lunes, 22 de febrero de 2010

LA VIDA DE UN HIPERACTIVO

Por Isabel Navarro



La vida de un niño hiperactivo está llena de frustraciones. Siente que hace todo mal: o llega tarde a clase, o ha hecho tres ejercicios que no eran los que debía, o no puede controlar la emoción que trae del partido de fútbol y empuja en la fila, o cree que va a tener un ocho pero saca un tres, o molesta, o se entromete, o se equivoca, o se anticipa, o pisa todos los charcos sin control, sin querer y sin medir las consecuencias, «Mi hijo se ha pasado su vida en los pasillos. Los compañeros se metían con él, también los otros padres, y los profesores lo castigaban sin recreo y sin excursiones —explica Adela Tortosa, madre de un chico hiperactivo de 17 años—. Hemos pasado por u colegios, cuatro de ellos fuera de España, y lo único que buscábamos era que alguien advirtiera que mi hijo no era un cafre ni un maleducado ni un hijo de puta. Buscábamos sólo un poco de comprensión para un niño con dificultades.»

Se calcula que entre el tres y el seis por ciento de la población escolar sufre un trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), un estigma que, en ocasiones, se aplica como sinónimo de fracaso y un futuro de drogadicción, accidentes de tráfico y embarazos prematuros.

Sin embargo, este supuesto destino fatal entra en contradicción con casos como los de Michael Phelps, Fernando Verdasco o Luis Rojas Marcos, en su infancia hiperactivos y hoy hombres de éxito, que han abierto un debate sobre si el TDAH significa una vida de limitaciones o puede tener su lado positivo.


«La sintomatología del TDAH mejora con la edad —afirma Isabel Orjales, especialista en el trastorno y profesora de Psicología de la UNED—. Un niño con trastorno de déficit de atención que llega mínimamente sano y preparado a la edad adulta tiene muchas posibilidades de adaptarse y compensar los síntomas del trastorno eligiendo una profesión para la que el ser caótico, impulsivo y compulsivo sea una ventaja. Un TDAH puede no tener precio como creativo publicitario: genera más ideas que nadie y tiene una visión diferente de las cosas. Ahora bien, si la campaña depende de él, quizá no se cumplan los plazos ni los presupuestos, así que debe apoyarse en colaboradores.»

En Estados Unidos, un estudio reciente ha encontrado que al 3 por ciento de los pequeños empresarios se les diagnosticó TDHA en su infancia. Sus rasgos hiperactivos los han ayudado a ser mejores comunicadores, a tener más capacidad para resolver problemas y a soportar sin dolor de cabeza los viajes transoceánicos. Y es que, según Orjales, las dificultades para someterse a las normas y a los horarios, combinado con su energía y su capacidad de iniciativa, puede llevar a que muchos afectados decidan crear su propia empresa.

Otros, sin embargo, sienten que sólo pueden funcionar en empresas con una estructura rígida de funcionamiento que los ayude a organizarse. En busca de versiones alentadoras de lo que, hasta ahora, se había catalogado exclusivamente como un problema psicológico y neuronal, el divulgador científico Tom Hartman ha creado la’teoría del granjero y el cazador, según la cual el TDAH fue originalmente un modelo comportamental que dotaba al cazador de ventajas comparativas respecto de sus congéneres, tales como un temperamento incansable, enérgico, explorador, sensorialmente hipervigilante y rápidamente predispuesto a huir o a plantar cara y enfrentarse frente al peligro. Estas características, según Hartman, habrían resultado biológicamente valiosas antes de que la agricultura modelara hábitos de vida sedentarios entre los humanos, que desaprueban la inquietud y la impulsividad. Sin embargo, el doctor Fernández Jaén, jefe de la unidad de Neurología Infantil de hospital Quirón, en Madrid, considera estos argumentos una barbaridad: «Sobre todo porque para cazar hace falta ser previsor, sigiloso y trabajar en equipo, mientras un TDAH se lanzaría a por el animal a pecho descubierto. Un trastorno como éste no le da un plus a nadie, pero eso no significa que un hiperactivo sea incapaz de ser un gran matemático. No son discapacitados ni hay que tratarlos como tales: tienen una dificultad sobre la que hay que trabajar y que se debe compensar».

Muchos no llegan a mostrar su potencial porque no pasan el filtro escolar. ”A un hiperactivo le es más fácil sacar una carrera que sobrevivir a la secundaria”

Miguel tiene 18 años y es paciente del doctor Fernández Jaén desde los 13, cuando le diagnosticaron un TDA (sin hiperactividad asociada). Cada mañana toma un café con leche y su dosis diaria de Concerta, un fármaco que lo ayuda a concentrarse y que le permitirá, dic, terminar la carrera de Ingeniería Aeronáutica. «1ner TDA implica que debes esforzarte más —comenta Miguel—. ‘Ibngo mucha dificultad para prestar atención a cosas que no me gustan, pero si algo me encanta, como la física o la electrónica de la comunicación, no me cuesta concentrarme.

Si tú quieres, puedes: eso es lo que me han inculcado mis padres.» ¿Cómo es posible que un chico con dificultades de atención pueda estudiar Ingeniería Aeronáutica? «Porque el trastorno dificulta la realización de unas habilidades determinadas, pero no incapacita para otras para las que los hiperactivos están quizá muy capacitados. Por eso podemos verlos en unos momentos tan ‘concentrados’ en un tema y en otros absolutamente dispersos, incapaces de centrarse en un estímulo. »

El problema es que muchos chavales con TDAH no llegan a mostrar sus habilidades porque se quedan atascados en el filtro escolar. Sin embargo, según-Isabel Orjales, es muy posible que encuentren más fácil estudiar una carrera que haber ‘sobrevivido’ a la secundaria: «En la universidad, su asistencia irregular no está penalizada, a nadie le importa que utilice apuntes fotocopiados para el estudio y, aunque sigan teniendo problemas de atención y memoria, les resulta más fácil perseverar en el estudio de materias que han elegido. Además, la mayor parte de las veces, la nota depende de un único examen (muchos hiperactivos son capaces de aprobarlo con un trabajo intenso de última hora), no como en el colegio, donde se exige un rendimiento más homogéneo y continuado. Y para los que tienen problemas para expresarse organizadamente por escrito, los exámenes tipo test, más frecuentes en la universidad, les resultan más sencillos». Y es que, según Adela Tortosa, el apoyo de la escuela es vital para que un hiperactivo salga adelante: «Los TDAH son incapaces de elegir, se bloquean y los ayuda mucho algo tan sencillo como que en un examen de matemáticas les den cada problema en una hoja. Para ellos, todo lo que puedan hacer oralmente o tipo test, siempre mejor que por escrito)).

Para un hiperactivo es muy importante conseguir la experiencia de que hay algo en la vida que hace bien, tanto como entrenar aquellos aspectos en los que tiene dificultades. «Al igual que los niños con la autoestima baja —explica Isabel Orjales—, los TDAH no quieren hacer nada por miedo a fracasar, pero si son buenos en algo, no quieren dejar de hacerlo.)> Al igual que Phelps, son competitivos porque necesitan medallas y se entregan con pasión a aquellas tareas en las que pueden conseguir el aplauso de un profesor, de un monitor o un padre. « Son muy dependientes emocionalmente. En edades en las que un niño ya se siente satisfecho con el dibujo que ha hecho, el hiperactivo necesita levantarse y enseñárselo a su profesor: busca desesperadamente la aprobación de los demás.) Lo cierto es que muchos hiperactivos tienen una energía desbordante que puede canalizarse a través del deporte, pero eso no significa que vayan a convertirse en deportistas de élite.

«Cada TDAH es diferente y hay que escuchar muy bien cuáles son sus preferencias —sugiere la psicóloga—. Si lo llevas a una clase de natación con otros 15 chicos, quizá sienta el mismo estrés para sujetarse a sí mismo que en el colegio. A veces es preferible que vaya dos veces al mes, pero esté solo, o que estudie un idioma raro y pueda ser el mejor porque no tiene competencia.>) Y es que muchos expertos también hacen hincapié en que modelos como el de Verdasco no deben crear falsas esperanzas. «Redefinir el TDAH como un don sería un error —dice Natalie Knochenhauer, fundadora de la organización americana ADHD Aware y madre de cuatro niños hiperactivos—. No puedes tener una discapacidad que necesita adaptación en la clase y, al mismo tiempo, decir que tienes suerte. Hay miles de niños ahí fuera luchando por salir adelante con TDAH y no podemos engañarles ni contarles un cuento de hadas. Sinceramente, creo que Michael Phelps es un gran nadador con TDAH, pero no un gran nadador porque tiene TDAH.» «El reto —añade Isabel Orjales— es que lo que hoy consideramos un trastorno en un niño porque tiene unos síntomas que provocan desadaptación, en el futuro se consideren simplemente rasgos de su personalidad: un ‘ya sabes cómo es Paco...’. Hay que dar a los TDAH el mensaje claro de que tienen una diferencia, no una enfermedad, y que Michael Phelps es sólo uno de los miles de niño: con hiperactividad que se han convertido en adultos de éxito. )) •

Para un hiperactivo es muy importante saber qué hace bien en la vida. El miedo a fracasar lo inhibe, pero si es bueno en algo, no quiere dejar de hacerlo

MICHAEL PHELPS

EL INCAPAZ MÁS CAPAZ En su niñez, el nadador más veloz de la historia suspendió todas las asignaturas, sufrió acoso escolar y, a los nueve años, le diagnosticaron TDAH y empezó a tomar Ritalin. Pero un año después ya era uno de los mejores nadadores de su edad: incapaz de estar sentado en clase, pasaba tres horas quieto esperando para competir con 15 años fue a sus primeras Olimpiadas, en Sídney (en la foto). El resto —16 medallas olímpicas— es historia conocida. Lo que más admira su madre en él es su capacidad de concentración: «Su mente es como un reloj —dice—. Si en los 200 mariposa necesita hacer los primeros 50 metros en 24.6 segundos para batir el récord, lo consigue».

TED TURNER

“EL COLEGIO ER UNA CARCEL PARA MI” «Yo era un chico muy enérgico. Me pasaba el día en el arroyo, junto a la calle: levantaba las piedras para coger escarabajos y cangrejos, que luego me llevaba a casa’>, recuerda el fundador de la CNN. A los cuatro años de edad, sus padres lo dejaron en un colegio interno. «Era como una prisión para mí.» En adelante, su hiperactividad se concentró en los medios de comunicación. «Muchas veces dormí en mi oficina hasta que me construí un piso en lo más alto del edificio de la CNN. Mi deseo de usar bien el tiempo se extendió hasta a mis pies: casi no he usado zapatos acordonados, así no pierdo tiempo atándomelos.»

ANTHONY HOPKINS

“ERA POCO SOCIAL Y MAL ESTUDIANTE”

Solitario y con dislexia cuando era niño, el célebre actor galés dijo en 1996, al presentar Sobreviviendo a Picasso: «Tengo en común con él el ser hiperactivo. No puedo estar quieto mucho tiempo. Y tampoco Picasso lo aguantaba. Ya en la escuela yo era pésímo: no era nada social y sí muy mal estudiante>’. Hopkins cambió los estudios de tres colegios diferentes por la Academia Real de Arte Dramático en Londres: «Así me convertí en actor’. Pese a su éxito en Londres y Nueva York, el actor asegura no haberse adaptado nunca al teatro: «No tengo paciencia para eso. A las dos noches me aburro de hacer lo mismo». En su juventud fue alcohólico incluso, aunque no ha vuelto a beber desde 1975.

LUIS ROJAS MARCOS

“ME DÍJERON QUE NO LLEGARIA A NADA”

«Fui un niño hiperactivo y eso ha hecho que hoy, con 63 años, tenga más energía, pero llegué a prender fuego a un matorral y acabé con 9 años en la Guardia Civil. No sabía por qué lo había hecho. Siempre me metía en líos, sufría muchísimo, y el director del colegio me aconsejó que me dedicara a un oficio porque no servía para estudiar. Gracias a un medicamento que descubrí por casualidad [anfetaminas, antes legales, y cuyo principio activo está hoy en los fármacos contra el TDAKJ, pude estudiar Medicina y vivir mejor.» Y llegar a ser, entre otras cosas, catedrático en Psiquiatría y miembro de la Academia de Medicina de Nueva York. Casi nada.

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YO AMO A ALGUIEN CON...¿TDAH? by Jordi Badia