viernes, 28 de mayo de 2010

Ejercicios para mejorar la falta de atención

Los adultos pueden ayudar a los niños a potenciar esta capacidad imprescindible para el aprendizaje.
Fuente: http://www.consumer.es/web/es/educacion/extraescolar/2009/09/08/187826.php

Los adultos pueden ayudar a los niños a potenciar esta capacidad imprescindible para el aprendizaje
"Se distrae mucho en clase", "no atiende cuando se le habla", "es muy despistado". Muchas de estas frases son pronunciadas de manera habitual por los docentes al describir el comportamiento de algunos alumnos en clase. Pero se resumen en un único concepto: falta de atención. Esta capacidad, básica para desarrollar la mayoría de las tareas escolares, se puede reforzar y ejercitar por medio de juegos y actividades atractivas para los niños.
Autor: Por MARTA VÁZQUEZ-REINA
Los problemas de atención en edad preescolar tienen una relación directa con el fracaso académico. Ésta es una de las principales conclusiones que destaca un reciente estudio realizado por la Universidad de California Davis. La investigación, en la que han participado cerca de 700 niños durante más de 20 años, revela que el déficit o la falta de atención puede frenar el aprendizaje. Cuando esto ocurre desde la etapa preescolar, es probable que afecte al rendimiento en ciclos educativos posteriores.


Muchos de estos niños padecen lo que se denomina déficit de atención con hiperactividad, más conocido como TDAH, un trastorno que afecta a entre un 3% y un 6% de los niños en edad escolar de nuestro país, casi un niño por aula. Una vez diagnosticados, estos menores deben ser tratados por un profesional. Los padres y docentes deben intervenir en los aspectos que les recomienden los expertos.

Los padres y docentes deben intervenir en los aspectos que les recomienden los expertos
Sin embargo, otros motivos favorecen la falta de atención de los más pequeños de manera puntual o generalizada. Son aspectos que afectan a su proceso de aprendizaje y a su actividad en el aula. No aprenden bien los conceptos, tienen lagunas porque no han prestado atención y, cuando estudian, se sienten confusos.
En estos casos, los adultos pueden intervenir y potenciar la capacidad de atención mediante ejercicios sencillos y juegos que enseñen a los niños a retener la información importante e ignorar las distracciones. Estas actividades permiten entrenar tanto la atención visual como la auditiva, ambas muy necesarias para adquirir destreza en el estudio y para ejercitar la memoria.

Es importante mostrar la actividad siempre como un juego, para que los niños estén más motivados

Al trabajar la capacidad de atención, hay que mostrar la actividad siempre como un juego para que los niños estén motivados. Así se recomienda desde el Departamento de Orientación del Colegio San Gabriel, de Alcalá de Henares (Madrid), que aconseja practicar dos o tres veces por semana, durante un máximo de 15 minutos al día. Estos especialistas, que cuentan con un amplio listado de actividades para cada etapa educativa, recalcan que no hay que facilitar la tarea, sino ayudar sólo cuando sea necesario y no marcar los errores. El mismo niño debe ser quien los descubra.

Ejercicios y actividades

En la web "Orientación Andujar" se recoge un amplio listado de ejercicios para mejorar la atención. De utilidad para padres y docentes, se pueden descargar y emplear en el momento en el que se necesiten. En "Psicología y Pedagogía", blog de especialistas en estas disciplinas (infantil y juvenil), se recomiendan un buen número de juegos clásicos, como puzzles, dominó o cartas, para entrenar la atención con los más pequeños.
Además de los recursos que se encuentran en Internet, en casa se pueden realizar otras muchas actividades sencillas, aconsejadas por los orientadores y que ayudan a los padres a potenciar la capacidad de atención de sus hijos:

•Enumerar tres, cuatro o cinco cosas (según la edad) que puede encontrar en casa y pedirle que las traiga para comprobar que ha atendido al listado.

•Decirle una palabra o un número. A continuación, recitar un listado de palabras o números, entre los que se encuentre el anterior, y pedirle que haga una señal cuando lo escuche.

•Colocar diferentes elementos en una mesa, en un orden determinado. Variar luego el orden para que vuelva a colocarlos en el modo inicial.

•Guardar varios objetos en una caja, cerrarla y pedirle que repita el nombre de todos los objetos que están en su interior.

•Disfrazarse con varios adornos y quitarse algunos para que descubra cuáles han desaparecido.

Qué puede hacer el profesor

Captar la atención de los alumnos en clase es uno de los primeros retos a los que se enfrentan los docentes
Captar la atención de los alumnos en clase es uno de los primeros retos a los que se enfrentan los docentes en el aula. El psicopedago Juan Vaello Orts, autor, entre otras obras, del libro 'Cómo dar clase a los que no quieren', considera que en el ámbito escolar se distinguen dos tipos de atención: la del alumnado, que debe ser concentrada en torno a la tarea o al profesor, y la del docente, que debe distribuirse entre todos los estudiantes por igual. Vaello apunta diferentes estrategias para captar la atención y para mantenerla:

•Asegurar la atención de todos los alumnos y no comenzar la clase hasta haberlo conseguido.

•Advertir al alumno distraído de manera individual, llamarle por su nombre. Si este paso es ineficaz, conviene hacer una advertencia personal privada.

•Detectar los elementos que pueden distraer a los estudiantes e intentar anularlos.

•Colocar a los alumnos de menor rendimiento más cerca del docente.

•Iniciar la clase con actividades que favorezcan la atención, como preguntas breves sobre la clase anterior o ejercicios prácticos.

•Utilizar distintas formas de presentación de los contenidos de la materia, como lecturas, videos, etc. Variar las tareas que deben realizar los estudiantes para evitar la monotonía.

•Detectar cuáles son las metodologías que consiguen un mayor nivel de atención en los alumnos y utilizarlas en los momentos claves, como al final de la clase, cuando están, en general, más cansados.

Por otra parte, Isabel Orjales, doctora en Pedagogía, señala en su manual para padres y educadores 'Déficit de atención con hiperactividad' diferentes tácticas para mantener el nivel de atención individual de los alumnos con este trastorno, pero que pueden utilizarse con estudiantes que denotan en el aula falta de interés y exceso de distracción. La base fundamental es conseguir que este alumno participe en el aula: sacarle a la pizarra o hacerle preguntas frecuentes y fáciles para favorecer su dinamismo en clase. Para conseguir atraer su atención y evitar que se disperse es recomendable acercarse a su mesa y continuar allí la explicación, o bien apoyar la mano en su hombro mientras se expone al resto de los estudiantes.

ETIOLOGÍA DE LA DISLEXIA

Publicado en BREAL-Dislexia

Fuente: http://alternativasterapias.blogspot.com/
Recomiendo visitar la fuente ya que en su blog Rosina añade unos comentarios muy interesantes.

Otra gran cuestión que envuelve este trastorno es el origen del mismo, es decir, su etiología. A lo largo de los años se ha hablado de genética, dominancia cerebral, lateralización, alteración cognitiva, etc.
Según la Associació Catalana de Dislèxia i altres dificultats específiques, la historia familiar es uno de los factores de riesgo más importantes ya que en este trastorno se ha observado un alto componente genético. Hasta el 68% de personas disléxicas tiene un progenitor o ambos con el mismo problema, y el hermano de un disléxico tiene el 40% de posibilidades de tener el mismo trastorno. Pennington (1996) coincide con este último dato, destacando que el 40% de los hermanos de niños disléxicos tienen en mayor o menor grado el mismo trastorno y en los padres de disléxicos la prevalencia va desde el 27 hasta el 49%. Teniendo en cuenta estos datos es fácil afirmar que la dislexia tiene una fuerte carga genética, aunque no está demostrado el tipo de herencia por el que se rige.


Por otro lado, han sido muchos los estudios que han pretendido esclarecer las causas de la dislexia, buscando en déficits neurológicos.
En un primer estudio se llegó a la conclusión de que la dislexia se debía a un defecto congénito del cerebro que afecta a la memoria visual de las palabras y letras, cosa que les provoca las dificultades que manifiestan estos sujetos en reconocer o comprender las palabras escritas.
Otro estudio posterior determinó que la dificultad de establecer la dominancia cerebral en cuanto a la competencia de imágenes provocaba la estrefosimbolia, esto es, invertir los símbolos.

En 1956 Drew realizó un estudio según el cual las dificultades en el reconocimiento e interpretación de las palabras se explican a la existencia de ceguera verbal congénita, cosa que se debe a un retraso en el desarrollo de los lóbulos parietales.

Años más tarde, en 1970, Critchley concluyó que la causa de la dislexia era la inmadurez del desarrollo cerebral, cosa que provocaría las rotaciones, inversiones, omisiones, sustituciones y los problemas de pronunciación y análisis estructural.

Un estudio sobre los problemas de conducta de los niños disléxicos (Hirsch, 1968) vuelve a poner el acento en el retraso de la dominancia lateral, lo cual sería causante de la mala memoria para los detalles, la distorsión en la reproducción de configuraciones espaciales, los problemas viso-motores, la desorganización personal, etc.

Actualmente, sin embargo, existe controversia respecto a los factores neurológicos implicados en la dislexia.

Rosa Mª Rivas Torres y Pilar Fernández Fernández (1994) destacan las aportaciones procedentes desde perspectivas neurológicas y cognitivas, analizando los factores neurológicos estudiados en relación a la dominancia cerebral y la lateralidad, por un lado, y los factores cognitivos responsables en el proceso de lectura, por el otro.

Para estas autoras, los signos y síntomas que muestra un sujeto disléxico se deben a un retraso madurativo que provoca una afectación de las relaciones espaciotemporales, la motricidad, la discriminación perceptiva, los procesos simbólicos, la capacidad atencional y numérica y/o las habilidades sociales y personales.

En la misma línea se encuentra Margarita Nieto (1988), quien considera que la dislexia se debe a una inmadurez o disfunción neuropsicológica, ya que las dificultades que presentan los sujetos disléxicos son las mismas que manifiestan, de modo transitorio, los lectores aprendices.
Siguiendo estas dos categorías establecidas, vamos a hacer un repaso por las conclusiones extraídas a raíz de los resultados de diferentes estudios que comparan disléxicos y buenos lectores.
Empezando, pues, con los factores neurológicos Monedero (1984) expone que la mayoría de sujetos disléxicos presenta lesiones cerebrales, no obstante, existe un acuerdo generalizado en afirmar que no existe relación causal entre la alteración orgánica y las dificultades de aprendizaje de la lectura.
Dentro de los trastornos neurológicos, se encuentran los perceptivos, tanto visuales como auditivos. En cuanto a los primeros, ante el gran porcentaje de niños disléxicos que presentan dificultades en pruebas visomotoras, de localización y apareamiento visual y análisis visual, algunos autores, como Leisman (1976), concluyen que los sujetos con dislexia presentan dispraxia ocular y no lateralización de la mirada, cosa que provoca sacudida oculares tan rápidas que impiden al cerebro procesar la información. En relación a los trastornos auditivos, a pesar de que los autores no llegan a un acuerdo, la hipótesis fonológica es la más respaldada, apoyada por Monedero (1984) entre otros, la cual explicaría los problemas de segmentación, identificación de fonemas, rima, etc.

En relación a los problemas de organización espaciotemporal, manifiestos por las dificultades que presentan los niños disléxicos al orientar las letras o recorrer las líneas, los autores tampoco se ponen de acuerdo.

Por último, dentro de los factores neurológicos, también encontramos los estudios sobre lateralización. La dominancia cerebral y la especialización hemisférica han sido posiblemente los factores a los que se les ha otorgado, con más frecuencia, el papel de causantes de la dislexia. Sin embargo, los autores apuntan a que la lateralidad por ella misma no es causante de ningún trastorno, sino que lo que causaría dificultades sería el no establecimiento de dominancia y especialización, es decir, un cerebro inmaduro en ese sentido.

Por otro lado, desde los años ochenta, con la aparición de la psicología cognitiva, empiezan a cobrar importancia los procesos implicados en la lectura como punto de partida para describir y estudiar los componentes afectados en la dislexia.

Así, se estudia el papel de la memoria en la lectura y los déficits que estos niños presentan, sobretodo en la memoria a corto plazo, sin llegar a una explicación clara y unánime. También se estudian, a parte, los problemas de lenguaje oral, y son muchos los autores que los correlacionan con las dificultades de lectura. Actualmente, coinciden en que los sujetos con dislexia presentan problemas en la codificación fonológica, no en el procesamiento verbal general.
Cierto es que no existe unanimidad respecto a las causas de la dislexia, aunque todo parece indicar que la inmadurez cerebral es la explicación más apoyada últimamente.

Bibliografía

• Esclat Lovat, Joan. “La dislexia. Un enfoque rehabilitador en la lecto-escritura”. Isep textos. 1999

• Artigas, Josep. “15 cuestiones básicas sobre la dislexia”. Coorporació Sanitària Parc Taulí. 2005. Artículo extraído de: http://www.cspt.es/

• Oltra Abarca, Vicente. “Dislexia: Información, Diagnóstico y Tratamiento de la Dislexia”. Artículo extraído de: http://www.psicopedagogia.com/

• Rivas Torres, Rosa Mª y Fernández Fernández, Pilar. “Dislexia, disortografía y disgrafía”. Ediciones Pirámide, S.A. 1994.

Sheila García

sheila.garpe@gmail.com

Diciembre, 2009

jueves, 27 de mayo de 2010

Niños dopados. Menores sobremedicados en Chile.

En Estados Unidos, fármacos como el Ritalín y Concerta incrementaron sus ventas para niños a niveles alarmantes: 2,5 millones entre 1995 y 2000. Como somos la copia feliz del Edén, nuestra realidad se acerca a la norteamericana. Los expertos alertan: “Sólo un 10% de los llamados niños hiperactivos necesita Ritalín y el 90% restante sufre sólo problemas educativos y sociológicos y su comportamiento es una reacción a su entorno”.
Leyla Ramírez La Nación 1 Jun

Carolina es profesora de educación musical en un colegio de la comuna Pedro Aguirre Cerda. Se acostumbró a ver llegar hasta su sala de clases a Diego, un alumno de 9 años reconocido por ser “el centro de mesa”. “A mí de verdad me gustaba como era Diego. Yo lo encontraba alegre, despierto. Era un poco inquieto, pero normal, nada terrible”, cuenta Carolina, quien quedó helada de asombro el día en que el mismo niño animado que ella conoció llegó al colegio convertido en otro. “Nadie sabía lo que le pasaba. Se apagó, nunca volvió a ser el mismo. Ahí me enteré que otra tía le había recomendado a la madre de Diego llevarlo al neurólogo por déficit atencional. Le dieron pastillas”.
Carolina cuenta que entre sus alumnos ya se ha hecho habitual el mismo diagnóstico de Diego, pero ella se revela ante la uniformidad de los resultados: “No creo que todos los niños tengan déficit atencional. No puede ser. Les dan pastillas para que se calmen, pero es tarea de los educadores buscar formas para integrarlos, para que tomen en cuenta lo que les enseñas”, concluye resignada Carolina.
La sobremedicación de los menores no es un tema reciente en Chile, pero los expertos coinciden en que el objetivo del Ritalín se ha vuelto muy similar al que cumple el Ravotril en los adultos chilenos.

Pastilla de la obediencia

Como el trastorno por déficit de atención es a veces acompañado de estallidos de mal genio y otros comportamientos perturbadores, algunos médicos recetan antipsicóticos a los niños para aplacarlos, una estrategia que algunos especialistas y padres dicen que da resultado. La fórmula mágica viene de la mano del metilfenidato, comercializado bajo los nombres de Ritalín y Concerta.
Este sicoestimulante es un derivado anfetamínico clasificado en el cuadro de los estupefacientes que actúa sobre el sistema nervioso central. Indicado para el tratamiento del déficit atencional, con o sin hiperactividad en niños mayores de 6 años, tiene como propiedad ayudar a los jóvenes pacientes a centrar mejor su atención, lo que le ha valido el sobrenombre de “píldora de la obediencia”.

Pero muchos niños que presentan exceso de inquietud o se distraen fácilmente, requieren de una intervención que explore la causa del trastorno.
Claude Bursztejn, jefe de servicio de los hospitales universitarios de Estrasburgo, resumió a la perfección el punto central del problema, en una nota publicada hace unos meses en “Le Monde Diplomatique”: “el Ritalin está en vías de trivializarse, porque se presenta como a la insulina para los diabéticos”.
Una postura con la coincide la sicóloga clínica Esther Morales, quien sostiene que el aumento en la medicación de sicofármacos en niños también se da en Chile, siendo alentado por las farmacéuticas –para aumentar sus ventas- y por los colegios que no quieren en sus filas a niños inquietos o distintos. “Me llama la atención que cuando un niño tiene algún tipo de problema siempre le piden a los padres que lo envíen al neurólogo. Muchas veces bajo amenaza de expulsión. En el fondo lo que le están pidiendo a esos padres es que le den Ritalín al niño. Lo que esos colegios quieren -y es muy penoso que la educación chilena sea así- son puntajes para lucir. La salud mental de los niños les importa nada. Y eso es antiético e inmoral”.
La experta lleva más de 20 años tratando con éxito niños diagnosticados con síndrome de déficit atencional sin necesidad de recetar siempre fármacos. Ella prioriza la evaluación en forma individual de los padres, del menor y pide el apoyo de los docentes. “Lo que pasa es que la gente quiere soluciones mágicas y como la pastilla actúa rápido, entonces creen que con eso solucionan el problema, pero se equivocan. A veces haciendo una intervención con los padres y a nivel escolar con la profesora jefe, solicitando su colaboración en cuanto a un trato más amable y cariñoso con el niño, se logran resultados asombrosos”, dice.
En la misma línea, Daniza Pérez, psicóloga y subjefa del área de prevención del Conace dice que recetar un fármaco de este tipo es una medida que debe adoptarse tras una completa evaluación del niño y que el error de algunos profesionales tiene que ver con saltarse pasos necesarios en el diagnóstico y el manejo de los síntomas. A lo anterior se suma “la urgencia de la familia o el colegio que demandan o solicitan al médico la indicación de algo rápido, mágico y efectivo que les arregle el problema, sin escuchar muchas veces lo que los síntomas nos quieren decir”.
Pérez hace ver también la responsabilidad de la familia. Afirma haber visto como muchos padres se quedan sólo con la solución farmacológica que alivia a los niños momentáneamente, pero se resisten a seguir el tratamiento completo más a largo plazo como por ejemplo la sicoterapia o la incorporación de terapias complementarias (* ver abajo).
Lo cierto es que diversos estudios indican sólo un 10% de los llamados niños hiperactivos necesita Ritalín y que el 90% restante sufre sólo problemas educativos y sociológicos y su comportamiento es una reacción a su entorno.

Laboratorios felices

Los expertos dan la luz de alerta de lo que sucede en Chile y para eso revelan las cifras rojas de los países desarrollados. Sólo en EEUU estos medicamentos incrementaron sus ventas para niños a niveles alarmantes: 2,5 millones entre 1995 y 2000. En muchos casos la receta fue extendida por trastornos por déficit de atención u otros problemas de comportamiento para los que esos medicamentos no han demostrado ser útiles. Ritalin y Prozac lideran las cifras.
Otros países del globo siguen la línea norteamericana. Según un informe publicado en el “Archivo de Enfermedades de la Niñez”, una revista especializada en medicina infantil, en la última década el número de niños tomando antidepresivos aumentó en un 70%. El trabajo lo realizó la Universidad de Londres sobre las tasas de prescripción de medicamentos en nueve países, incluidos Gran Bretaña, Francia, Canadá, Argentina, Brasil y México.
Los autores del informe encontraron que los médicos en estos países ahora están mucho más inclinados a recetar a los niños medicinas contra la depresión, la ansiedad, la hiperactividad y otras condiciones mentales, de lo que estaban hace cuatro años.
Otra mala costumbre que estamos a punto de copiar.

* TERAPIAS COMPLEMENTARIAS

Esther Morales comenta que en el tratamiento que hace con los niños incorpora terapias complementarias como flores de Bach, homeopatía y Reiki, que asegura dan muy buenos resultados en los menores y no son invasivos. Así también aconseja cambios en la alimentación para reducir el nivel de hiperactividad en los pequeños: eliminar azúcar blanca, alimentos chatarra y bebidas con colorantes, preservantes y saborizantes. Privilegiar alimentos naturales, verduras crudas, bajar el consumo de carnes con hormonas como el pollo, eliminar la Coca Cola, “una bebida adictiva que los acelera”.
Lo mismo hace Daniza Pérez –además terapeuta floral- quien sostiene que para sintomatología depresiva, ansiosa, problemas de concentración y de conducta, previa evaluación que descarte origen neurológico, las flores de Bach tienen un efecto muy positivo, pues armonizan energéticamente las emociones del niño, mejorando estados anímicos, alegrando la vida, disminuyendo la ansiedad y controlando los impulsos, lo que puede mejorar mucho la concentración y los problemas de aprendizaje de tantos niños que están interferidos por un desequilibrio a nivel de sus emociones que los lleva a manifestar problemas conductuales y/o de aprendizaje. www.lanacion.cl

miércoles, 26 de mayo de 2010

DECLARACIÓN DEL DR. PETER BREGGIN ANTE EL CONGRESO DEL LOS E.U

Esta es una declaración del psiquiatra Dr. Peter Breggin de Harvard ante el congreso de los EEUU.
Fuente: http://adhdpuertorico.blogspot.com/

 LO QUE EN REALIDAD ESTÁ PASANDO



A los niños se les diagnostica con ADHD (TDAH) cuando entran en conflicto con las expectativas y demandas de padres y maestros. El diagnóstico del ADHD es simplemente una lista de los comportamientos que comúnmente causan conflictos y perturbación en el salón de clases, sobretodo en aquellos donde se exige un alto grado de obediencia y conformidad.

Al diagnosticar a un niño con ADHD, la culpa del conflicto recae sobre el niño. En lugar de examinar el contexto de la vida de ese niño, por qué es desobediente en el salón de clases y la casa, el problema se le atribuye a una falla en el cerebro del niño. Tanto el salón de clases como la familia quedan libres de crítica o de la necesidad de mejorar y en cambio, al niño se le convierte en la fuente del problema.

La medicación del niño entonces se convierte en una respuesta coercitiva ante un conflicto donde el miembro más débil del conflicto, el niño, es drogado para que responda a un estado más complaciente y sumiso. La inducción, por medio de la droga, de un desorden obsesivo-compulsivo en un niño, cuadra con el requerimiento de obediencia en relación a unas tareas escolares que de otro modo son agobiantes y aburridas.

 CONLUSIONES Y OBSERVACIONES


Muchos observadores han concluido que nuestras escuelas y nuestras familias están fracasando en hallar las necesidades de nuestros niños en variedad de áreas. Enfocándonos en la escuela, muchos maestros se sienten abrumados por las condiciones del salón de clases y preparados pobremente para manejar los problemas emocionales de los niños. Los salones mismos con frecuencia son muy grandes, con pocos asistentes y voluntarios para prestar ayuda, y los materiales educativos con frecuencia están obsoletos o aburridos en comparación con las tecnologías modernas que apelan a los niños.

Al diagnosticar y drogar a nuestros niños, transferimos la culpa de los problemas de nuestras instituciones sociales y de los nuestros como adultos, al relativamente indefenso niño que está a nuestro cuido. Les hacemos daño a nuestros niños al fallar en identificar y satisfacer las verdaderas necesidades educativas de maestros mejor preparados, salones más amistosos tanto para el maestro como para el niño, currículos más inspirados y salones tecnológicamente superiores.

Mientras diagnosticamos y drogamos a nuestros niños, evitamos encarar asuntos críticos en torno a reformas educativas. De hecho, drogamos a niños que están dando signos de la necesidad de reformas y sometemos a todos los niños a la obediencia ante nuestro sistema burocrático.

Finalmente, cuando diagnosticamos y drogamos a nuestros niños, nos despojamos de poder como adultos. Mientras podemos sentir alivio momentáneo del sentido de culpa, imaginando que el problema radicaba en el cerebro defectuoso de nuestros niños, al fin y al cabo amenazamos nuestra habilidad de efectuar las intervenciones de adulto que nuestros niños necesitan. Nos convertimos literalmente en espectadores de la vida de nuestros niños.

Es tiempo de reclamar a nuestros niños ante esta visión médica falsa y supresiva. Aplaudo a esos padres que tienen la valentía de rechazar darles estimulantes a nuestros niños y en su lugar buscan identificar satisfacer las necesidades genuinas educativas, domésticas y comunitarias

viernes, 21 de mayo de 2010

La “hiperactividad” infantil según la psiquiatría

El siguiente texto es bastante extenso pero merece la pena leerlo con atención. Es muy crítico con la psiquiatría pero sobretodo con el uso de psicoestimulantes en niños.
Publicado en 3a Parte: Hasta que tu nombre se te olvide por chechar en Mayo 15, 2009

En septiembre de 1970 en una audiencia denominada Federal Involvement in the Use of Behavior Modification Drugs on Grammar School Children el doctor Ronald Lipman de la agencia gubernamental Administración de Alimentos y Medicinas estadounidense (FDA por sus siglas en inglés) testificó: “La hiperquinesia es algo que hace que el niño entre en conflicto con sus padres, compañeros y profesores.” Aunque en teoría la FDA debiera regular los intereses de la Big Pharma, en la práctica no cumple su papel. La audiencia de 1970 fue el primer paso en lo que podría llamarse el diseño empresarial de enfermedades. Diecisiete años después, en 1987, los siquiatras votaron para que el “Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad” (TDAH), el nuevo nombre para la hiperquinesia y literalmente una lista de conductas, fuera considerado existente y lo incluyeron en el DSM-IV. Como resultado, al año siguiente medio millón de niños alrededor del mundo ya habían sido diagnosticados con el “trastorno”.




Una de las mayores inmoralidades de Amara me pareció su frecuente diagnóstico del “déficit de atención” a los niños que no pueden concentrarse en el sistema pedagógico medieval que subsiste en México. En los programas Amara diagnosticó a varios niños y expresó que algunos iban “a necesitar medicación”. Es muy sospechoso que, a lo largo de una de las semanas que grabé el programa, María Elena Micher, la interlocutora, anunciara una conferencia de Amara en la sala de conferencias de Laboratorios Novartis.[5] Novartis es la firma que manufactura Ritalín, llamado Rubifen en España y manufacturado por Laboratorios Rubió en ese país. Ritalín/Rubifen es la droga que se les da a los niños “hiperactivos”. Ahora bien, Amara es uno entre varios siquiatras que hace la propaganda al “trastorno”. Por lo mismo, la conexión con Novartis no puede pasarse por alto: ese “trastorno” generalmente va acompañado de medicar al niño con Ritalín. Irónicamente, en los años ochenta Amara inscribió a su hijo no a una aburrida escuela pública como las de sus radioescuchas, sino al Instituto Freire, una de las menos represivas en México. Ahí su hijo logró poner atención. Por eso dije que es inmoral el hecho que Amara diagnostique de atención deficiente a los niños de las madres de bajo estrato sociocultural que hablan al programa. Estas señoras jamás tuvieron los recursos para que sus hijos se educaran en escuelas progresistas.



En octubre de 2005 escuché a un alto funcionario mexicano de salud mental, el doctor Enrique Camarena Robles, decir que en el país “están afectados seis millones de niños” con problemas de salud mental. En la ponencia el funcionario dejó claro su deseo de “diagnósticos tempranos” y reiteradamente habló de “detección temprana de trastornos” siquiátricos en los chicos. A Camarena Robles le molesta que en Quintana Roo sólo haya siete siquiatras familiares (en la capital hay 600 siquiatras familiares y en Guadalajara 400).

La campaña para convencer a la sociedad civil de la realidad de la epidemia no sólo la hacen los funcionarios públicos. También la hacen las ONGs que tienen nexos con la industria farmacéutica. Por ejemplo, en noviembre de 2004 la Comisión de Salud de la Cámara de Diputados, conjuntamente con la Fundación Federico Hoth, presentó un simposio sobre la llamada hiperactividad. Las declaraciones que escuché de estos profesionales y siquiatras fueron increíbles. Todos los ponentes estuvieron de acuerdo en administrarle anfetaminas y estimulantes al niño para controlarlo.

El primer ponente, el doctor Alfredo Suárez Reynaga, declaró que en México hay 1, 600,000 niños que padecen TDAH y se quejó de que muy pocos de éstos estén medicados; y la última ponente se quejó de que en México sólo exista un hospital siquiátrico para niños. La maestra María Elena Frade Rubio, la segunda ponente, invirtió causa-efecto al declarar que el niño que no pone atención “produce violencia intrafamiliar”. La declaración de Frade Rubio fue un pronunciamiento psicótico. Lo más natural es pensar que son los padres que violentan al niño quienes ocasionan las conductas desagradables del niño en casa. ¡No viceversa! Exactamente la misma psicosis padeció la doctora Carmen Armengol al decir: “los padres son más punitivos” con los niños. En la Lógica Wonderland de estas doctoras quienes tienen el poder en una familia —los padres— son las víctimas desamparadas del niño, y estos grandullones no tienen más remedio que recurrir a “acciones punitivas” con el pequeño que se distrae en la escuela. Armengol añadió que “el diagnóstico no estigmatiza” omitiendo decir que incontables niños se han quejado de que lesionó su autoestima. Tanto esta doctora como el doctor Luis Barragán Díaz presentaron el rosario de hipótesis biologicistas sobre la hiperactividad —sobrecargo de dopamina, defectos en el patrón migrante de neuronas, metabolismo ineficaz, estudios genéticos— no como meras hipótesis. Las presentaron a los diputados y al resto del público como hechos comprobados. El doctor Barragán Díaz incluso comparó a la hiperactividad con la diabetes. A mí se me revolvían los hígados a lo largo de las varias horas que duró el simposio en la Cámara de Diputados. Al final el diputado José Ángel Córdoba Villalobos, quien presidió el simposio, declaró que la evidencia científica que presentaron los médicos era contundente. Solicité el micrófono y con suma indignación rebatí, desde el público, los alegatos biologicistas. Armengol también había dicho que lo biológico del trastorno era evidente al notar que la población con hiperactividad tenía “menos materia cerebral”. Una vez más: la siquiatra invirtió causa-efecto. No es la llamada “hiperactividad” lo que encoge los cerebros, sino la administración a largo plazo de anfetaminas al niño. ¡No por nada en Estados Unidos les llaman shrinks —encogedores— a los siquiatras!

QUISIERA llamar la atención sobre un truco particularmente efectivo con el que los siquiatras nos han estado engañando por mucho tiempo. En el programa del 10 de julio de 2001 Amara dijo que después de una larga búsqueda ¡por fin se había encontrado la causa biológica del TDAH en los niños! Que hasta muy recientemente se desconocía la causa, pero que se acababa de detectar algo relacionado con la carencia de cierta proteína. La carencia se debía presumiblemente a un mal genético: la etiología de ese trastorno infantil.

Imaginémonos que vamos manejando en el coche una mañana y que escuchamos el programa de radio. ¿Qué efecto tendrían las palabras del médico en nuestros oídos, especialmente si van acompañadas de términos técnicos sobre la fisiología cerebral de los niños, referencias médicas e instituciones respetadas? Hace años, cuando oía a un profesional hablar así en la televisión, me tragaba lo que decía el profesional. ¿Cómo podía imaginar que muchos médicos y profesores son gente autoengañada? ¿Qué individuo común puede sospechar que en las universidades del mundo se enseña una ciencia charlatana? Sólo para mostrar dónde radica la falacia de Amara sobre la carencia de la proteína x que causa el TDAH mencionaré cómo, con esa misma retórica, los siquiatras nos han engañado con otra de sus putativas enfermedades: la esquizofrenia.

Desde sus orígenes la empresa siquiátrica inició de manera poco creíble. En la ciencia médica real y en las ciencias exactas en general, el trabajo de aquellos científicos a quienes no les concierne el proceso causativo se considera de escasa importancia. Ya desde tiempos de Demócrito se decía “Preferiría descubrir una causa antes de poseer el reino de los persas”. En medicina, los diagnósticos científicos son etiológicos. Los diagnósticos sindromáticos no son tan relevantes. Por eso es notable que en un libro publicado en 1985 Jerrold Maxmen, profesor de siquiatría en la Universidad de Columbia, escribiera: “Generalmente no es reconocido el hecho que los psiquiatras son los únicos especialistas médicos que tratan trastornos que, por definición, no tienen causas o curas conocidas” (cursivas de Maxmen).[6] Por lo mismo desde el siglo XIX los siquiatras han estado diciendo que estaban a un tris de encontrar la causa biológica de la locura.

En 1884 Johann Thudichum, el fundador de la neuroquímica moderna, creía que la causa de la locura eran “unos venenos que se fermentaban en el cuerpo”. Algún tiempo después el alegato de Thudichum fue descartado por sus colegas. Posteriormente, a lo largo del siglo XX las más diversas y mutuamente exclusivas aseveraciones fueron propuestas como el supuesto descubrimiento que causaba la esquizofrenia: desde toda vitamina, hormona y enzima imaginable en las décadas anteriores a los 1950, hasta sustancias exóticas y neurotrasmisores como serotonina, taraxeina, ceruloplasmina, adrenalina-adrenocroma y endorfina posteriormente. El neurotrasmisor que actualmente se encuentra de moda como “el descubrimiento científico” que causa la esquizofrenia es la dopamina.[7]

La verdad es que cada nueva generación de médicos y siquiatras se ha desilusionado con los “descubrimientos” de sus predecesores porque el paso del tiempo mostró que las sustancias y neurotrasmisores arriba mencionados no causaban la locura. Esto es algo sobre lo que muchos siquiatras se encuentran perfectamente conscientes. No obstante, jamás se les ocurre pensar que toda esa búsqueda médica que tiene más de cien años sea una vana búsqueda porque los sacaría del mercado. No olvidemos lo dicho por Mosher y Breggin: la Asociación Psiquiátrica Americana no podría subsistir sin el apoyo de las multinacionales farmacéuticas. Lo que es más, la siquiatría es la única profesión que utiliza sus fracasos para justificar más subsidios millonarios, y hasta la fecha se ha salido con la suya. A menos que los científicos despierten y expulsen a los seudos de las universidades la investigación siquiátrica continuará indefinidamente. Pero como en los últimos decenios los siquiatras anunciaron cada “descubrimiento” con gran fanfarria en los medios de comunicación, la gente ha sido implantada con la idea que se está descubriendo que las perturbaciones mentales son de naturaleza biológica. No importa que cada una de las teorías biológicas de la esquizofrenia citadas arriba haya sido abandonada: el daño en la mentalidad pública está hecho. ¿Quién recuerda haber escuchado en los medios que, después de largas investigaciones sobre el ceruloplasmina, “resultó que no es la sustancia que causa la esquizofrenia, como se creía”? Lo que la Big Pharma airea a los cuatro vientos es únicamente lo que promueve la fe biologicista.

Mi diagnóstico es que los siquiatras, neurólogos, pediatras y médicos generales que hacen su modus vivendi recetando psicofármacos son gente que se ha autoengañado para lucrar. Sólo en Estados Unidos la industria farmacéutica invierte más de 12 mil millones de dólares al año en publicidad (más del veinte por ciento de los 55 mil millones de ventas totales de fármacos). ¿Cómo estos profesionales pueden estar libres de engaño si esta industria invierte en ese país cinco mil dólares de propaganda por año por cada médico a fin de influir en los medicamentos que receta? El engaño es patente al señalar que ni siquiera la experiencia de fracasos a lo largo de todo un siglo, el siglo XX, en una quijotesca búsqueda de la locura en el reino de lo biológico, ha desengañado a estos profesionales.
Si los siquiatras fueran científicos el rosario de fracasos los habría hecho descartar la hipótesis biológica de la llamada esquizofrenia. Como dijo el filósofo Jerry Fodor: “Cuando le sigues haciendo preguntas a la Naturaleza y la Naturaleza te responde ‘no’, es razonable suponer que en algún lugar de las cosas que crees hay algo que no es verdad”. Pero los siquiatras han hecho lo opuesto: idearon otra hipótesis que está hoy día en boga: que los sistemas dopaminérgicos cerebrales del esquizofrénico están sobreactivados. No hay evidencia científica que respalde esta hipótesis.[8] Tampoco hay evidencia que los niños que se distraen en las escuelas tradicionales estén, biológicamente hablando, enfermos de hiperactividad. Al igual que en la “esquizofrenia”, los niños así diagnosticados no presentan anormalidades en sus cuerpos y su “enfermedad” no puede detectarse con análisis de sangre, rayos X, tomografía cerebral o biopsia. Asimismo, al igual que en la “esquizofrenia” la ausencia de una causa orgánica identificable es la mejor prueba contra la hipótesis biológica de los niños hiperactivos. Esto lo reconoce la misma compañía Novartis. En el Diccionario de especialidades farmacéuticas puede leerse: “Se desconoce la etiología de este síndrome y no existe un examen único para diagnosticarlo. El diagnóstico adecuado requiere el uso de procedimientos médicos, psicológicos, educativos y sociales”.[9]

Los autores del artículo de Novartis ni siquiera se atreven llamarle enfermedad al hecho que los niños no quieran poner atención en la escuela tradicional. Lo llaman “síndrome”, y su misteriosa etiología sugiere más un problema educativo y social que uno médico. En medicina, síndrome designa un conglomerado de síntomas que, al no haber marcador biológico, no pueden considerarse aún una enfermedad. Todas las categorías del DSM, por ejemplo, son clasificadas a través de sus síntomas en lugar de a través de sus causas como en el resto de las especialidades médicas. La misma Asociación Psiquiátrica Americana ha admitido que “no se han establecido pruebas de laboratorio” que identifiquen el TDAH. Por eso de cuando en cuando siquiatras como Amara lanzan al público el formidable dato desinformativo que el misterio acaba de resolverse con un gran descubrimiento —mismo que después de algún tiempo se ve que era un espejismo más de aquellos con los que los siquiatras del siglo XX se engañaron: la taraxeina, el ceruloplasmina, la adrenalina-adrenocroma, la serotonina, la endorfina…

Como he dicho, los alegatos de reduccionismo biológico como la proteína de la que hablaba Amara no aparecen en revistas financiadas por científicos independientes, sino en revistas financiadas por las mismas compañías de drogas. Esto lo ha señalado mucho Fred Baughman, un neurólogo veterano con más treinta y cinco años de experiencia clínica que ha investigado qué hay detrás de la propaganda que se nos vende como el “TDAH” del niño. Baughman es uno de los pocos neurólogos que se ha atrevido a decir públicamente que la única epidemia que existe no se encuentra en la cabeza de los niños, sino en la del adulto; y cómo a través de la publicidad las compañías nos han infectado para hacernos creer en una enfermedad espuria.
El químico comercialmente conocido como Ritalín fue sintetizado desde los años cincuenta. Pero la epidemia de la hiperactividad ha crecido de 150,000 niños en 1970 a cinco millones en 1997, y en Estados Unidos la producción de Ritalín subió el setecientos por ciento entre 1990 y 1997. Se estima que a principios del siglo siete millones de niños toman Ritalín y otros estimulantes en Norteamérica.[10] Un estudio reveló que en diez países el consumo de psicoestimulantes incrementó 12 por ciento al año de 1994 a 2000. Australia y Nueva Zelanda fueron ranqueados en tercer lugar en el uso de estas drogas para niños después de Estados Unidos y Canadá. Una comparación internacional de 2002 mostró que el consumo en Europa es relativamente bajo, aunque ese año se encontraba subiendo.[11] De quince a veinte millones niños se les prescribe algún psicotrópico en todo el mundo (además de los estimulantes están los antidepresivos, los estabilizadores de ánimo, los ansiolíticos e incluso los neurolépticos). El mercado global de psicofármacos para niños es de aproximadamente 1.7 mil millones según Gloria Tsuen, analista de First Investors Corp. en Nueva York. Los escrúpulos de los médicos que le hacen publicidad a la epidemia pueden evaluarse con el dato que los padres de doscientos mil infantes de dos a cuatro años de edad están drogando a estos infantes con Ritalín.[12] Desde 2005 otro laboratorio comenzó a vender la misma droga con otro nombre: Tradea.




En México, el consumo de estimulantes y psicotrópicos a niños ha aumentado dramáticamente. En 1993 las ventas anuales del país fueron de $1,300,000 y para 1996 $5,000,000 según datos del doctor Roberto Kreshmer de Epidemiología IMSS Centro Médico Nacional. Para 2001 las ventas escalaron dramáticamente a $21, 000,000 según el doctor Alfonso Moguel de la misma empresa Novartis.
La sustancia activa del Ritalín/Tradea/Rubifen es la metanfetamina llamada metilfenidato. El resto del capítulo usaré el nombre genérico, metilfenidato, en vez de los nombres comerciales. Es sabido que el metilfenidato afecta a la glándula pituitaria que controla el crecimiento. La misma Drug Enforcement Administration (DEA) ha informado que el efecto entre la cocaína, las anfetaminas y el metilfenidato es indistinguible en los animales y humanos a quienes se les administra. “En suma, producen efectos que son casi idénticos”.[13] La Ley General de Salud mexicana concuerda con la DEA. El artículo 234 clasifica al metilfenidato como “estupefaciente” en la misma categoría que la morfina, cocaína, mariguana, heroína y opio. Pero en el programa del 13 de octubre de 2000 Amara le mintió al pueblo de México declarando que el metilfenidato y estimulantes afines “son inocuos, son benignos”. La realidad es que hay peligros en darle metilfenidato al niño. La DEA ha reportado que en ocasiones el fármaco conlleva “consecuencias médicas severas, incluyendo la muerte”.[14] Mencionaré sólo cuatro casos de muertes infantiles en Estados Unidos: Shaina Dunkle (1991-2001), Samuel Grossman (1973-1986), Matthew Smith (1986-2000) y Stephanie Hall (1984-1996).[15]

La gallina de los huevos de oro que ha resultado el TDAH es explotada por Novartis y otras multinacionales farmacéuticas. Por años Baughman se ha comunicado con diversos médicos para preguntarles en qué revista se encuentran publicados los artículos que contienen evidencia de que la hiperactividad es una enfermedad que cumple el criterio de una enfermedad auténtica. Hasta la fecha nadie le ha respondido, y la razón es simple. Como vimos, los mismos médicos reconocen que la causa biológica de que los niños no presten atención en las escuelas tradicionales es un misterio (el sólo hecho de parafrasear así lo que dice el DSM sugiere que la siquiatría es una ideología psicótica). El móvil de la búsqueda de Baughman ha sido comprobar si sus colegas estaban drogando a millones de niños e infantes sanos con metilfenidato u otro psicofármaco. A principios del nuevo siglo la compañía Janssen comenzó a distribuir Concerta. Concerta es el nombre comercial de un tipo de metilfenidato de acción retardada: una pastilla basta para tener dopado al niño por 24 horas. En la propaganda sobre Concerta he visto fotografías de niños aplicados haciendo sus tareas con el beneplácito de sus padres. Y en 2004 Eli Lilly sacó al mercado Strattera: una nueva droga para los niños cuya publicidad ya he visto en los periódicos. La conclusión de Baughman sobre este escándalo es que los padres, los maestros de escuela y los médicos deben—:
detener toda mención de los niños como “enfermos”, “anormales” o como “pacientes”. Esto no es otra cosa que una industria multimillonaria y fraudulenta [...]. Por más increíble que pueda parecer, lo que tenemos es ni más ni menos una enfermedad y una epidemia inventadas para hacer dinero, quizá la más exitosa de todos los tiempos en términos monetarios. El Código de Nuremberg no permite el “tratamiento” de niños normales sin enfermedades con drogas adictivas del Tipo II con el fin de lucrar [...]. Esto es criminal. Esto es abusar del niño. Nada de esto es una práctica legítima de la medicina y debe denunciarse. Aquellos responsables de este timo deben ser identificados públicamente, acusados legalmente y enjuiciados.[16]

El motor que mueve el megafraude es la codicia. La industria siquiátrica es movida por las necesidades del mercado; no por necesidades médicas. La pura economía explica el interés que en las últimas décadas la profesión ha cobrado por los niños. No sólo la DEA ha reconocido la similitud entre anfetaminas y la cocaína, o que el metilfenidato pertenece a las drogas del tipo II. El mismo DSM-IIIR reconoció en 1983 que “estudios controlados han mostrado que los usuarios experimentados son incapaces de distinguir entre la anfetamina y la cocaína. Una de las pocas diferencias entre las dos clases de sustancias es que los efectos psicoactivos de la anfetamina duran más, y sus [...] efectos pueden ser más potentes”. La edición en boga del DSM censuró este pasaje.

Algunas organizaciones internacionales han tomado cartas en el asunto. Por ejemplo, según la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE): “La Junta reitera su petición a todos los Gobiernos de que hagan todo lo posible para evitar el diagnóstico excesivo del ADD [Attention-deficit disorder] entre los niños y el tratamiento a base de metilfenidato que no esté justificado por razones médicas válidas”.[17] Aunque en años posteriores la JIFE ha continuado expresando serias dudas sobre el uso de estimulantes para los niños, su frase es equívoca. Los médicos no están diagnosticando en exceso, ni siquiera diagnosticando erróneamente. El llamado Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad, en palabras de Baughman, “es un fraude total, al cien por ciento”.

A Baughman le alarma que, en colusión con los padres, en las escuelas norteamericanas millones de niños estén siendo legalmente drogados. Lo que más le ha llamado la atención a Baughman es que los siquiatras eluden hábilmente la pregunta central: ¿Es el TDAH una enfermedad, o no lo es? Como vimos, la retórica de los médicos consiste en que se limitan a declarar al público que la causa biológica es desconocida, exactamente el mismo ardid en el caso de la esquizofrenia, “una enfermedad de etiología desconocida”. Capítulos atrás vimos que, al razonar así, los siquiatras suponen que los diagnosticados son culpables (“enfermos”) hasta que su salud quede demostrada. Pero una enfermedad así entendida —misteriosas etiologías que por misteriosas razones han eludido ser detectadas en laboratorio— no puede refutarse científicamente. La característica principal de una seudociencia es que presenta su hipótesis central de forma tal que no pueda ser refutada. La hipótesis en siquiatría es que la causa de las enfermedades mentales es biológica, no psicológica. Pero el hablar de misteriosas etiologías es un perfecto ejemplo de los que los popperianos llamamos una hipótesis no refutable. Al insistir en un misterio biológico los siquiatras no presentan su hipótesis central de forma que, de estar errada, pueda ser evidenciada como tal. Si la biosiquiatría no logra pasar la prueba de tornasol que distingue entre ciencia verdadera y falsa es que estamos ante una seudociencia. Reitero: es precisamente debido a esto por lo que algunos siquiatras taimados lanzan a los medios el formidable dato desinformativo de que ¡por fin se descubrió la proteína x, la etiología de tal trastorno mental!, que sólo tiempo después se descubre como un espejismo más.

jueves, 20 de mayo de 2010

Importancia de las Exploraciones Neurofuncionales Preventivas

Por: Dr. Jorge Ferré Veciana


Un niño es una unidad indivisible, aunque tenga una forma de expresión física, representada por el cuerpo, una emocional y otra mental. Y el pleno conocimiento de esta unidad implica desarrollar una concepción interdisciplinar.
Cualquier proceso normal y patológico puede estudiarse desde todas estas vertientes. Las distintas áreas de la ciencia son como ventanas diferentes que nos permiten asomarnos al mismo paisaje, a la misma realidad.
La segunda mitad de este siglo ha cambiado mucho la forma de ser niño y la educación. Los niños deben llegar mucho más lejos y eso exige acompañar y potenciar su desarrollo neuro-senso-motriz en el ámbito físico, emocional y mental minuciosamente para no limitar sus posibilidades.
Por este motivo, la prevención y el tratamiento funcional de los problemas madurativos son cada día áreas más importantes.



Tenemos que aprender a desarrollar muy bien al bebé durante los dos primeros años de vida. Merece especial atención el desarrollo de los mecanismos de control, de coordinación y de automatización de los movimientos porque sus disfunciones alteran severamente la integración del esquema corporal y la orientación en el espacio. No basta con etiquetar a un niño de torpe.
Debemos desarrollar muy bien los ritmos y la capacidad de atención.
No podemos pasar por alto la importancia que tiene conseguir que a los cinco o seis años el niño se construya como un buen diestro o un buen zurdo.
Es necesario saber que, la mayor parte de problemas de fracaso escolar, tienen una causa concreta que dificulta el aprendizaje y no podemos limitarnos a calificar negativamente al niño, a hacer que repita una y mil veces aquello que es incapaz de entender o de hacer o a pensar que, si repite curso, todos sus problemas se resolverán.
Las dificultades de aprendizaje no pueden ni deben resolverse presionando al niño para que estudie mucho, para que haga más deberes o para que dedique dos o tres horas en casa a insistir en los conceptos que ha trabajado en la escuela y que no ha podido integrar.
Todos los problemas de desarrollo y de aprendizaje no son porque sí, todos tiene una causa concreta. Tenemos que detectar la causa, discriminar los mecanismos del problema que interfiere su desarrollo, diagnosticar y tratar adecuadamente con un programa personal de terapia neurofuncional.
Cuando un niño tiene problemas de lectura, lo primero que debemos hacer es comprobar que los mecanismos cerebrales relacionados con la integración de las imágenes que penetran por los ojos están bien organizados. Así mismo, debemos comprobar cómo discrimina los estímulos auditivos, de lo contrario, corremos el riesgo de insistir en que lea cada día mucho, sin que el niño esté preparado para hacerlo, propiciando el desorden, la angustia y el aborrecimiento.
Ante un problema de escritura, una grafía desorganizada y mala letra y problemas de ortografía no tenemos que limitarnos a hacer que rellene muchas páginas de caligrafía cada día o a repasar una y otra vez las reglas ortográficas. Tenemos que revisar cómo ha desarrollado el control viso-manual, cuál es el nivel de maduración de su esquema corporal, si ha integrado o no todos los ejes de la simetría ortogonal de nuestro cuerpo y del espacio que nos rodea, imprescindibles para concebir la horizontalidad de las líneas y el paralelismo, y comprobar si existe una causa motriz relacionada con la construcción de todos los movimientos básicos que un niño debe desarrollar antes de aprender a mover el lápiz con su mano.
Cuando el niño presenta un problema de atención, no hay que actuar con medicaciones sintomáticas, con riñas o castigos. Debemos comprobar cómo funcionan todos los mecanismos neuro-senso-psicomotrices relacionados con esta función del cerebro porque, en la mayor parte de los casos, encontraremos alteraciones del ritmo, trastornos sensoriales, inmadurez de los procesos de codificación o desequilibrios de la esfera afectiva que provocan un bloqueo funcional.
Resulta imposible mencionar en este artículo todos los trastornos infantiles que pueden tener una causa funcional. Así que nos limitamos a las mencionadas porque pueden ser las más significativas del niño que se encuentra en edad escolar y, por tanto, el colectivo de profesionales que puede leer este artículo.
Muchas veces nos preguntan: "¿a qué edad sería conveniente hacer una revisión a un niño que no tiene ningún problema?".
Hay tres estadios de la vida del niño que son especialmente importantes de cara a la prevención.

El primero es el período neonatal, los primeros días de vida.

Al nacer, después de nueve meses de gestación, el bebé tiene que haber alcanzado ya un nivel de desarrollo neurológico suficiente como para poder adaptarse al medio extrauterino. Después del parto, el bebé tiene que empezar a resolver los problemas vitales por sí mismo, tiene que ser capaz de organizar unos ritmos de sueño y de vigilia armónicos y necesita ser capaz de adaptar las posiciones de su cuerpo a la presión de la gravedad terrestre.
Es un buen momento para realizar una exploración preventiva que nos permite:

-Detectar si el parto ha dejado secuelas de mala colocación de los huesos del cráneo y poder aconsejar la colaboración de un osteópata.
-Comprobar si el nivel de madurez sensorial y rítmico es correcto y si está preparado para hacer frente a la nueva forma de vida. Los padres necesitan algunas orientaciones sobre cómo tratarle.
-Valorar su nivel de sensibilidad, a qué modelo de reacción cerebral responde para adecuar la estimulación a sus necesidades y a sus capacidades de integración. El objetivo es evitar el exceso de estimulación al que muchos bebés están sometidos hoy en día.
-Hacer una valoración de su diseño corporal para determinar cuál es la mejor colocación cuando duerme o cuando está despierto. Es el mejor momento para detectar asimetrías o diferencias entre un lado y el otro del cuerpo y empezar a resolverlas con pequeños masajes o técnicas de estimulación y de colocación postural. Las asimetrías son muy frecuentes, a veces son debidas a la posición del bebé dentro del útero, otras a la herencia familiar. Sea cual sea la causa, cuanto antes se resuelvan mejor porque, de lo contrario, las pequeñas diferencias de colocación de brazos o de piernas pueden llegar a alterar mucho el desarrollo de su psicomotricidad.
Mediante esta primera exploración diseñamos el mejor esquema de desarrollo desde el punto de vista psicomotor y neurológico, les explicamos las cosas que van a suceder y la mejor manera de acompañar el desarrollo durante el primer año de vida. El objetivo es conseguir:

-Que los niños aprendan a voltear por sí mismos.

-No sentarlos demasiado pronto.

-Que aprendan a arrastrarse y a gatear antes de andar.

El fin primordial es personalizar al máximo la educación del primer año de vida y evitar los frecuentes problemas de psicomotricidad, de mala colocación de espalda, de pies o de piernas. También conseguimos evitar problemas de irritabilidad y alteraciones de ritmos, principalmente los ritmos de alimentación y de sueño.

Otro momento especialmente importante es el de los dos años.
A esta edad el niño ha desarrollado mucho su movimiento y el control de su cuerpo. Se ha convertido en un ser capaz de mantenerse perfectamente sobre las dos piernas y permanecer erguido con un buen equilibrio entre la flexión y la extensión de su cuerpo. Es una buena edad para determinar:
El nivel de control corporal que ha alcanzado y el nivel de organización de los reflejos de caída.
El grado de organización del movimiento. Debe empezar a ser capaz de coordinar bien el brazo derecho con la pierna izquierda y viceversa al andar. Esta coordinación es fundamental para empezar a saltar, correr y pedalear y para que la organización del lenguaje sea suficientemente rica.
El grado de binocularidad. A esta edad debe ser capaz de construir una sola imagen que procede de dos ojos. Esta capacidad de unificar la función de las dos vías visuales es la base para poder medir bien el espacio y orientarse.
El nivel de organización de sus ritmos y la capacidad de control de su cuerpo y de su conducta. Faltan todavía unos meses para llegar a la conciencia de que es un ser diferenciado de su entorno. Pronto tendrá plena conciencia de muchos fenómenos que, hasta ese momento, ha captado y percibido, pero sin darse cuenta de que lo hacía.
Asegurar un buen desarrollo neurosensopsicomotriz será fundamental para enfrentarse a la conciencia de sí mismo con mayor seguridad. No debemos olvidar que, en el proceso de desarrollo, lo físico, lo emocional y lo mental están íntimamente ligados. Por este motivo, vale la pena vigilar de forma especial el desarrollo del sustrato corporal y motriz.

Y, por último, otra etapa muy importante para proceder a una revisión preventiva es la de los cinco años.
Antes de entrar de lleno en el aprendizaje de la lectura y la escritura es muy importante asegurar, entre otros factores:
ue ha conseguido hacer funcionar como una unidad las dos manos, los pies, los ojos, los dos hemisferios cerebrales, las dos vías auditivas, etc. Debe unificar la función de estas estructuras e integrarlas en un esquema corporal que será el referencial para orientarse en el espacio y en el tiempo.
Debe haber alcanzado un buen nivel de desarrollo del lenguaje hablado, para lo cual es imprescindible la interacción entre los dos lados del Sistema Nervioso.
Y debe empezar a manifestar una dominancia lateral diestra o zurda, que habrá que ayudarle a construir para que pueda orientar formas en el espacio plano antes de entrar a fondo en el aprendizaje de la lectura, la escritura y el cálculo (ver el artículo del mes de diciembre del 98).

Estas exploraciones funcionales permiten detectar de forma precoz muchos problemas que, más adelante, si no se resuelven, contribuyen a engrosar el capítulo de los niños inteligentes que padecen problemas de bajos rendimientos y de fracaso escolar, con todas las consecuencias que ello comporta en el campo del desarrollo personal y afectivo.
Evolucionar es avanzar, ampliar nuestros campos de conciencia y saber un poco más del niño cuyo desarrollo hemos de conducir y potenciar día a día.

Fuente : http://www.amauta-international.com/Ideas.htm

lunes, 17 de mayo de 2010

NUEVA HOJA DE RUTA

Estos últimos meses nos hemos dedicado a buscar que camino seguir para ayudar a Alexánder. Han sido meses de mucho trabajo en casa con él y alguna que otra terapia de apoyo, pero sobretodo meses de búsqueda constante para intentar no dar más pasos en falso. Nuestro primer objetivo era encontrar ayuda profesional, pero de un profesional que nos entienda, cuyas ideas comulguen con las nuestras (y las de tantos otros padres). Lo hemos tomado con calma, no queriamos decidir a la ligera, practicamente desde el principio de la búsqueda nos topamos con el Dr. Ferré pero decidimos seguir investigando hasta que por fin este fin de semana tomamos la decisión de llamarle. Hoy mismo hemos pedido hora para el peque con el Dr.Ferré, pero estan dando hora a un año vista así que la primera exploración se la hará su hija, la Dra. Ferré. Tenemos puestas muchas esperanzas en ellos ya que por primera vez nada más coger el teléfono ya he notado que hablaban en nuestro mismo lenguaje, que no dan nada por sentado y que lo que les importa son las causas que puedan haber provocado que nuestro peque tenga este cuadro. Tenemos cita dentro de tres semanas y se que todo va a ir muy bien, ya os contaré. Os dejo un artículo de este doctor para que le conozcais un poco, nos gusta porque conoce infinidad de terapias y no se cierra a nada que pueda ayudar.


JORGE FERRÉ DENUNCIA QUE SE HAGA UN "SOBREDIAGNÓSITCO BRUTAL"


Para diferentes puntos de vista, diferentes soluciones. La mayoría de los expertos coinciden en definir el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad como un trastorno de conducta de origen neurológico que afecta entre a un 3% y a un 5% de la población y que se caracteriza por falta de atención, baja capacidad de concentración, impulsividad e hiperquinesia, o exceso de movimientos. Pero aunque la mayoría se pone de acuerdo en sus síntomas, no todos lo hacen en sus causas y definición.

Jorge Ferré Veciana, fundador del Instituto Médico del Desarrollo Infantil de Barcelona y autor del libro La otra cara de la hiperactividad, diagnóstico y tratamiento de un síndrome multicausal y multifuncional, –que acaba de publicar junto a su hija María del Mar Ferré– presenta un plantemiento sobre el TDAH muy distinto al concepto más difundido hasta ahora.

La otra cara

Jorge Ferré expone una nueva forma de entender la hiperactividad que consiste en interpretarla como “un conjunto de síntomas, a los que se puede llegar por diferentes caminos”. Una teoría que se aleja de la hasta ahora más apoyada por los especialistas y que se refería a esta dolencia como a una “enfermedad”. El fundador del Instituto Médico del Desarrollo Infantil de Barcelona se aleja de esta postura para abordarla como “síndrome” y no ya como un “trastorno” concreto.
“El TDAH es un síndrome multicausal y multifactorial, como podría ser el síndrome febril, por ejemplo”, explica Jorge Ferré. “Se puede tener fiebre por muchas causas, por una gripe, por otro virus... Pero la fiebre no es la enfermedad, sino un síntoma de que algo no funciona”, aclara el doctor Ferré.
María del Mar y Jorge Ferré proponen “actuar sobre las causas que la provocan” y no sobre la hiperactividad en sí, “ya que puede estar causada por infinidad de motivos”, aclara el doctor. “Estos síntomas pueden presentarlos desde un niño con traumas emocionales, miedo, celos porque acaba de tener un hermano, problemas digestivos, alteraciones del sueño, entre otras muchas cosas”, y lo que propone es trabajar sobre esas causas.

Lo que no hay que hacer

El doctor Ferré critica los actuales diagnósticos “exprés” que se están haciendo de la enfermedad porque considera que se están convirtiendo en una moda y se limitan a “tapar agujeros”. “Se está produciendo un sobrediagnóstico brutal”, explica el doctor. “He visto a niños de 3 años diagnosticados de TDAH, cuando sería muy difícil determinarlo a esa edad”. “Pero no sólo ocurre con la hiperactividad”, añade. “He visto a niños de cuatro años diagnosticado de dislexia, cuando a esa edad por lo general, no saben leer”, explica.
Ferré critica el especial interés que hay porque se diagnostique la enfermedad, tanto por parte de las farmacéuticas, como de algunas autonomías, que reciben subvenciones por tener niños con discapacidad en clase, “y la hiperactividad es muy fácil de diagnosticar”, añade. “Parece que se está poniendo de moda ”.
Ferré critica también el tratamiento farmacológico que están recibiendo estos niños, “que se creó con el planteamiento de hacerles más soportables en clase, –explica– pero no con fines curativos”. “Si hubiese sido creado para curarlos, no se habría recetado para tomarlo sólo de lunes a viernes, como se hizo en un principio”. Y lo comparó con la idea de que que por ejemplo un medicamento para curar la gripe se recetase para tomarlo sólo entresemana.
Jorge Ferré quiere lanzar una recomendación para los padres con un hijo con este tipo de dolencia. A los que aconseja, en primer lugar, profundizar sobre el problema, y no quedarse sólo con el primer diagnóstico, sino que “deben visitar a varios especialistas para confirmar realmente sus sospechas”; en segundo lugar, intentar aplicar un tratamiento “de tipo causal”y no sobre la dolencia en sí; y por último, que intenten averiguar qué es lo que le van a dar a sus hijos. “Porque hay medicamentos con efectos secundarios importantísimos y que los niños tienen que tomar durante 10 ó 15 años”, concluye el doctor Ferré.

http://www.jorgeferre.com/

martes, 11 de mayo de 2010

Desorden de Déficit de Atención (DDA) y la Hiperactividad - La Terapia Cráneo-Sacral

La osteopatía podría ayudar a los niños hiperactivos.






Dr. John E. Upledger

Médico, Osteópata
Presidente The Upledger Institute Inc.
Publicado en Revista Verdemente Oct. 2004
Fuente : http://tenerifeosteopata.blogspot.com/


John E. Upledger, D.O., O.M.M. Doctor en Medicina y Osteopatía, es cirujano, investigador, profesor y escritor. Con una carrera profesional de más de 30 años de experiencia en la práctica e investigación, el trabajo del Dr. Upledger aporta innovaciones en el campo de la medicina que le han hecho ganar reconocimiento a nivel mundial.


Fue durante sus ocho años (1975 - 1983) como investigador clínico y profesor de biomecánica en la universidad del estado de Michigan, cuando supervisó a un grupo de anatomistas, fisiólogos, biofísicos y bioingenieros en experimentos que probaron la existencia e influencia del sistema cráneo-sacral. Los resultados de esa investigación llevaron a un mejor conocimiento de la importancia de este sistema en el alivio del dolor y disfunciones y finalmente a la creación de la Terapia Cráneo-Sacral.
La Terapia Cráneo-Sacral es una suave modalidad terapéutica manual que puede tener un efecto positivo muy profundo sobre el funcionamiento del cerebro y la médula espinal. La aplicación de esta modalidad puede incluso tener una influencia positiva sobre los sistemas endocrino e inmunológico. Parece ser efectiva de forma específica en la liberación de patrones de tensión excesiva u los movimientos restringidos tanto en las estructuras óseas como membranosas y sus áreas relacionadas. Liberando el exceso de tensión en las membranas meníngeas; con frecuencia el deterioro de la función del tejido nervioso es restaurado.
Restaurando la movilidad de los huesos del cráneo, de la columna vertebral, de la parrilla costal y la pelvis, las restricciones anormales ancladas en estas membranas meníngeas son eliminadas. Esta restauración de la movilidad natural de cada hueso del cráneo además permite que las uniones suturales (articulaciones) entre estos huesos reanude sus actividades de acomodación y bombeo normal.
El resultado en cadena de esto es un estímulo del movimiento de los fluidos de todo el sistema nervioso central y las estructuras y sistemas relacionados. El movimiento fisiológico del fluido es esencial para el funcionamiento saludable de los tejidos y órganos, ya sea el cerebro, los huesos, los músculos, etc. El fluido es el vehículo usado por los mecanismos fisiológicos del cuerpo para eliminar los residuos metabólicos y tóxicos de interior de las células y del espacio intercelular. El fluido es también el vehículo que usa el cuerpo para repartir nutrientes y anticuerpos, y lleva sustancias mensajeras tales como hormonas, neuropéptidos, iones con carga eléctrica y partículas que son muy importantes fisiológicamente.
Desde 1975, la Terapia Cráneo-Sacral ha sido usada con bastante éxito en el tratamiento del desorden de déficit de atención (DDA) y la hiperactividad. Nuestra experiencia clínica sugiere que en un número significativo de casos de DDA e hiperactividad, un problema estructural puede ser un factor primario que contribuye en el complejo de síntomas. Cuando este problema estructural está presente y es corregido, los síntomas del DDA y/o hiperactividad desaparecen de forma rápida, a menudo en minutos u horas. Si la corrección estructural es mantenida mediante un tratamiento, los efectos pueden ser permanentes.
A veces, el problema estructural requiere correcciones estructurales múltiples. Sin embargo con cada tratamiento terapéutico, el proceso correctivo se vuelve más fácil y la mejora de los síntomas se mantiene de manera prolongada hasta que, finalmente, ni el problema estructural ni los síntomas de DDA y/o hiperactividad reaparecen.
El problema estructural que a menudo parece estar relacionado causalmente con el DDA y/o la hiperactividad es uno que puede ocurrir frecuentemente durante el parto obstétrico. Ocurre cuando hay una excesiva hiperextensión hacia atrás de la cabeza del niño y la base occipital del cráneo se comprime con la primera vértebra cervical (atlas).



Las superficies articulares entre el hueso occipital y el atlas tienen una orientación horizontal en forma de V, con el vértice mirando hacia delante. La posición de parto más común para un recién nacido es mirando hacia la espalda del cuerpo de su madre.
Por lo tanto, la parte posterior de la cabeza del niño se ve comprometida por el complejo del hueso púbico de la madre. En algunos casos la cabeza puede estar severamente angulada contra el cuello. Esta posición representa una situación de amenaza para el sistema nervioso del recién nacido (el cuello puede romperse sí la angulación va más allá). Una respuesta obvia a este tipo de amenaza es la contracción o rigidificación de los tejidos (músculos, etc.) para prevenir un daño que amenace la misma vida. Cuando el parto ha terminado, la rigidez tisular puede relajarse o puede que no.
Si no se relaja, el occipital se mantiene en esa posición de hiperextensión hacia atrás contra el atlas. Si los tejidos blandos se relajan, las superficies óseas pueden o no liberarse entre sí. Si la situación de cabeza – cuello no puede autocorregirse de forma natural, o si no existe un terapeuta cráneo-sacral capacitado que ayude a la normalización cráneo-cervical, la permanencia de esta situación restrictiva conllevará un aumento anormal del tono de los músculos de la nuca y el cuello.
Algunos tejidos blandos pueden incluso fibrosarse o estar hipertónicos. Otro resultado de esta equivocada, pero bien intencionada, respuesta tisular, es el aumento de la presión posterior para el flujo de salida de sangre a través del agujero yugular, localizado en medio de esta sobrerreacción, que por otro lado es una protección de los tejidos.
Las venas yugulares salen del cráneo a través de estos agujeros, así como lo hacen también los nervios craneales glosofaringeo, vago y espinal accesorio. El incremento de la respuesta tisular, que conlleva la elevación de la resistencia al flujo venoso de salida puede reducir el grado de circulación de fluidos fisiológicos dentro y alrededor del cerebro. Estos fluidos incluyen lo que son el líquido cefalorraquideo, el fluido intracelular, el fluido intersticial, la linfa y la sangre. La reducción en la limpieza de los productos de desecho es secundaria a la reducción en la eficiencia de este sistema de fluidos, siendo el resultado una anormal acumulación de estos productos, y por lo tanto, contribuye a la irritabilidad del cerebro.
Cuando el movimiento de los fluidos es restaurado, los síntomas de DDA y de la hiperactividad con frecuencia desaparecen. Además, la irritación de los nervios craneales a su salida por el agujero yugular puede ser la causa de cólicos, trastornos gástricos y/o dificultades para la deglución dependiendo del grado de afectación de los nervios glosofaríngeo y vago. El nervio espinal accesorio, cuando está irritado, puede causar un excesivo tono en los músculos principales del cuello.

La Terapia Cráneo-Saccal es la elección ideal para resolver los problemas estructurales antes mencionados. Aunque lo más común es que este problema en la nuca ocurra durante el parto, puede también ser resultado de diferentes tipos de accidentes o traumatismos que "impactan" la parte posterior de la cabeza contra el cuello.
Afortunadamente, el problema puede ser corregido con el trabajo cráneo-sacral en poco tiempo; es comprensible que el tratamiento “ideal” se aplique lo antes posible, pero los niños y adultos pueden beneficiarse de esta terapia a cualquier edad, sin contraindicaciones.

martes, 4 de mayo de 2010

Compensación de la función

Seguimos con otro de los abordajes de la rehabilitación neuropsicológica.



Las regiones intactas del cerebro asumen la función de aquellas dañadas. Estas estrategias compensatorias pretenden que se aprendan o reaprendan funciones significativas para la vida cotidiana, podiendo realizar actividades aunque la función alterada no mejore específicamente. Se trata de desarrollar una nueva habilidad que sustituya a la que es deficitaria. Los abordajes compensatorios más frecuentes son:

  - Entrenamiento en habilidades específicas
  - Entrenamiento en estrategias metacognitivas para manejar las dificultades atencionales
  - Entrenamiento en ayudas externas para compensar los déficits.
  - Modificación del entorno y acomodación/ajuste de las tareas.

Vamos a hablar un poco de este último ya que es sencillo de aplicar y muy útil en casos de falta de atención. Consiste en facilitar la realización de tareas, eliminar barreras y posibles distracciones y guiar durante la actividad. Esto se puede conseguir, por ejemplo, minimizando las interrupciones, haciendo listas con los pasos a seguir, utilizar sistemas de clasificación,etc... Es importante estructurar bien las tareas de manera que se reduzca la presión del tiempo. Este tipo de adecuación la puede llevar a cabo el entorno más próximo (família, escuela,...). Los profesores , por ejemplo, pueden permitir descansos especiales para mantener la atención a buen nivel, el uso de tapones para evitar distracciones, no tener papeles u objetos en la mesa, sentarlos lejos de distracciones tales como ventanas, puertas, relojes... o anotar pautas en tarjetas para facilitar la tarea.
Cuando es imposible modificar el entorno habrá que seleccionar el más apropiado (como ir a tiendas pequeñas en lugar de grandes superfícies o a pequeños restaurantes menos ruidosos).

Con esto terminamos la introducción a la estimulación cognitiva, en siguientes entradas hablaremos de la atención. Solo recordar que la implicación de la familia en todo el proceso terapeutico es imprescindible ya que es ella quien pasa más horas con quien lo necesita y así las pautas de intervención se pueden extender al domicilio.

Se recomienda el tratamiento de la hiperactividad leve sin fármacos

Según ha recomendado en el Reino Unido el Instituto Nacional para la Excelencia Clínica (NICE), los niños que sufren el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) sólo deberían ser tratados con fármacos en casos extremos, y nunca antes de los 5 años.




Se pretende evitar las recetas de medicamentos controvertidos, como Ritalina o Concerta (metilfenidato), que puede tener efectos secundarios nocivos en la salud de los pequeños. Y al mismo tiempo potenciar el tratamiento psicológico en los casos de TDAH leves, en lugar de acudir a los medicamentos de forma sistemática.

Según el psiquiatra Tim Kendall, lo que se recomienda es:
"que no se use Ritalina con los niños menores de cinco años, porque no encontramos evidencia de que éste sea efectivo. Pero si el niño sufre de un TDAH severo, obviamente hay que darle Ritalina junto con los tratamientos psicológicos."

De ahí la importancia de un correcto diagnóstico de este trastorno de conducta, el más frecuente en la infancia. Se calcula que afecta a entre el 5% y 10% de la población de niños y jóvenes en el mundo y tan sólo en Inglaterra se calcula que a unos 100.000 se les recetó alguno de los medicamentos en el 2007.
Ciertos estudios han mostrado que medicamentos como Ritalina y Concerta (los nombres comerciales del metilfenidato) y Strattera (atomoxetina), se usan de forma sistemática para calmar la hiperactividad en los niños, pero ahora los expertos recomiendan que sólo deben usarse cuando se ha diagnosticado TDAH severo, o cuando otras opciones han fracasado.
Entre los efectos secundarios que se pretende evitar no recetando esos medicamentos se encuentran nerviosismo, insomnio, pérdida de apetito y de peso, náuseas, mareo, fatiga y cambios de ánimo, todos bastante importantes como para considerar otras opciones de tratamiento en casos leves.
Sobre algunos de estos medicamentos, además, existen dudas acerca de su verdadera efectividad. Y hay muy pocas investigaciones sobre las implicaciones del uso a largo plazo de estos fármacos, por lo que las nuevas guías recomiendan usar los fármacos con moderación siempre que sea posible.
Recordemos que aquí vimos tratamientos alternativos a la hiperactividad como la musicoterapia, el yoga, la aromaterapia… que pueden ayudar en casos leves.

Fuente: http://www.bebesymas.com/

EL PEQUE AVANZA


El domingo estuvimos leyendo en casa y notamos que le costó bastante menos de lo habitual y que además comprendía lo que leía. Pensamos que estaba mejorando bastante, teniendo en cuenta como leía hace tan solo un mes. El lunes, al salir de clase, su maestra nos dijo que había trabajado muy bien y que ya leía bastante confirmando así lo que habíamos notado el dia antes. Estamos contentísimos de que siga dando pasitos adelante, muchos pasos cortos pueden recorrer una distancia muy larga. ¡SIGUE ASÍ ALEXANDER! Estamos orgullosos de tí.
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YO AMO A ALGUIEN CON...¿TDAH? by Jordi Badia