martes, 24 de agosto de 2010

OSTEOPATIA EN NIÑOS

Fuente : http://www.centrokineos.com/



La Osteopatía está especialmente indicada en niños, ya que la etapa desde el nacimiento hasta la pubertad es la que más acusa las influencias internas y externas. Al ser en estos años donde la evolución y crecimiento es aún un hecho, donde numerosas estructuras están en formación y consolidación, es el tiempo donde la Osteopatía puede aportar ventajas definitivas. El niño tiene unos potenciales altísimos de adaptación y corrección. Estos son aprovechados por el osteópata, para incidir de forma sutil, suave, nada agresiva y con un profundo respeto hacia la naturaleza innata del niño.

La Osteopatía es como la Homeopatía dos disciplinas que pueden ayudar al niño en numerosas patologías y que no presentan ningún efecto secundario ni nocivo.

La Osteopatía Cráneo-Sacral en niños

Signos tan habituales, y a veces poco tenidos en cuenta como los siguientes, pueden tener origen en desarreglos en la capacidad de movilidad de los huesos craneales o en tensiones fasciales periféricas, sin que ello sea considerado como “patológico” por la Medicina convencional.

Nombramos algunos de ellos:

- Lloro excesivo antes de las comidas, tal vez no es un rechazo caprichoso a la comida, es posible que el niño esté intentando informarnos de que su diafragma está en espasmo y que comer supone un esfuerzo por una falta de apertura del conducto esofágico del diafragma.

Muchas veces la causa puede estar lejos de la zona visceral digestiva y hallarse relacionada, por ejemplo, con el nervio responsable de las funciones neurovegetativas digestivas, el nervio vago, en su salida craneal, en el agujero rasgado posterior entre los huesos occipital y temporal. Compresiones en esta zona pueden alterar la función digestiva, ser causa de náuseas y otras alteraciones.

El osteópata puede corregir estas tensiones y mejorar la relación entre niño-alimento.

- Dificultades en conciliar el sueño, pueden ser debidas a compresiones craneales sutiles que alteran los procesos circadianos del hipotálamo.

El osteópata libera estas compresiones y facilita la inducción del sueño.

- Esa tendencia que no agrada en muchas ocasiones a los padres de ver que el niño se chupa el dedo en una edad ya avanzada, es un mecanismo inconsciente para intentar bombear el paladar y corregir alguna disfunción de la bóveda craneal que puede estar repercutiendo en tensiones en otras partes del cuerpo. El reflejo de succión , es una técnica inconsciente del bebé para facilitar el bombeo craneal, después de la compresión sufrida por el parto. El mantenimiento de esta acción en los años siguientes por parte del niño, puede ser una manifestación de que existe alguna necesidad de mantener los bombeos.

- Un déficit de atención o dificultades en el aprendizaje o problemas de comunicación pueden ser debidos a pequeñas alteraciones craneales.

- Ciertas posturas que adopta el niño, por ejemplo al estudiar, y que a veces observan los padres, es muchas veces el sistema de compensación natural que encuentra el niño a desviaciones de la columna que se están produciendo.

El osteópata puede detectarlas y determinar si el origen es craneal, por ejemplo, por una ligera torsión del occipital, que provoca la rotación de la primera cervical con el cual se articula. Esa rotación de la vértebra provocará la adaptación de las siguientes, pudiendo ser causa de escoliosis.

Por tanto, el trabajo osteopático no sólo está enfocado a niños con trastornos claros, donde los síntomas se hacen evidentes, sino también para aquellos que lloran más, les cuesta comer o dormir, que son más proclives a contraer enfermedades, etc. En ocasiones se acepta que ese niño es de una determinada manera, sin buscar la causa y, por tanto, sin buscar el remedio.

A veces sólo se trabaja de manera preventiva, para evitar que pequeños trastornos se conviertan en enfermedades serias en un futuro.

La información de las posturas intrauterinas es de gran ayuda para el osteópata en el tratamiento posparto.

En caso de daño prenatal, es indispensable tratar al bebé tan pronto como sea posible, dentro de las veinticuatro horas siguientes al parto.

Esta primera intervención es tan importante como las visitas periódicas durante los primeros años de crecimiento, a la vez que se hace un seguimiento con el pediatra.

Las fontanelas craneales se cierran hacia el final del segundo año, y el cerebro triplica su tamaño en este tiempo. El córtex cerebral no está formado aún hasta los dos primeros meses de vida, es decir la parte cognitiva del bebé está por desarrollarse, y por tanto podemos ayudar a que el desarrollo neurológico en este tiempo sea óptimo.

El trabajo de un osteópata consiste en equilibrar las membranas, suturas y líquidos, con el fin de evitar una afectación en el crecimiento del cerebro subyacente.

Con la osteopatía craneal se actúa sobre el sistema nervioso (también sobre los nervios craneales); sobre la linfa, por tanto sobre el sistema inmunitario; sobre cada una de las estructuras del cuerpo y sobre el sistema vascular.

Las lesiones craneales afectan al cinturón escapular y pélvico, ya que el cuerpo posee fascias que interrelacionan estructuras a distintos niveles, por ello nunca hay lesiones aisladas.

Es importante la observación por parte de los padres: si el niño mueve los dos brazos y piernas por igual, si es inquieto o tranquilo, si aprende a hablar pronto, su forma de caminar, etc. Todos estos datos ayudan al osteópata en su trabajo.

Algunas de las indicaciones para el bebé, sería en los siguientes casos:

◙ Alteraciones traumáticas óseas, tales como subluxación congénita de cadera, problemas del paladar asociados al labio leporino ( en el trabajo sobre el maxilar postquirúrgico), deformación craneal, etc.

◙ Otras alteraciones “no traumáticas” como:

◙ Mala oclusión dental

◙ Problemas de succión de leche materna

◙ Estrabismo

◙ Sinusitis

◙ Dolor de cabeza

◙ Problemas de vías respiratorias

◙ Estreñimiento / Diarrea

◙ Problemas de comportamiento y aprendizaje

◙ Trastornos del sueño

◙ Hiperactividad

◙ Escoliosis, etc.

◙ … Y todo lo expuesto en el artículo

Es habitual encontrar a padres inquietos ante la idea de llevar a un terapeuta a su hijo recién nacido. Esto ocurre hasta que se conoce la manera tan sutil de actuar en una sesión de este tipo, en la que las manos del profesional “escuchan” las distintas partes del cuerpo del niño, haciendo las correcciones oportunas con idéntica suavidad. Se suele pedir la colaboración de los padres, apoyando con su presencia.

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YO AMO A ALGUIEN CON...¿TDAH? by Jordi Badia