domingo, 24 de agosto de 2014

La invención del TDAH y el Trastorno Bipolar Infantil ("Volviendo a la normalidad", de García de Vinuesa, González Pardo y Pérez Álvarez)

Copio y pego del blog de Amaia Vispe y Jose Valdecasas postPsiquiatría la entrada que han escrito en referencia al mismo libro que comenté en la entrada anterior.
Hoy queremos recomendar la lectura de un libro que nos ha impresionado profundamente y enfadado en no menor medida. Se trata de Volviendo a la normalidad. La invención del TDAH y del trastorno bipolar infantil. Nuestro enfado será compartido por ustedes si lo leen, al ver cómo se va desgranando de forma demoledora y con una amplísima bibliografía de qué manera se ha construido históricamente el diagnóstico de TDAH, sin la menor base biológica documentada, ni en el pasado ni en el presente, con un aumento de prevalencia en estrecha relación temporal con la aparición de los fármacos estimulantes usados para tratar este supuesto trastorno. Se detiene en los sangrantes conflictos de interés con las farmacéuticas, productoras de los derivados anfetamínicos con que suele medicarse a los niños diagnosticados, que tienen los grandes (o pequeños) expertos que promocionan constantemente el trastorno, con la inestimable ayuda de medios de comunicación de masas (como ya señalamos aquí).  Son especialmente duros los capítulos sobre los efectos adversos de los fármacos usados en estos niños y sin duda terrible la ausencia de estudios a largo plazo de los efectos de fármacos que se van a prescribir de forma indefinida. El apartado sobre el trastorno bipolar infantil y su creciente expansión, nos lleva ya a la indignación de que tal campaña de psiquiatrización y estigmatización, por no mencionar el tratamiento con fármacos que están lejos de ser inocuos se pueda llevar a cabo con la connivencia de tantos profesionales sanitarios o educativos que prefieren no plantearse la situación o no se preocupan por dejar de ser ignorantes frente a la misma. Y todo ello, tanto en el TDAH como en el trastorno bipolar infantil, en niños, los cuales, no lo olvidemos, no pueden ni siquiera rebelarse o plantear objeciones sobre este proceso de diagnóstico (de cuadros que, además, quedan ya conceptualizados como crónicos, es decir, causantes de una discapacidad de por vida).
Los autores del libro son Fernando García de Vinuesa, licenciado en Psicología, Héctor González Pardo, doctor en Biología y profesor de Psicofarmacología, y Marino Pérez Álvarez, especialista en Psicología Clínica y catedrático de Psicopatología y Técnicas de Intervención. Los dos últimos son a su vez los autores de otro libro imprescindible que hemos mencionado en varias ocasiones: La invención de trastornos mentales.
Diremos, ya a título personal, que el libro nos ha impactado en el sentido de que nos ha hecho modificar nuestra posición previa sobre el tema. Como ya dejamos dicho en entradas previas donde nos acercamos a la problemática del sobrediagnóstico del TDAH (como aquí o aquí), creíamos antes que este cuadro clínico se diagnosticaba de forma exagerada a un montón de niños sanos pero traviesos, impertinentes o distraídos, en vez de reservarse para el mucho más pequeño grupo de niños realmente afectos de TDAH. Sin embargo, tras la lectura detenida de la obra y en vista de toda la bibliografía recogida en la misma, tenemos que reconocer nuestro error y declararnos convencidos por los argumentos defendidos en el libro: no creemos que exista un constructo tal como el TDAH (ni como el trastorno bipolar infantil). Los niños así diagnsticados son, en su inmensa mayoría, niños sanos pero con conductas que su entorno familiar o escolar no sabe tolerar o corregir de forma adecuada, y ante las que profesionales sanitarios o educativos influidos por gigantescas campañas de marketing (tanto de laboratorios en busca de beneficio económico como de profesionales en busca de prestigio) certifican la etiqueta diagnóstica y prescriben el fármaco a continuación. Que haya una muy pequeña minoría de casos en los que aparezcan alteraciones de conducta que se deban a problemas de tipo neurológico de diferentes clases, por lesiones traumáticas, perinatales o de otro tipo, o bien a trastornos psiquiátricos como psicosis de inicio temprano, no significa tampoco que sean TDAH, sino que en cada caso habría que buscar el trastorno real subyacente.

Sí queremos dejar clara una cosa: aunque no creemos en la existencia de enfermedades tales como el TDAH o el trastorno bipolar infantil somos plenamente conscientes de la existencia de niños y padres que sufren por alteraciones de conducta, causadas por y causantes de, diversos malestares a niveles individuales, familiares, escolares o sociales en sentido amplio. Sabemos que los niños lo pasan mal, que sus padres sufren por ellos y que sus maestros y compañeros ven difícil la tarea de ayudarles. Pero situar el problema en un marco mítico de neurotransmisores averiados y la solución en psicofármacos inductores de estados mentales anómalos y potencialmente peligrosos además de adictivos, sólo añade más dolor al problema original. Problema que deberá entenderse y atenderse en su contexto, sobre todo familiar y social, y que sólo allí podrá ser aliviado sin convertir al niño en un discapacitado crónico medicado para un trastorno que no existe.
En fin, que de verdad que recomendamos vivamente la lectura de este libro. Como sabemos que el tema es polémico, nos imaginamos que habrá opiniones encontradas, y enconadas, sobre el mismo. Pero es importante, antes de empezar con las opiniones, repasar bien los hechos. Y este libro está lleno de ellos.
Recogemos a continuación el epílogo de la obra que resume, mucho mejor de lo que hemos podido hacer nosotros, el contenido de la misma.
Este libro ha abordado el estatus científico y clínico del trastorno por déficit de atención con hiperactividad (conocido por las siglas TDAH), así como del trastorno bipolar infantil redenominado en el DSM-5 como "trastorno de desregulación disruptiva del humor". Se trata, sin duda, de dos diagnósticos controvertidos que, de hecho, dividen a la comunidad científica, clínica y educativa, en cuanto a su entidad: si realmente definen categorías clínicas como trastornos neurobiologicos o son problemas normales de los niños. Problemas que, aún pudiendo ser importantes en algunos casos, no por ello serían propiamente trastornos o enfermedades. Esta controversia y división alcanza también a los padres, en el centro del escenario, sometidos a menudo a informaciones contradictorias, cuando no son objeto de campañas de marketing farmacéutico.
Las instancias políticas, empezando por el Parlamento Europeo y el Congreso de los Diputados de España, toman también cartas en el asunto, particularmente en relación con el TDAH, con sus iniciativas en favor de la concienciación sobre esta "patología psiquiátrica" y "enfermedad" tan desconocida y oculta, según no se privan de decir. La inclusión del TDAH en la Ley Orgánica de Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE) viene a ser su reconocimiento oficial. Supuesto que son bienintencionadas y desinteresadas, estas iniciativas de alta instancia política no dejan de precipitar determinadas preconcepciones e intereses, cuando todo está todavía en debate, a falta de mayor evidencia y clarividencia.
Estos diagnósticos no sólo se aplican a niños con problemas, realmente. Debido a estas etiquetas y sus formas descriptivas sobre lo que es y no es normal, muchos aspectos normales - pero que demandan más atención por parte de los adultos - están siendo recalificados como anormalidades, como si todo lo que no sea fácil de llevar fuera un problema a tratar. Tenemos, en consecuencia, niños con problemas reales que reciben a cambio diagnósticos falaces y tratamientos sin eficacia y a menudo perjudiciales. La eficacia de la medicación está, si acaso, en la reducción de "molestias" para los adultos, pero no, por ejemplo, en la mejora del rendimiento escolar. Por otro lado, están esos niños tan sólo incómodos de llevar que son enderezados a golpes de diagnóstico y farmacia.
Pero ni siquiera la medicación estaría justificada por la posible ayuda en reducir "molestias". Los padres, con entrenamiento en pautas conductuales, si fuera necesario, pueden dar lugar a mayores y mejores cambios que la medicación y sin los conocidos inconvenientes de esta. La revisión de los estudios de más calidad científica muestran que las intervenciones de los padres en pautas conductuales son más eficaces que la medicación para la mejora de los niños preescolares definidos como riesgo para TDAH (Charach et al., 2013). Todo ello, además, dejando el verdadero problema fuera de plano, referido a la atención que demandan los niños y las formas de vida actuales. El contexto natural sobre el que hay que situar y entender estos problemas con los niños es el de los "problemas reales" de la infancia y la vida familiar (Southall, 2007). Los problemas reales a los que se refiere esta autora son: la escasez de vida familiar (¿cuántas horas pasan los padres con los niños?), padres que están ausentes de sus niños (no tanto física sino emocionalmente), padres que no atienden a sus hijos cuando están con ellos, padres que tienen expectativas poco realistas de sus hijos, padres que siguen el mensaje de que da igual lo que hagan o padres que ya no confían en sus propios juicios y, por así decir, en el sentido común y buscan "expertos" para que les digan qué hacer (Southall, 2007, p.73).
La conclusión de nuestra revisión de la evidencia científica es que el TDAH y el trastorno bipolar infantil carecen de entidad clínica: no suponen diagnósticos con validez, su etiología no se ha identificado por más que se ha buscado y los marcadores biológicos específicos - genéticos y neurobiológicos - brillan por su ausencia. Todo ello sea dicho sin menoscabo de que estas denominaciones, ya usuales, pueden tener que ver, a veces, con importantes problemas educativos, familiares y escolares. Otra cosa es que estos problemas se consideren patologías como sí fueran enfermedades "tratables" como otras cualesquiera, que es lo que hemos revisado aquí y mostrado que no es el caso.
La conclusión coherente con la revisión realizada no permite circunscribir la validez de los diagnósticos a unos pocos casos realmente existentes, supuesto que el problema con estos presuntos trastornos fuera sólo de sobrediagnóstico. El problema no es cosa de sobrediagnóstico, sino cosa de entidad, en concreto, de carencia de entidad clínica. La solución no está, por tanto, en reclamar mayor rigor y precisión (criterios más claros, instrumentos más fiables, pruebas con mayor validez), que siempre está bien reclamar, sino en plantear la cuestión de base. Algunos críticos con el TDAH y el trastorno bipolar infantil terminan por reintroducir las concepciones que critican y así contribuir a la confusión, a cuenta de decir que no todos los casos son auténticos trastornos, sino algunos pocos, sin que, de todos modos, haya evidencia para ello. Sería como criticar la noción de milagro, aduciendo que no todos los milagros son auténticos, sino unos pocos. Los problemas que puede haber con la atención, la actividad y el humor de los niños se han de situar en otro contexto, fuera de la consideración de trastorno biomédico, que ya hemos visto qué da de sí.
Nuestro planteamiento tampoco consiste en "sacar" los problemas en cuestión del ámbito biomédico (psiquiátrico o pediátrico) y ponerlos en el psicológico como entidades, ahora, que fueran propias de la psicología clínica o educativa. Nuestra conclusión y planteamiento es que no son entidades "clínicas" definidas, ni psiquiátricas ni psicológicas, sin por ello dejar de referirse como se decía, a problemas que pueden tener los padres y profesores con los niños en el proceso educativo familiar y escolar. Pero los problemas no estarían en los niños, dentro de sus cerebros o mentes, ni encapsulados en sus genes. Si en algún sitio están esos problemas es dentro del mundo en el que viven los niños - no dentro de su cabeza -, en relación con los adultos y sus propios problemas, circunstancias y formas de vida.
De acuerdo con nuestras conclusiones, los problemas en cuestión se habrían de resituar en el contexto de la cultura, formas de vida, prácticas sociales, políticas educativas y sistemas de enseñanza que configuran el mundo de los niños. En la Introducción de este libro se han señalado, irónicamente, "métodos" para echar a perder a los niños (que si a la escuela van a divertirse, alabanzas a granel, etc.) consistentes en concepciones y prácticas establecidas, que tienen que ver con los problemas conductuales y emocionales de los que hablamos. Los "problemas reales" a los que nos hemos referido, citando a la psicóloga clínica británica Angela Southall, no son sino un aspecto cotidiano de este contexto y formas de vida. La vuelta a la normalidad es lo que se necesita, empezando por la cordura, el sentido común y la responsabilidad de unos y otros.
Reutilizando la retórica de la propaganda farmacéutica (referida a que tal supuesta enfermedad es mucho más frecuente de lo que se pensaba, etc.), podríamos decir también que la educación de los niños es "más difícil de lo que se pensaba". Se entiende la complacencia de los padres con el diagnóstico, por la "tranquilidad" que pudiera dar la posible explicación y solución que supone. Sin embargo, a la vista de lo que hay, la pregunta sería: ¿prefieren los padres a un niño "enfermo" o un niño que se comporta como un niño, cuya educación es quizás una tarea más difícil de lo que pensaban? ¿Se prefiere medicar a los niños cuando estos medicamentos han mostrado estar mucho más próximos a la idea de dopaje que a la de medicina?
La campaña de concienciación para el diagnóstico y tratamiento "adecuados" promovida por instancias políticas no se puede decir que sea científica y progresista, pues, ni es científicamente correcta ni a la postre lo es políticamente. No hay evidencia que obligue a pensar esos problemas con los niños en términos clínicos y patológicos. Esos problemas de la atención, la actividad y el humor resultan inteligibles sobre el telón de fondo de las concepciones y prácticas educativas - familiares y escolares -, algunas de las cuales se han señalado en la Introducción, así como en capítulos específicos.
Este planteamiento, aquí avalado y razonado tras una revisión de la evidencia existente, no ha de verse como algo insólito. Ni siquiera es novedoso. Antes bien, se sitúa de un lado de la controversia que divide a la "comunidad" científica, clínica y educativa, así como a los padres. Sin embargo, esta controversia no parece importar a los políticos, que tiran para adelante, como si lo justo y necesario fuera dar la carta de naturaleza a esta problemática - en particular el TDAH -, sin reparar en que haciéndolo así están en realidad decantándose por uno de los lados de la controversia, precisamente la posición que, al final, no resulta sostenible, dado que su supuesta evidencia está ahora en evidencia. La ironía es que la instauración de un Día internacional de TDAH y su inclusión en la LOCME puede estar haciendo el "trabajo sucio", referido a la carta de naturaleza (institucionalización, sensibilización a la población), que interesa y del que, sin duda, se va a aprovechar la industria farmacéutica. Suponemos que la industria farmacéutica se estará frotando las manos con la declaración del día internacional del TDAH y demás medidas para "mejorar" su diagnóstico y tratamiento. Probablemente una ocupación más necesaria, justa y saludable de los diputados y demás políticos sería preocuparse por la patologización de la infancia.
Las alternativas están claras: o bien se sitúan los problemas con los niños en el contexto de las formas de vida actuales (problemas, si acaso, que no trastornos o enfermedades) o bien se medicaliza la infancia a cuenta de una concienciación sobre supuestas "patologías psiquiátricas", una solución esta que puede ser ella misma iatrogénica si es que no "perversa" cuando se toma a los niños como diana de la industria farmacéutica. Situados en el contexto de las formas de vida, sobre el telón de fondo de las concepciones y prácticas que se ciernen sobre los niños, los problemas en cuestión no dejan de existir, en la medida en que existan, pero el problema es otro: que la educación de los niños es más complicada de lo que se pensaba. Padres y profesores pueden estar desbordados y los propios niños "atentos" a lo que les apetece, "inquietos", "divertidos" y "aburridos". Y padres y profesores puede que necesiten ayuda, pero esta no tendría por qué ser a costa de un diagnóstico ni de un tratamiento centrado en el niño, ni dirigido a su cerebro ni a su mente. Estamos hablando de una posible ayuda que empezaría por analizar las conductas de los niños y de los adultos en el contexto en que se dan, de acuerdo con la historia, "costumbres" y cultura dentro de la que las conductas de unos y otros se aprendieron y funcionan actualmente.
Es hora de salir de esa retórica al servicio de la patologización, según la cual nadie es responsable de nada, sino el cerebro del niño y los genes que le han tocado, una especie de pecado original o de predestinación. Para esta retórica, el cerebro y los genes son los culpables perfectos, por impersonales. Aparte de que no hay evidencia genética ni neurobiológica, sino creencia, el problema con esta ofuscacion genético-y-cerebro-céntrica es doble. Por un lado, desvía la atención de donde están las condiciones del problema: el mundo en el que viven los niños, y por otro, va en detrimento de las posibles soluciones en su contexto natural que no es otro que el modo de vida actual, donde entran los problemas que pueden tener los adultos con la atención, la actividad y el humor de los niños.
Con todo, el propósito de este libro no era más que tratar de contribuir a la vuelta a la normalidad, con sus problemas, dificultades, responsabilidades y ayudas que sean necesarias y saludables. Nos parecería un logro del libro si sirviera a investigadores, profesionales (clínicos y educadores), padres y políticos para pararse a pensar acerca de la escalada de patologización de la infancia y ver si no sería mejor volver a la normalidad.

Hasta aquí, el epílogo de la obra comentada. Si son profesionales sanitarios o educativos, o padres o simplemente personas interesadas en que no les engañen (y en no querer perpetuar el engaño), no deberían dejar pasar la oportunidad de leer el libro completo.

jueves, 3 de julio de 2014

LA INVENCIÓN DEL TDAH Y DEL TRASTORNO BIPOLAR INFANTIL

 El título de esta entrada lo podéis ver también en la portada del libro del que os voy a hablar hoy.  Choca leer "invención" pero cuando acabas de leerlo ya no choca tanto. Duele e indigna que las cosas sean así, pero es que casi no queda lugar a dudas de que estamos siendo constantemente manipulados y utilizados, si es que a día de hoy queda alguien tan inocente como para creer que no es así. Y cuando el rebaño de adultos no fue suficiente se concentraron en los menores, menores quiere decir nuestros hijos.
Conocí de la existencia de este libro a través de un correo que me envió directamente uno de los autores, el Sr. Gonzalez Pardo. Por supuesto antes de recomendaros o no el libro me lo he querido leer y ahora que ya lo he acabado vamos a examinar un poco de lo que nos hablan sus tres autores. Para empezar os los presentaré:

Fernando García de Vinuesa es licenciado en Psicología por la Universidad Autónoma de Madrid y ejerce como psicólogo escolar.
Hector Gonzalez Pardo es doctor en Biología y profesor de psicofarmacología en la Universidad de Oviedo.
Marino Pérez Álvarez es especialista en Psicología Clínica y catedrático en Psicopatología y Técnicas de intervención en la universidad de Oviedo.

Como veis los autores de este , lo avanzo ya, imprescindible trabajo no son precisamente un padre concienciado desde su portátil doméstico ( algo igualmente respetable pero más expuesto a la crítica fácil, decídmelo a mí). No. Son investigadores, hombres de ciencia cuyo mensaje más importante es que en ciencia no está todo dicho, nada es tan blanco o tan negro, y así debería ser por definición. Critican duramente la subjetividad del diagnóstico (pag.283) ya que el mismo Barkley reconoce que ni las pruebas de laboratorio ni los test neuropsicológicos estaban validados para llevar a cabo el diagnóstico, y por tanto los preofesionales deberían emplear el DSM.


Vayamos con el libro. La introducción ya llama la atención: Cómo echar a perder a los niños:varios métodos. Aquí cambian el punto de mira siempre puesto en el niño a las formas de vida actuales, el contexto en el que se desarrolla el niño. Esto es algo repetido hasta la saciedad desde este blog. Hablan de 4 métodos: Los niños van a la escuela a divertirse, tienen que ser alabados, se ha  de desarrollar su autoestima y hay que enseñarles a ser felices. No entraré en muchos detalles para evitar que me denuncien por copiarles el libro, si embargo el tema de la autoestima quiero mencionarlo. Nos hablan de un estudio muy interesante en el que se demostró que el fortalecimiento de la autoestima hizo que las notas escolares fueran peores. Sí, parece que uno se siente mejor consigo mismo incluso obteniendo resultados peores de lo que se deduce que no está ayudando mucho en el problema así que parece mejor fomentar el autocontrol que la autoestima. 

Yo siempre subrallo los libros que leo, este lo he  subrallado tanto que dan ganas de comprarse otro para tenerlo bien cuidado. Durante el cuerpo del libro se van exponiendo, a través de las publicaciones de los más afamados "especialistas" toda una serie de contradicciones, paradojas, imprecisiones y opiniones sin fundamento que desarman todo el constructo del TDAH. Los argumentos y referencias que utilizan son claros, cualquier padre que haya pasado por el tortuoso camino del diagnóstico de TDAH en su hijo se sentirá identificado con las situaciones que se relatan, puede que también se sienta algo indignado al descubrir que han estado jugando con nuestros hijos. Hay poca preocupación por ayudar a resolver a los padres los problemas que tienen con sus hijos (o al revés) y mucha motivación por encontrar la razón a estos problemas en desórdenes neuroquímicos (del niño claro) y su tratamiento farmacológico. NADIE HA PODIDO DEMOSTRAR NUNCA ESTA TEORÍA.

Nos vamos a las conclusiones porque dejar caer aquí ideas deshilvanadas le hace perder la libro la consistencia que tiene. Nos dicen que la dificultad de decir que és el TDAH estriba en que cada profesional que lo diagnostique se basará en su opinión personal sobre el por qué de ciertos comportamientos. Según Barkley se debería utilizar el DSM, pero ya sabemos que este manual carece de utilidad para establecer diagnósticos que tengan validez discriminante, predictiva y de constructo. Nos explican que en lugar de preguntarnos ¿por qué se mueve tanto el niño? una pregunta más conveniente sería ¿tiene ese niño motivos para moverse, para no atender?

La divulgación, infectada de conflictos de intereses millonarios que se describen en el libro, ha hecho que cualquier niño difícil sea un niño desviado por un fallo de su cerebro sin que importe nada más (ni situación familiar, escolar, preocupaciones,...)

Y por fin la pregunta dolorosa, la que todos nos hacemos y la que no puedes sugerir pues entonces tu interlocutor se sentirá agredido y responderá con violéncia cuando lo que debería hacer es reflexionar sobre ello y no sentirse culpable pues no es un tema de culpas: ¿prefieren los padres un niño "enfermo", diagnosticado y medicado, a  asumir la difícil tarea sin duda, de educar a su hijo y aprender a hacerlo si es necesario?

Si alguien tiene la culpa son aquellos profesionales que, en lugar de ayudar a esos padres o profesores desbordados por la situación, les convencen que todo se debe a un fallo en el cerebro dándoles así una válvula de escape al ver una solución en la supuesta enfermedad del niño.  Es comprensible que los padres nos agarremos a ello, os recuerdo que yo fuí uno de ellos, con la cantidad de literatura publicada en base a conflictos de intereses que han llevado hasta a sentencias judiciales. El TDAH es toda una industria pero al final se escuchará la verdad, ya se puede oir pues hay grandes investigadores gritándola pero al no estar patrocinados no pueden publicar en grandes medios. Afortunadamente los tres autores de este libro lo han conseguido y espero que vendan muchas copias y llegue a muchos padres que en su fuero interno saben que algo no marcha bien en el asunto del TDAH pero necesitan oirlo de alguien digno de confianza.

El libro toca otro tema que yo desconocía totalmente: el trastorno bipolar infantil. Me da que este caso aún es más escandoloso que el del TDAH. Parece ser que en estos dias ya el diagnóstico de TBI ya está en auge en EEUU, igual que le TDAH estalló primero en aquél país y luego desembarcó en nuestras costas. Ojalá me equivoque pero con los datos del libro no queda más remedio que entrar en pánico al pensar que pronto oiremos hablar de este nuevamente falaz diagnóstico de trastorno bipolar infantil. Prestaré atención desde hoy a este asunto.

Está claro después de lo dicho que doy mi recomendación a la lectura de este libro, a personas de todas las opiniones pues habiendo leído todo lo que es fácil de encontrar, ya sea por internet o en otras publicaciones, y leyendo también "Volviendo a la normalidad" se tendrán argumentos de sobra para que cada uno saque sus conclusiones. Sin la lectura de este libro la información de la que se dispone está sesgada y, por lo tanto, es insuficiente. Espero que lo disfruteis y le saqueis buen provecho y mil gracias a los tres autores por su valentía y su buen hacer.

Por cierto, mis conflictos de intereses siguen siendo cero, sigo sin creerme una palabra de lo que dicen los lídere de opinión y mi hijo ni tiene ni ha tenido nunca TDAH, a pesar de que un neurólogo (líder de opinión por cierto) y dos psicólogas dijeran que era de libro.

Jordi Badia

En cursiva citas del mencionado libro.





martes, 1 de julio de 2014

Atentos al déficit de atención (TDAH) Entre la naturaleza incierta y la prescripción hiperactiva

Fuente: http://www.migueljara.com/2014/03/19/nuevos-datos-para-entender-que-la-hiperactividad-es-una-enfermedad-disenada-en-torno-a-un-medicamento/

El boletin de información farmacoterapéutica de Navarra ha publicado en su número de final del 2013 un interesante trabajo de título homónimo al de esta entrada. Copio el resumen del trabajo y lo podeis leer completo aqui .


El TDAH se nos revela como un fenómeno de prevalencia variable y creciente, con etiología desconocida, sin marcadores biológicos consistentes e hipótesis a favor del origen orgánico muy discutibles. Sus criterios diagnósticos han fluctuado enormemente a lo largo del tiempo, basados en escalas de síntomas insuficientemente correlacionadas con la disfunción social, familiar o académica.
Los tratamientos no farmacológicos precisan de una mayor investigación, destacando la terapia conductual en su potencial utilidad.
Con respecto a los medicamentos se aprecia cierta eficacia en síntomas a corto plazo sin continuidad clara en las variables relevantes, por lo que deberían considerarse un recurso de uso excepcional. Destacan los efectos adversos cardiovasculares, psiquiátricos y endocrinos (algunos raros y muy graves, otros frecuentes con repercusiones ignoradas).
Su relación con el abuso de sustancias permanece debatida y preocupa la actual tendencia a iniciar tratamientos en población adulta, máxime cuando la pluralidad de intereses alrededor de este diagnóstico complica la formación de un juicio prudente”.

DE VACACIONES CON NUESTROS HIJOS

 










lunes, 3 de marzo de 2014

¿TE ATREVES A SOÑAR? ABANDONANDO LA ZONA DE CONFORT

¡Cuantas veces hemos sentido la necesidad de arriesgar para llevar a cabo nuestro sueño, aquello que realmente nos motiva y que deseamos hacer todos los dias de nuestra vida.! ¿Y por qué no lo hacemos? Porque salir de nuestra zona de confort nos aterroriza, no es de ser responsable. ¿Qué persona responsable deja un trabajo que te proporciona buenos ingresos para realizar un sueño? A pesar de que sea un trabajo que no te reporta satisfacción alguna más allá de la nómina a final de mes. Yo nunca tuve el valor de hacerlo,pero tengo fecha de caducidad. Por desgracia, o quizá por fortuna, hay empresas que  deciden por nosotros que salgamos de nuestra zona de confort, nos lanzan a la zona de pánico. Temblamos, nos acongojamos y se nos viene el mundo encima. Algunos, los que soñaban, lo verán como una oportunidad  y puede que hasta acaben agradeciendo al señor que le empujó al abismo de la inseguridad la oportunidad de poder llevar a cabo su sueño, a pesar de los tiempos que corren. Puede que pronto yo deba dar las gracias a pesar de estar realmente acojonado pero es que soy un soñador, que se le va a hacer.

Jordi Badia



Temas personales me estan impidiendo atender blog, comentarios y correos como me gustaría, espero contar con su comprensión. Tambien aprovecho para aclarar que algunos comentarios no los contesto porque no tengo nada que aportar sino que pongo a su disposición este espacio para que otras personas que si puedan ayudarles lo hagan. Los correos sí los contesto todos aunque siempre voy atrasado.

lunes, 23 de diciembre de 2013

FELICES FIESTAS Y FELIZ AÑO 2014


Como cada año me gusta dedicar unas lineas para expresar mis mejores deseos para el próximo año a todos los amigos que estáis al otro lado, que nos seguís en la sombra o que participáis de una forma u otra.
Para nosotros, teniendo en cuenta como está todo en este país dirigido por energúmenos, no ha sido un mal año. Tenemos a nuestro peque en sexto dándolo todo, y con gran esfuerzo obteniendo sus resultados. Este año nada de médicos, eso se acabó. Algunas cosas (las mates y la escritura) le están costando más pero estamos muy orgullosos de que se haya aficionado a la lectura y , ultimamente, a rodar pequeños "documentales" al más puro estilo Frank de la jungla (sic). Me dice que los cuelgue en Internet, pero esperaremos a que depure un poco más su estilo...En definitiva que los tres somos muy felices y esperamos serlo más el año que viene, para el que, por cierto, tenemos grandes planes. Veremos si es posible llevarlos adelante. 
Este año no he sido tan prolífico con las entradas, es normal pues tampoco quiero repetirme así que ya solo publico lo que me llama mucho la atención o cuando yo mismo tengo ganas de explicar algo. Sin embargo ha sido un año en el que hemos recibido muchísimos correos, tantos que no he sido capaz de atenderlos rápidamente aunque pidiéndole tiempo a Morfeo he conseguido ponerme "casi" al día y contestar la gran mayoría. Supongo que lo comprenderán aquellos a los que he tardado algo más y , por otro lado, espero que haya servido de algo.
Nuestro abrazo más fuerte a todos los que compartís con nosotros esta maravillosa aventura de acompañar a nuestro hijo por la vida y otro más fuerte aún para aquellos pequeños que, por una cosa u otra, necesitan hacer un esfuerzo extra para pasar por el aro de una educación obsoleta y cuadriculada que no hace más que homogeneizar y destruir la creatividad de los más pequeños.

¡FELIZ AÑO A NUEVO!
FELIÇ ANY NOU!
HAPPY NEW YEAR!


domingo, 15 de diciembre de 2013

El fracaso de los padres se llama Trastorno por Déficit de Atención

Aquí tenemos otra perspectiva...

 Fuente: http://ferriz.com.mx/te-recomendamos/el-fracaso-de-los-padres-se-llama-trastorno-por-deficit-de-atencion/

Freud, especialista en niños, sugirió a los padres de niños medicados por TDAH acercarse a terapeutas que entiendan que los fármacos son peligrosos. // Foto: Especial

Debido a su alta propagación parecería que el Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) es un virus, lamenta Joseph Knobel Freud, psicoanalista infantil y fundador y docente de la Escuela de Clínica Psicoanalítica con Niños y Adolescentes de Barcelona, España.

“En 1950 uno de cada 10 mil niños lo padecía, ahora lo tiene el 13 por ciento de la población. En 2011, tan sólo en Estados Unidos, el 10 por ciento de la población infantil padecía esta enfermedad, pero en 2012 se duplicó. En España hay primarias donde la mitad de su alumnado está consumiendo Ritalín, fármaco recetado por psiquiatras y neurólogos para inhibir la hiperactividad de niños diagnosticados con TDAH. En México, aunque no hay datos precisos, los diagnósticos con niños que padecen el trastorno y por ende, el consumo de la medicina, va al alza” lamenta este especialista.

El doctor Joseph Knobel Freud impartió un Seminario para profesionales de la salud mental del Centro de Especialización en Estudios Psicológicos de la Infancia (CEEPI), cuyo nombre fue ‘Desmedicalización Infantil: TDA, Negativismo Desafiante y otras Etiquetas’. La sede, el Hospital General Dr. Manuel Gea González.
“La verdadera pandemia es la medicación de la vida cotidiana y esto aplica a niños que con toda certeza no padecen TDAH. El trastorno es el resultado del fracaso de los padres de familia y de los maestros, porque son incapaces de observar que los niños están deprimidos por diversas razones y la hiperactividad que manifiestan es el efecto del problema. Lo más fácil es medicarlos, sin embargo, en unos años veremos que habrá sociedades de adultos dependientes y con altas probabilidades de ser adictos a las drogas”, explicó Knobel Freud.
El estudioso explicó que existen ejemplos de peso que sustentan sus teorías. “El 90 por ciento de los niños que fueron diagnosticados con TDAH a nivel mundial tiene a sus padres separados o divorciados. La  hiperquinesia de los niños es sólo una manera de expresar lo mal que se sienten por una realidad que no comprenden y les lastima. Los niños no han desarrollado el lenguaje adulto y no tienen palabras para expresar lo que sienten. No están enfermos sólo es que los adultos son incapaces de analizar que ellos mismos son el origen del problema. Lo que necesitan los niños, pero mucho más sus padres, es una terapia psicológica”, dijo.
Knobel Freud fue más allá. “El TDAH no existe como enfermedad, repito, el fracaso de los padres se llama TDAH. Pueden estar deprimidos y expresar una situación que implica abuso sexual o maltrato infantil. Es indispensable averiguar el origen del problema y verán que el padecimiento es inexistente”.

El terapeuta dijo que la supuesta existencia del TDAH ha permitido algo muy peligroso: que los profesores, mediante el Test de Colman, evalúen a un niño y digan si éste padece TDAH, situación anormal, porque su función es educativa, no de diagnóstico.

Freud pide a los padres de los niños diagnosticados con TDAH y medicados por esa razón que olviden los fármacos. “He visto chicos en consulta que no se mueven, que dan ganas de zarandearlos para que reaccionen porque están bajo el influjo de los medicamentos”.

Freud recuerda el caso de un chico a quien diagnosticaron con TDAH por su excesivo descontrol; el niño acudía a la consulta de las cuatro de la tarde casi dormido a causa de los medicamentos.

Durante la terapia Freud descubrió que el chico era inquieto debido a las fuertes y constantes peleas entre sus padres. Además, aprendió a controlar sus impulsos, “que es muy diferente a que no se mueva”.

Freud acepta la existencia de niños impulsivos pero no tolera que, lejos de averiguar qué motiva esa inquietud, se quiera tapar un problema medicando al pequeño. “Los psicoanalistas y los psicoterapeutas debemos averiguar el porqué de ese comportamiento; el chico de la terapia tenía miedo por la manera en que sus padres se trataban; tras una terapia familiar la situación mejoró y el niño se fue tranquilizando” cuenta.

Este método es paulatino. “No soy partidario de la rapidez, y debo decir que el cambio no se logró en un mes, casi tardamos un año, pero ese tiempo no tomó drogas, lo único que le metí fueron palabras. Los psicoterapeutas tenemos que defender la capacidad de las personas de hablar de sus problemas, no de taparlos con drogas”.

Freud, especialista en niños, sugirió a los padres de niños medicados por trastornos como el TDAH acercarse a terapeutas que entiendan que los fármacos son peligrosos. “Además de los efectos secundarios, los medicamentos son malos en algunos casos porque siguen la lógica de ‘voy a buscar un elemento químico, externo a mi propia química, que provoque un cambio que yo no consigo’; las medicinas están bien para un dolor de cabeza”.

Joseph resalta que los medicamentos para los niños con TDAH son conocidos como ‘la pastillita de portarte bien” pues los niños están más tranquilos aunque el padre le pegue a la  madre, pero, en el fondo, la intranquilidad persiste y como el chico no sabe cómo procesarla siempre está inquieto y los padres y los terapeutas tapan el síntoma con un medicamento.

“Cuando un padre le da al hijo un medicamento para acallar los síntomas le enseña la dialéctica de que algo de fuera te puede producir un estado mental diferente, así que cuando el joven fume marihuana el padre no podrá decirle que no pues desde que era un niño le administró metilfenidato para lograr el comportamiento deseado, le enseñó que es más fácil tomar un diazepam que aprender a relajarse” explica este especialista.

Freud insta a la gente interesada a buscar los manifiestos que apoyan el movimiento por la despatologización de la vida. “Las firmas de apoyo ayudan a la lucha contra las grandes empresas que quieren negociar con la salud de nuestros hijos, porque esto es un negocio, y eso es lo que más rabia da; si el Ritalín saliera de los árboles y fuera gratis le apuesto lo que quiera que no existiría el TDAH ni su respectivo  medicamento, hay un negocio detrás”.


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YO AMO A ALGUIEN CON...¿TDAH? by Jordi Badia