viernes, 11 de febrero de 2011

Libro gratuito, edición en español, ¿CÓMO PRUEBAN LOS TRATAMIENTOS?

Un regalo de cara al fin de semana, el libro ¿CÓMO SE PRUEBAN LOS TRATAMIENTOS?, de divulgación gratuita, por deseo expreso de sus tres autores: EVANS, THORNTON Y CHALMERS, cuya primera edición en inglés costó 36 euros.


Se trata de la 2ª edición en castellano de una inteligente y divertida obra divulgativa que estos tres autores publicaron en la British Library. Aunque ha resultado muy útil para los clínicos y otros profesionales sanitarios, está escrito en un lenguaje que puede entender la gente.




Comienza con un caso del siglo XVII, y se hace una pregunta de oportuna actualidad


¿ES NUEVO PERO NO ES MEJOR… O INCLUSO RESULTA PEOR?

Parecería que cada semana aparece una noticia sobre algún efecto colateral imprevisto de un medicamento, un accidente quirúrgico, una infección descontrolada o un embarazo mal atendido. Algunos críticos van más lejos: presentan a la actual medicina basada en la ciencia como un ente deshumanizando…, como si la carnicería que precedió a la cirugía moderna o los venenos que alguna vez se aceptaron como medicamentos hubieran sido más humanitarios.

LA MUERTE DE REY CARLOS II (de Inglaterra)

Sir Raymond Crawfurd (1865-1938) escribió un relato vívido de la muerte del rey Carlos II en 1685. El rey había sufrido un ataque de apoplejía. Sus médicos de inmediato se pusieron en acción, con una diversidad de tratamientos a cual más despiadados:

“Le extrajeron 16 onzas de sangre de una vena del brazo derecho, con un buen efecto inmediato. Según la práctica aprobada en aquel tiempo, se permitió al rey quedarse en la silla donde lo sorprendieron las convulsiones. Le mantuvieron los dientes abiertos por la fuerza para que no se mordiera la lengua. El régimen consistía, según lo describe sucintamente Roger North, en lograr primero que despertara y después evitar que se durmiera. Se habían despachado mensajes urgentes a los numerosos médicos personal es del rey, que acudieron con prontitud para atenderlo; se les convocó sin reparar en las distinciones de credo y postura política, y ellos acudieron. Ordenaron que se le aplicaran ventosas en los hombros si n demora, y que se realizara una escarificación profunda, con la cual lograron extraer otras ocho onzas de sangre. Se administró un potente emético de antimonio [un medicamento para provocar el vómito], pero como tan solo pudieron hacer que el rey tragara una pequeña porción, decidieron duplicar la seguridad del tratamiento con una dosis completa de Sulfato de Cinc. Le dieron purgantes potentes, complementados con una su cesión de clisteres [enemas]. Le cortaron el pelo al rape y le aplicaron sustancias vesicantes cáusticas en toda la cabeza. Y por si todo ello no fuera suficiente, también se solicitó el cauterio al rojo vivo. El Rey pidió disculpas por tardar un tiempo desmedidamente largo en morir.”

Crawfurd R. Last days of Charl es II. Oxford: The Clarendon Press , 1909.

Publicado por Antonio Villafaina en http://saludyotrascosasdecomer.blogspot.com/

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