domingo, 14 de noviembre de 2010

Ser disléxico es una gran oportunidad

El diseñador Javier Mariscal explicó ayer en Bilbao su experiencia con esta dificultad de aprendizaje en un congreso de Educación

 MARTA FDEZ. VALLEJO
BILBAO
http://www.elcorreo.com/
 
 
El diseñador Javier Mariscal no pudo leer su primer libro, 'La isla del tesoro', hasta los 30 años por culpa de la dislexia. Pero este trastorno, que imposibilita la comprensión correcta de los textos, no fue un impedimento para lograr el éxito profesional. Es más, le ha permitido disfrutar de «una mirada diferente del mundo» y vivir de su creatividad. Ayer, ante profesionales de la educación, padres, profesores, psicólogos y expertos en esta dificultad de aprendizaje defendió que la dislexia puede ser una «gran oportunidad» para un niño y reclamó la implicación de los educadores y otros sistemas de enseñanza alternativos que no pongan barreras a los pequeños. «Picasso, Einstein, Marilyn Monroe, Charles Chaplin y Roosvelt eran disléxicos... Aznar, no», bromeó.
La fundación vasca Nuevas Claves Educativas organizó unas jornadas en la Escuela de Ingenieros de Bilbao dedicadas a las Dificultades de Aprendizaje, en las que intervino el famoso creador valenciano. El 'padre' de la mascota Coby en las Olimpiadas del año 1992 de Barcelona hizo un dibujo de la dislexia muy diferente al habitual, que la considera una discapacidad para la lectura que condena al fracaso académico a los afectados. «Los disléxicos tienen una forma de pensar más interesante, con más futuro, es gente que se ha visto obligada a esforzarse y que lo cuestiona todo, no van con el rebaño de mediocres», comentó el diseñador, que acaba de estrenar una película de animación, 'Chico y Rita', cuyo protagonista es un pianista disléxico.

Entre el 5 y el 15% de los escolares, de dos a diez alumnos en cada aula, sufre alguna dificultad de aprendizaje, dislexia -en sus dos vertientes de problemas para leer o para manejarse con los números-, déficit de atención o hiperactividad, según los datos de la fundación. Mariscal no descubrió que era disléxico hasta que se lo diagnosticaron a su hija a los 29 años en Estados Unidos y vio que él tenía los mismos 'síntomas'. «En mi época no había expertos. Pensaban que eras tonto o vago. Yo no era capaz de aprender lo que otros aprendían con facilidad. Me pasaba el día disimulando», relató ante un abarrotado salón de actos de la Escuela de Ingenieros, donde arrancó las risas del público en varias ocasiones.


Odio a lo «académico

De su etapa escolar le ha quedado un «odio» terrible a todo «lo académico». «El sistema de enseñanza se apoya en textos escritos y a mí por los ojos solo me entran las imágenes, no las letras. No podía con las matemáticas, no soy capaz ni de sumar dos más dos», se quejaba Mariscal. Recordó que cuando iba a 'parvulitos' le dieron una hoja con letras para copiar. Él veía círculos en los que dibujó caras, sonrisas, ojos... Se fue a casa encantado, pensando que iba a triunfar, que el maestro «me pondría una nota dorada, con las que premiaban los mejores trabajos». «Cuando llegué el lunes el cuaderno estaba encima de mi mesa con un suspenso. El profesor dijo que no iba a permitir que me tomara las clases a broma. Nunca tuve notas de color dorado».

Los padres que acudieron ayer a su conferencia se quejaban precisamente de eso, de los suspensos que acumulan sus hijos en la escuela y que dejan su autoestima por el suelo. De hecho, un 25% de los alumnos con fracaso escolar sufren dislexia o déficit de atención, según los datos de Nuevas Claves Educativas, que ha atendido a mil familias vascas con hijos con dificultades de aprendizaje. El propio Mariscal reconoció que recuperó la autoestima «a los sesenta años».

El creativo valenciano soportó el calvario del colegio dibujando. «No paraba de dibujar. Hoy en día sigo utilizando los dibujos para tomar apuntes». Además, la dislexia le sirvió para «poner todo en cuestión, no hacer lo mismo que los demás, como borregos» y fomentó su creatividad. «Me ha permitido trabajar en lo que me gusta, que es una de las cosas más importantes en la vida», apuntó.

- «Usted lo dibuja todo muy bonito, pero nuestros hijos fracasan en la escuela y sufren mucho», según le dijo una madre.


- ¡No den importancia a las notas, no valen nada! Son como la lotería, dependen de tantas cosas, de los criterios de un profesor... Lo importante es que los chavales tengan algo en la vida que les guste y que disfruten con ello: vale cualquier cosa, coleccionar cromos de fútbol, las ranas, pegar patadas a un balón. Yo juego con mis hijos y creo universos de fantasía con ellos.

- «¿Como debería ser entonces la escuela para estos niños?», le interrogó otro padre.

- Con mucha diversidad de alumnos. Y en donde nadie insulte a un niño ni le ridiculice porque tiene alguna dificultad para aprender o por ser diferente. Donde los profesores enseñen con cariño.

Mariscal contó a los padres que tiene dos gemelos, Linus y Alma. «Un día escuché a Alma que decía a Linus: ¿cómo se llamaba ese número que tiene dos círculos?, 'ocho' le respondió su hermano». Descubrió así que su pequeña también es disléxica, pero ahora lo vive con naturalidad. «Linus ya sabe que su hermana no es igual que él, pero que no es tonta. Y para mí es una maravilla tener un hija disléxica, es un chollo», dijo ilusionado.

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