércoles, 21 de septiembre de 2011

Efectividad de los omega-3 en el tratamiento de los síntomas del trastorno por déficit de atención con hiperactividad


16/09/2011
Los suplementos de ácidos grasos omega-3 pueden disminuir los síntomas del trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) en niños, según se ha publicado en el Journal of the Academy of Child and Adolescent Psychiatry.En una evaluación de 10 ensayos, con 699 niños en total con el TDAH, los investigadores encontraron que aquellos que recibieron suplementos de omega 3 mostraban una pequeña, pero significativa, mejora de la gravedad de los síntomas en comparación con aquellos que recibieron un placebo. Este efecto también era significativo en los niños que recibieron suplementos con altas dosis de ácido eicosapentaenoico.
Los autores destacan que la eficacia relativa de este tratamiento es modesta en comparación con los tratamientos farmacológicos disponibles en la actualidad para tratar el TDAH, como los psicoestimulantes, atomoxetina o agonistas a2. Sin embargo, debido a su bajo nivel de efectos secundarios, los suplementos de omega-3 podrían utilizarse como un complemento a las intervenciones tradicionales.
[J Child Psychol Psychiatry]
Bloch MH y Qawasmi A

lunes, 19 de septiembre de 2011

Trastorno de estrés postraumático en el niño y el adolescente

Fuente:
http://drgarcia-tornel.blogspot.com/2011/09/trastorno-de-estres-postraumatico-en-el.html
 



Un 5% de niños de pierde a uno de sus padres durante su niñez o adolescencia, y muchas veces puede ser difícil para los pediatras detectar cuando el duelo normal, por la desaparición, se convierte en algo patológico, como depresión o una adaptación inadecuada al entorno. El trastorno de estrés postraumático (TEPT) es una enfermedad real, conocida tras las guerras, pero que se hizo muy “famoso” después del 11 S. Aparece después de haber vivido situaciones  traumáticas como conflictos bélicos, huracanes, violaciones, abusos físicos, secuestros, accidentes graves, atracos, etc. La persona afectada se siente  estresada y asustada hasta bastante tiempo después de que ha pasado el peligro afectando su vida y a la gente que le rodea.
En el niño se pueden dar circunstancias algo diferentes. La exposición a una amenaza a la integridad propia o ajena la puede vivir con un intenso temor, horror y desvalimiento desproporcionado debido a que es más vulnerable o no ha desarrollado buenos mecanismos de autocontrol psíquico. Por lo tanto la percepción de amenaza o trauma es casi tan esencial o más importante que verdadero impacto del desencadenante al ser el niño menos objetivo en sus apreciaciones.

Los síntomas varían en intensidad pero causan:
  • Sentimientos de que el evento está sucediendo nuevamente acompañados de síntomas físicos como taquicardias, náuseas, vómitos y sensación de mareo
  • Dificultades para dormir o pesadillas
  • Sentimientos de soledad disminuyendo su interés por las actividades en general, presentar regresiones en sus capacidades ya adquiridas, como el habla, orinarse en la cama o presentar trastornos de conducta como interrumpir las clases para disminuir su ansiedad
  • Estados de “hiperactivación” con trastornos del sueño, irritabilidad, alerta constante, dificultades de concentración, respuestas exageradas de sobresalto y a veces, rabietas,  agresividad o explosiones de ira 
  • Sentimientos de preocupación, culpa o tristeza
En los niños menores de tres años, los síntomas más frecuentes son: mutismo, regresión (chuparse el dedo, orinarse encima), temores, pesadillas o terrores nocturnos, y la repetición a través del juego.  Los niños de edad escolar suelen presentar cambios en su afectividad y comportamiento, disminución de rendimiento escolar y abandono de las tareas domésticas en las que solían colaborar.  Los adolescentes y niños mayores suelen sentirse inseguros respecto al futuro, sus expectativas son negativas e incluso pueden llegar a cambiar su actitud frente al matrimonio, la posibilidad de tener hijos y la actividad profesional.

TEPT comienza en momentos diferentes dependiendo de la persona; pueden empezar inmediatamente después del evento traumático o aparecer más tarde con síntomas graves.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Nuevos aspectos en torno a la prematuridad

Fuente: http://www.evidenciasenpediatria.es/DetalleArticulo/_LLP3k9qgzIh7aNQBiadwmXmOYZUtzeuovdV0fxp_5QaAmCTWhPMcf49I9IPLntFg#articulo-completo
Pallás Alonso CR, Arriaga Redondo M. Nuevos aspectos en torno a la prematuridad. Evid Pediatr. 2008;4:26.
Autores: Pallás Alonso CR1, Arriaga Redondo M2

1Hospital 12 de Octubre de Madrid. Profesora asociada de Pediatría de la Universidad Complutense de Madrid. Miembro del grupo PrevInfad. Miembro del Comité de Lactancia Materna de la AEP. Madrid (España).
2Hospital 12 de Octubre de Madrid. Madrid (España). 

Correspondencia: Carmen Rosa Pallás Alonso. Correo electrónico: keka.pallas@gmail.com
Fecha de aceptación: 28/05/2008   Fecha de publicación: 01/06/2008   






La prematuridad es uno de los problemas de salud mas prevalentes en la población infantil de los países desarrollados
. Entre un 8 y un 10% de los nacimientos ocurren antes de la 37 semana de gestación y justifican el 75 % de la mortalidad perinatal y el 50% de la discapacidad en la infancia. En este número de Evidencias en Pediatría se valora críticamente el excelente artículo publicado en JAMA en marzo de 20081,2
. En este trabajo se aporta nuevo conocimiento sobre los efectos a largo plazo de la prematuridad. Para ello se ha obtenido información sobre toda la cohorte de nacidos en Noruega desde 1967 a 1988. Los autores concluyen que la prematuridad se asocia a una disminución en la supervivencia a largo plazo, a una limitación en la capacidad reproductiva y las mujeres que fueron prematuras presentaron también un mayor riesgo de tener hijos prematuros.
A los neonatólogos, en un principio, les preocupaba sobre todo la supervivencia de los niños prematuros: Pero muy pronto se fue consciente de que la mortalidad que conllevaba era solo una parte del efecto de la prematuridad. Se mostró cómo los riesgos de parálisis cerebral, ceguera, retraso mental y sordera estaban aumentados en los niños prematuros cuando se comparaban con los niños nacidos a término3,4.
Mas recientemente, cuando se ha extendido el seguimiento de los niños muy prematuros a lo largo de edad escolar, se ha mostrado cómo incluso los niños que a los dos años se habían evaluado como niños normales, sin ningún tipo de limitación, presentaban peor rendimiento escolar por dificultades en el aprendizaje, problemas de atención, de coordinación viso-motora, problemas emocionales y de integración social5-9. Respecto a estas “nuevas morbilidades” los equipos de profesionales que realizan el seguimiento de niños prematuros todavía están en la fase de intentar encontrar instrumentos adecuados para su diagnostico precoz e intervenciones eficaces para mejorar el rendimiento académico y la competencia social. 



La preocupación por todos estos aspectos ha hecho también que en las Unidades Neonatales se haya empezado a prestar atención a otro tipo de cuidados, llamados Cuidados centrados en el desarrollo, que no se centran tanto en la curación de las patologías como en conseguir el adecuado desarrollo neurológico y emocional del niño10. Se están cambiando las políticas de entrada de los padres en las Unidades Neonatales para que estos se puedan implicar en el cuidado del niño y así favorecer la vinculación. Por otro lado se intenta cuidar el ambiente con objeto de disminuir los estímulos que pueden resultar agresivos y prevenir y tratar exquisitamente el dolor de tal forma que el sistema nervioso central de estos niños tan inmaduros pueda organizarse de una forma adecuada a pesar de no madurar en el útero materno11.
Cuando todavía estamos asumiendo y tratando de prevenir todos estos trastornos del aprendizaje, de la atención y del comportamiento, Swamy y colaboradores1 nos abren una nueva puerta en relación con otros aspectos que hasta ahora no se habían planteado
(o se había hecho de forma mucho mas limitada), llegando incluso a mostrar cómo la prematuridad en una generación de mujeres condiciona prematuridad en la siguiente generación. Y es que, pese a todos los avances tecnológicos y la sofisticación de los cuidados, no queda más opción que asumir que la prematuridad es un hecho irreparable.
Pero a todo lo referido anteriormente se suman otra serie de circunstancias que se comentan a continuación y que colocan a la prematuridad como una de los principales problemas sanitarios de los países desarrollados aunque, por motivos no bien conocidos, tenga menos visibilidad que otros problemas de salud.

A pesar de todos los esfuerzos realizados desde el ámbito clínico y de investigación, la frecuencia de prematuridad en los países desarrollados se está incrementando. Se había considerado que con la implantación de los controles obstétricos durante la gestación para toda la población se iban a disminuir los nacimientos prematuros, pero esto no ha sido así. En Estados Unidos se ha pasado de un 9,5% de nacimientos prematuros en 1981 a un 12,7% en el 200512. Se podría pensar que la política sanitaria de Estados Unidos tiene un carácter discriminador para ciertos sectores de la población y que, por ello quizás, los resultados en este sentido no hayan sido favorables. Sin embargo, en Dinamarca y Noruega, que tiene una cobertura sanitaria universal y unos estándares de cuidados prenatales óptimos, también se ha puesto de manifiesto este incremento en la frecuencia de prematuridad. En el año 2006 se comunicó, a partir de los resultados de un estudio con base poblacional en Dinamarca13, que la proporción de nacimientos prematuros se había incrementado un 22% desde 1995 a 2004. En Noruega, desde 1980 a 1998, observaron un incremento en la tasa de prematuridad del 25%14.
Como factores que contribuyen a este incremento en la frecuencia de prematuridad están las técnicas de reproducción asistida en relación con las gestaciones múltiples, pero también se ha observado un incremento de nacimientos prematuros cuando se implanta un solo embrión15. Por otro lado, los mejores resultados en cuanto a supervivencia de los niños prematuros han incrementado las indicaciones obstétricas para finalizar la gestación antes del término, ya sea por interés materno o fetal. El incremento de la edad materna también conlleva una mayor frecuencia de parto prematuro y ciertas condiciones laborales y situaciones de estrés en la mujer gestante también se han asociado a una mayor frecuencia de prematuridad16,17
. Aun considerando todos los factores anteriormente citados, no se justifica totalmente la magnitud del incremento en la frecuencia de nacimientos prematuros.
Asimismo, el nacimiento prematuro se ha asociado con numerosos factores socioeconómicos, incluidos el nivel educativo materno, el empleo y los ingresos. Dos trabajos recientes vuelven a mostrar que estas diferencias en la frecuencia de prematuridad en relación con el nivel socioeconómico persisten. En el estudio Noruego14, publicado en el 2006, se muestra como la tasa de prematuridad es mayor en las mujeres que presentan un nivel educativo bajo cuando se comparan con las mujeres con niveles educativos altos (odds ratio [OR]: 1,55; intervalo de confianza del 95% [IC 95%]: 1,48-1,62). Esta diferencia se mantiene, más o menos estable, a lo largo de todo el periodo de tiempo estudiado. En el área de salud de Trent en el Reino Unido18 se valoró la frecuencia de nacimientos con una edad gestacional < 32 semanas en el periodo de tiempo de 1994 a 2003. La frecuencia de nacimientos muy prematuros fue de 1,64 % en las clases sociales más desfavorecidas frente a 0,85 % en las clases sociales más favorecidas (OR: 1,94; IC 95%: 1,73-2,17). Por tanto, no solo la prematuridad de forma global es significativamente mas frecuente en las mujeres con menos recursos, sino que también el nacimiento de niños muy prematuros (niños con una edad gestacional < 32 semanas) es dos veces mas frecuente en las mujeres pertenecientes a las clases sociales mas desfavorecidas. Si a esto se añade el hecho de que uno de los determinantes de la evolución a corto y medio plazo de los niños muy prematuros es el nivel educativo materno19, nos encontramos que los niños mas inmaduros suelen nacer en familias de pocos recursos y que además esta situación familiar, sobre todo el bajo nivel educativo de la madre se asociará a una peor evolución.

El cuidado y el estudio de la evolución de los niños muy prematuros o de muy bajo peso (peso al nacimiento < 1.500 gramos) han sido el objetivo prioritario de los equipos de neonatología y, durante las dos últimas décadas, numerosísimos estudios se ocupan de todos los aspectos en relación con la atención de estos niños. Sin embargo, aunque los nacimientos entre la 32 y la 36 semana de gestación son al menos cinco veces más frecuentes que los nacimientos antes de la 32 semana, su repercusión en la salud pública no está bien estudiada y apenas ha merecido atención. La tendencia a la banalización de los problemas que presentan este colectivo de niños prematuros se ha hecho patente hasta en la denominación que han recibido. Al grupo de niños nacidos entre la 34 y la 36 semanas se les ha denominado “casi término” dejando de lado en la denominación su característica principal que no deja de ser la prematuridad. Recientemente Engle y colaboradores20 proponen que se pasen a denominar “prematuros tardíos”, ya que el termino de “casi término” puede condicionar decisiones obstétricas que no tengan en consideración la mayor mortalidad y morbilidad que presentan estos niños cuando se les compara con los nacidos a término. Estos prematuros tardíos presentan una inmadurez fisiológica y metabólica y, por tanto, van a desarrollar complicaciones médicas que obliga a su ingreso en las Unidades Neonatales con una frecuencia mucho mayor que los nacidos a término. En un gran estudio de cohortes21 que tenía como objetivo determinar la frecuencia de ingreso en la Unidad Neonatal a las distintas edades de gestación mostró como el 88% de los prematuros nacidos a la 34 semana ingresaban, el 54% de los nacidos a la 35, el 25% de los nacidos a la 36, el 12% de los nacidos a la 37 y el 2,6% de los nacidos entre la 38 y la 40 semanas.
La gravedad de las patologías que presentan se puede deducir del incremento de mortalidad cuando se les compara con niños a término. En el año 2002 la mortalidad de los prematuros tardíos en Estados Unidos fue 4,6 veces mayor que la de los nacidos a término. Presentan también mayor frecuencia de reingreso y existe también cierta información que sugiere que presentan un mayo riesgo de parálisis cerebral22, problemas del lenguaje23 y alteraciones del comportamiento y de competencia social24. A pesar de que son los prematuros más frecuentes, el coste emocional, personal y económico de los prematuros tardíos no está suficientemente descrito.
Si centramos nuestra atención en el otro extremo de la prematuridad, en los niños extremadamente prematuros (edad de gestación < 26 semanas), además de la discusión médica sobre las patologías que presentan durante su ingreso, su evolución y sus determinantes pronósticos, nos encontramos con importantes aspectos éticos que se han desarrollado en torno a las decisiones de tratar o no tratar a los niños en el límite de la viabilidad. No hay un acuerdo universal sobre el significado preciso de “límite de la viabilidad”, pero actualmente la mayoría de los autores que utilizan este término se refieren a niños por debajo de la 26 semana. En abril de 2008, Tyson y colaboradores25 han publicado los resultados del seguimiento de una cohorte de 4.446 niños nacidos entre la 22 y la 25 semana de gestación. El 83% ingresaron en cuidados intensivos neonatales. A los 18 meses de edad corregida el 71% había fallecido o presentaba discapacidad. Se asoció con mejor pronóstico el sexo femenino, los corticoides prenatales, el ser feto único y tener un mayor peso de nacimiento. A pesar de estos resultados y, sorprendentemente, cuando lo que se analizan son los factores que se asocian a la decisión de no proporcionar cuidados intensivos, las niñas tienen menos probabilidad que los niños de recibir un tratamiento activo. Si se consideran los resultados de este estudio, la decisión de si se debe tratar o no a los niños por debajo de 26 semana de gestación sigue estando en una “zona gris”, muy gris. Es difícil justificar el sufrimiento y el coste emocional para el propio niño y para su familia que supone el tratamiento en cuidados intensivos de los niños extremadamente prematuros, más aun considerando los resultados tan desfavorables que se encuentran a medio plazo. Los autores de este excelente estudio proponen una herramienta informática que permite predecir a nivel individual las probabilidades de buena evolución. De esta forma, tanto los neonatólogos como las familias, podrían disponer de un instrumento que permite estimar de forma más precisa la magnitud del beneficio que puede proporcionar el cuidado intensivo para un niño concreto, considerando como limitación las diferencias que pueden existir entre los distintos centros.
Para la toma de decisión sobre si iniciar el tratamiento en un niño con una edad gestacional por debajo de la 26 semanas, desde hace ya tiempo y en la mayoría de los países, se involucra a los padres y, en último término, en aras al principio de autonomía, son ellos, como garantes del mejor interés para el niño, los que toman la decisión definitiva después de la información proporcionada por los profesionales. Aunque esto es así desde un punto de vista teórico, la percepción que tienen los padres en relación la toma de decisión en situaciones críticas, no coincide con lo que supuestamente hacemos los profesionales. Helen Harrison fue madre de un prematuro en 1975 y desde entonces ha trabajado y publicado sobre muchos de los aspectos en relación con la prematuridad, los padres, las cargas familiares y la información que se proporciona a los padres cuando se les involucra en la toma de decisión. Recientemente ha publicado un nuevo trabajo26 en el que refiere como la información que se proporciona por parte de los profesionales es insuficiente en cuanto a las consecuencias de la prematuridad, la reanimación, el tratamiento en cuidados intensivos y sobre todas las posibles opciones. De esta forma, padres insuficientemente informados y en general con una información “errónea” por presentar un sesgo “optimista”, toman decisiones de gran trascendencia para su hijo y para la familia. Harrison critica incluso la forma en la que se presentan los resultados de ciertos estudios que se han considerado como estudios de referencia como por ejemplo el estudio sobre calidad de vida que realizó Sargal y colaboradores27. Según Harrison, estos estudios inducen de forma injustificada a que los profesionales favorezcan el ingreso en intensivos de los niños extremadamente prematuros.

Después haber analizado de forma rápida algunos de los aspectos más polémicos en relación con la prematuridad, podemos quedarnos con una sensación de pesimismo y de cierta perplejidad. Como se ha referido al principio de este comentario, en el año 2008 se ha aportado información a cerca de que las consecuencias de la prematuridad se extienden a lo largo de la vida del individuo. Por otro lado, la frecuencia de prematuridad se está incrementando sin que se haya podido identificar ningún tipo de intervención que pueda detener esta escalada en la frecuencia de nacimientos prematuros. Además, hemos visto cómo la prematuridad en general, y los niños muy prematuros en particular, son más frecuentes en las clases sociales mas desfavorecidas. También se ha puesto de manifiesto la limitada información que hay sobre los prematuros tardíos a pesar de que son los más frecuentes y la tendencia que hay a banalizar su inmadurez fisiológica y metabólica. Por si no fuera suficiente, hemos visto cómo la evolución de los niños de menos de 26 semanas es muy desfavorable y que, por tanto, existen dudas sobre a quien se debería tratar una vez valorados riesgos y beneficios. Por último, a pesar de que se tiende a respetar el principio de autonomía de los padres en la toma de decisión, ellos perciben que la información que les proporcionan los profesionales es insuficiente y sesgada. Pero a pesar de todo lo referido también hay “buenas noticias” en relación con la prematuridad. Sin duda se han conseguido unas cifras de supervivencia que eran inimaginables hace unos años. La pregunta que ha estado en el aire durante muchos años sobre cuál había sido el efecto de la disminución de la mortalidad en la frecuencia de discapacidad ha estado, hasta hace poco, sin una respuesta clara. Ahora mismo, los últimos trabajos publicados muestran como la evolución ha mejorado en los niños con peso entre 1.000 y 1.500 gramos y en los menores de 1.000 gramos la frecuencia de discapacidad se mantiene pero no se ha incrementado28.
El otro aspecto positivo tiene que ver con todo el movimiento que existe en las Unidades Neonatales de los países desarrollados para cambiar el abordaje de los cuidados durante el ingreso de estos niños. Como ya se ha comentado, los Cuidados centrados en el desarrollo tienen como objetivo favorecer el mejor desarrollo neurológico y emocional del niño. En cada una de las manipulaciones que se hacen a los niños se tiene en cuenta su fragilidad y se proporciona el soporte necesario para que se mantenga con patrones de comportamiento lo más organizados posibles. El impacto que estos cuidados pueden tener en el desarrollo de estos niños está aun por medir y aun se precisan de grandes estudios pero todos los resultados que se han proporcionado hasta el momento son muy alentadores29.
Sin duda, la prematuridad es un problema sanitario de primer orden. Para su prevención y para proporcionar el mejor cuidado a los niños que nacen prematuros y a sus familias se requiere la atención no solo desde el ámbito de los servicios de salud, sino también se precisa colaboración de los servicios sociales, educativos e incluso desde el




ámbito laboral.


Consultar la bibliografia en la fuente. Si seguimos uno de los enlaces de la bibliografía...
cuyas conclusiones son que hay un mayor riesgo de problemas de comportamiento y trastornos psiquiátricos en adolescentes cuyo peso al nacer fue inferior a 2000g.
Las negritas no aparecen en el texto original.


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YO AMO A ALGUIEN CON...¿TDAH? by Jordi Badia