lunes, 15 de noviembre de 2010

La otra cara de la hiperactividad

Yo no creo que nadie lo pueda explicar mejor...

Dr Jorge Ferré - Dra. Mar Ferré

MAYO - 2008


La hiperactividad no es una esencia ni tampoco una sola entidad patológica que podamos resolver con un tratamiento universal. No es una enfermedad sino un conjunto de síntomas y signos que pueden ser debidos a muchas causas diversas.

El niño hiperactivo se ha convertido en un problema para sus padres y un obstáculo para sus maestros porque, generalmente, distorsiona la marcha de la familia y del grupo de clase en un momento de la historia en el que la dinámica de la familia y la escuela, en si mismas, ya son muy complejas. Por eso, amplios sectores no dejan de buscar y promover soluciones rápidas para este problema.
Pero hay que considerar que el niño hiperactivo es el que más sufre. Generalmente, con su inquietud, hiperactividad, conductas de oposición o sus retos descarga el miedo y la angustia o nos pide ayuda a gritos porque, en su interior, hay algo que no le permite gozar de la paz, estabilidad y seguridad que necesitaría.
Así pues, el tratamiento de la hiperactividad debe partir de un diagnóstico y un análisis minucioso, exhaustivo y profundo de las causas y los factores que han desorganizado el proyecto vital de un niño. Cada niño requiere un estudio personal:
- Un bebé que no gateó porque era muy tranquilo y se convirtió en un torbellino irrefrenable a partir del momento en que inició la deambulación.
- El niño que no ha integrado la información laberíntica, que tropieza con sus propios pies, no confía en su cuerpo, le da miedo moverse porque se siente torpe y no quiere ir al colegio.
- El que está muy nervioso porque no duerme bien desde que cambió de domicilio y está sometido a la influencia de campos electromagnéticos que alteran su equilibrio neurobiológico.
- El que se muestra muy inquieto y movido desde que empezó a leer y a escribir y no consigue aprender.
- El que tiene celos y se siente desubicado y ansioso desde que nació su hermanito.
- El niño que adoptaron a los dos años con un pasado politraumático y una historia de supervivencia.
- El que padece parasitosis intestinales subclínicas (lombrices) y no asimila bien la vitamina B.
- El niño que es diestro, se ha desarrollado como zurdo y fracasa en la escuela.
- El que ve y oye perfectamente, pero no sabe mirar ni escuchar porque algún problema funcional se lo impide, etc.

Todos estos niños pueden presentar una sintomatología más o menos común, pero cada uno de ellos padece un problema absolutamente distinto y, además, tiene su propia identidad, su forma de ser, sentir y experimentar.

El verdadero objetivo del tratamiento de un niño que presenta un cuadro de hiperactividad no debe ser hacerlo más o menos “soportable” los días lectivos, sino ayudarle a recuperar el equilibrio perdido y a restablecer su proyecto vital y, para ello, debemos averiguar las causas de su problema y aplicar el tratamiento más adecuado en cada caso.
Eso es lo que hacemos diariamente en la consulta, diagnosticar la causa, elaborar el programa de tratamiento funcional más adecuado y complementar el proceso con terapia biológica que, a diferencia de los preparados de acción anfetamínica que se proponen en el ámbito de la alopatía, no tienen efectos secundarios, no producen adicción y nos permiten prescribir un tratamiento personalizado que tenga en cuenta el origen del problema, la sensibilidad y el modo reaccional de un niño y la sintomatología que presenta.
Tras muchos años de experiencia y cientos de casos historiados y tratados, decidimos escribir el libro “La otra cara de la hiperactividad” que ha editado la editorial Lebón, con el fin de ofrecer esta imagen más amplia, profunda y auténtica de un síndrome, que definimos con la palabra “hiperactividad”, que cada día utilizan más personas sin saber muy bien qué significa

1 comentario:

  1. Hola de nuevo!

    Quería también comentar esta entrada, porque hay un punto en el que veo reflejado a mi pequeño, y es el último, donde dice "el que ve pero tiene un problema funcional". Y creo que es muy interesante, porque últimamente estoy observando cambios en mi hijo, o quizás actitudes que ahora, con el tiempo y su mayor relación con otros niños, estoy notando y que me están llevando a pensar que quizás habría que añadir algo al diagnóstico de apraxia ocularmotora, o incluso que pudiera ser algo diferente. Muchas gracias por esta entrada.

    Un abrazo!!

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